Sindicalismo: su cuento es historia

| 7/11/2003 12:00:00 AM

Sindicalismo: su cuento es historia

La reestructuración del ISS y Ecopetrol y la liquidación de Telecom han demostrado la irrelevancia de los sindicatos en Colombia. Sin embargo, si asumiera su verdadera misión, el sindicalismo podría resucitar.

La historia del sindicalismo colombiano tuvo momentos de gloria, cuando logró grandes conquistas como la seguridad social, la ley de tierras de 1936 y la racionalización de la jornada laboral. Ese, sin embargo, es el pasado. Hoy, nuestro sindicalismo muestra abundantes señales de decadencia. Tan solo el 5% de los trabajadores del sector formal de la economía pertenece a algún grupo sindical. La participación de los más jóvenes es prácticamente nula. Lo que queda del sindicalismo está concentrado en el sector público, mientras que en el sector privado una larga tendencia de marchitamiento se aceleró en los años recientes hasta llevarlo al borde de la extinción. La actual reforma del Estado seguramente llevará a un proceso similar de deterioro en los sindicatos públicos.

Esta decadencia del sindicalismo no es un destino inevitable. En países como Suecia, las organizaciones sindicales tienen gran vitalidad y son actores de peso en las decisiones que afectan el bienestar de los trabajadores. La diferencia es clara. Mientras que en Colombia el sindicalismo ha cometido graves errores estratégicos y sigue aferrado a una agenda del pasado, en Suecia ha logrado evolucionar y aportar una respuesta a las exigencias que la economía moderna impone a la sociedad.



Los errores

Al igual que en otras partes del mundo, el sindicalismo en Colombia prosperó en los sectores manufacturero, minero, bancario y transportador. Así, desde el comienzo, se ubicó en sectores que emplean una porción minoritaria de la fuerza de trabajo.

Por otra parte, nunca se desarrollaron los sindicatos de industria, que son característica común en los países donde esas organizaciones realmente tienen fuerza. "En Colombia, el sindicalismo nació deformado, porque el criterio fue siempre el del sindicato de base o empresa y no el del sindicato de industria al estilo de Europa. En los 70 y 80, mientras que Colombia tenía unos 5.000 sindicatos registrados, en los países europeos había 15 o 18 agrupados por industria", afirma Mario de J. Valderrama, ex presidente de la CGTD y actual asesor del presidente Uribe en asuntos laborales. Este factor, además, está asociado con el verdadero cáncer que ha llevado a estas organizaciones a la postración en el país: la burocratización de sus dirigentes.

Los sindicatos de empresa o de base se difundieron en Colombia, en buena medida, debido al reducido tamaño de las unidades de producción y la poca educación de la clase obrera, que dificultan la posibilidad de organizarse. Además, la estructura de los mercados hasta los años 90 estuvo determinada por las políticas proteccionistas y la escasez de capital, lo que condujo a estructuras monopolísticas en varios sectores. Esto permitía que los sindicatos fueran exitosos en el nivel de empresa y que no fuera necesaria la agrupación por industria, que era característica de los sectores en los que la competencia era grande. La ley también ha favorecido siempre los sindicatos de base o empresa y en el Código Sustantivo de Trabajo se da prelación a estos sindicatos.

Pero, adicionalmente, los sindicatos de empresa dan ventajas obvias a los líderes sindicales. De acuerdo con Alvaro Delgado, investigador del CINEP, "en los sindicatos de base se facilita la formación de los feudos, los dirigentes sindicales se sienten importantes y surgen contubernios entre los directivos de la empresa y los sindicalistas. Esto es malo porque da lugar a demasiada familiaridad, el sindicato adquiere bienes, sede propia, líneas telefónicas, centros de descanso y demás. En el sindicato de industria esto no es posible, pero los sindicalistas no quieren perder los privilegios ni tampoco el fuero sindical".

De otro lado, según Eduardo Quintero, abogado laboralista, los sindicatos les fueron cediendo sus banderas a los empresarios. "Los empresarios, que en una primera fase del sindicalismo temían a los sindicatos por la forma tan brava de hacer las peticiones, aprendieron a llegarle al empleado directamente. Políticamente, además, era mucho mejor pues de esta manera quedaba claro que era la empresa la que estaba otorgando las concesiones y no el sindicato".

Esto fue cierto no solo para los temas que tenían que ver directamente con el trabajo, sino también en las actividades fuera de la empresa. Los empresarios se acercaron a las familias, pues finalmente son las mujeres las que interceden para que no haya paros, ya que estos van en contra de los ingresos familiares. "La mujer es una tremenda pacificadora. La empresa les quitó banderas a los sindicatos y estos no se han pellizcado. Era precisamente ahí donde ellos tenían acceso", continúa Quintero.

El error final de los sindicatos fue la incapacidad para reaccionar ante el avance de la tecnología y la globalización. La huelga, que es el arma última de los sindicatos para sacar adelante sus reivindicaciones, ha perdido impacto ante la capacidad que han adquirido las empresas para reemplazar la producción local con la internacional o con la de otras plantas más eficientes. Esto ocurrió no solo en Colombia, sino en el mundo entero.



En busca de un nuevo papel

En el pasado, los sindicatos cumplieron cuatro funciones: seguridad y asistencia para sus afiliados, protección a los trabajadores ante la explotación de los empleadores, extracción de rentas de las firmas y del Estado (la alta sindicalización en el sector público, por ejemplo, no surgió por una explotación exagerada, sino porque había rentas para extraer) y, por último, representación nacional de los intereses de los individuos, ya sea de forma directa en consultas con los empresarios y el gobierno o indirectamente por medio de los partidos políticos. La evolución de estos factores no ha favorecido la suerte de los sindicatos.

En cuanto a la obtención de seguridad, entendida como el acceso de los trabajadores a un subsidio de desempleo, en los países desarrollados el Estado asumió la labor que en un primer momento desempeñaron los sindicatos, en temas como la provisión del seguro de desempleo a los trabajadores. En Colombia, donde no hemos llegado siquiera a ese punto, es notorio que en la discusión sobre el seguro de desempleo (una figura nueva de la ley laboral 789 de 2002, que aún no ha empezado a operar) los sindicatos no han tenido una participación importante ni tienen un papel contemplado en la ley en la aplicación de este mecanismo.

En cuanto a la defensa frente a la explotación, este es otro papel que ha sido asumido fundamentalmente por el Estado. En gran medida, las exigencias de los sindicatos (tanto en Colombia como en otros países del mundo) deben limitarse hoy a pedir que se cumpla lo que está escrito en la ley. Es un cambio significativo frente al papel inicial que tuvieron los sindicatos en el momento de su gestación, cuando luchaban por derechos que nadie les reconocía.

Los sindicatos también han perdido importancia en un área fundamental: la búsqueda de mayor participación en la extracción de las rentas. Con el aumento de la competencia, interna y externa, ya no hay muchas rentas para repartir. Los sindicatos que fueron fuertes por este motivo han perdido gran influencia. Cuanto menores son las rentas de las firmas, menores son también las que pueden ser apropiadas por los sindicatos, y menor el interés de afiliarse a un sindicato.

La reducción de los márgenes ha llevado a los empresarios a desmontar las concesiones hechas a los sindicatos en el pasado. Con el paso del tiempo, la resistencia de los trabajadores se ha debilitado y los empleados han logrado su meta con relativa facilidad. Los trabajadores se han dado cuenta del cambio en las condiciones de las industrias y cuando les han ofrecido planes de retiro voluntario han accedido en forma masiva. Es el caso de Bavaria, donde como consecuencia de un atractivo plan de retiro voluntario que se les ofreció a los trabajadores, el sindicato se redujo de 3.600 trabajadores a 220. Algo similar ocurrió en Telecom, donde 3.600 trabajadores se acogieron al plan de retiro voluntario.

En Telecom se hizo claro para los trabajadores que el monopolio de la empresa se había acabado. El comienzo del fin fue la victoria pírrica que logró el sindicato de Telecom durante el gobierno Gaviria, cuando una huelga promovida por él, logró paralizar las telecomunicaciones del país. En esta oportunidad, el sindicato ganó; pero también perdió, pues el país tomó conciencia de la necesidad de ampliar la prestación del servicio de comunicaciones a más operadores.

En Bavaria, por su parte, la huelga de hace año y medio durante la cual la empresa recurrió a las instalaciones de Leona para la producción la cerveza, fue muy importante para la compañía, ya que los directivos se dieron cuenta del gran potencial que tenían estas instalaciones. Esto llevó posteriormente al cierre de siete plantas.

El potencial

Es en el último de sus posibles campos de acción, el de la representación de los intereses de los afiliados en las grandes transformaciones de la economía moderna, donde los sindicatos tienen el mayor potencial de influencia en la actualidad; sin embargo, es allí donde han perdido el mayor terreno.

Los sindicatos podrían tener una gran importancia en las reformas del mercado laboral que están ocurriendo en el mundo. Para que una economía pueda crecer a un ritmo estable, el crecimiento del salario real debe ser consistente con el crecimiento de la productividad total de los factores. Si esto no es así, y los salarios crecen más rápido que la productividad, el resultado es (como ya quedó demostrado en Europa) menor empleo, menor acumulación de capital y desempleo creciente.

En este punto es ilustrador el caso de Suecia, donde el sindicalismo abarca al 85% de la población en edad de trabajar. En ese país, el mercado laboral cumple un papel específico consistente en garantizar que la economía crezca y no pierda competitividad internacional, puesto que más del 70% de su economía depende del comercio exterior.

En este sentido, la razón de ser del mercado laboral es económica y no social o política, y se constituye además en la variable de ajuste frente a recesiones o bonanzas. Es flexible para poder adecuarse a las necesidades de los empleadores, que son finalmente quienes producen la riqueza del país, la cual posteriormente se reparte vía impuestos para beneficio de todos.

Para garantizar que el mercado laboral verdaderamente opere de esta manera, se llegó a un acuerdo tripartito entre los sindicatos, los empleadores y los trabajadores. Como todas las partes están comprometidas con la misma causa (el crecimiento de la economía sueca), ninguna actúa en detrimento de este objetivo. En consecuencia, los ajustes salariales se hacen teniendo en cuenta que estos no generen inflación ni desestabilicen la economía, y que tampoco afecten la competitividad del país.

Los sindicatos tienen un papel importante qué jugar, pero solo pueden hacerlo si demuestran que representan a los trabajadores. Este asunto de legitimidad es el mayor reto hacia adelante. Francia es un ejemplo en este sentido. La afiliación individual a los sindicatos es baja, entre 5 y 10%, pero los sindicatos juegan un papel importante.

Contrario a lo que creen muchos empresarios, el sindicalismo tiene grandes contribuciones positivas por realizar. Su contribución para contener el autoritarismo de los empleadores es positiva. Sin embargo, para ser efectivo, el sindicalismo debe tener una clara legitimidad y debe ser incluyente. Su vocación tiene que ser nacional. No puede limitarse a un grupo minoritario de la sociedad, que precisamente por tener acceso al sector formal puede llenarse de privilegios. Una gran masa de colombianos, entre los cuales se cuentan los desempleados, los informales, los empleados temporales, las mujeres, los niños trabajadores y otros más, están a la espera de alguien que los represente.

El sindicalismo colombiano podría resucitar si asumiera estas banderas con convicción, en lugar de defender los intereses de grupos cerrados de trabajadores cuyos salarios están muy por encima de la media de la población.
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