¿Ronda Doha?

| 9/14/2001 12:00:00 AM

¿Ronda Doha?

El lanzamiento de una nueva ronda de negociaciones en la OMC está amenazado. Paradójicamente, la desaceleración económica mundial podría convertirse en el incentivo para destrabar el proceso.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) se juega su relevancia en noviembre en la próxima reunión de Doha, en Qatar. Si la reunión concluye sin un mandato claro sobre mayor liberalización comercial, el sistema multilateral se vería seriamente amenazado. En un escenario así, lo más probable es que los países decidan que la mejor alternativa es limitarse a las iniciativas regionales marcadas por un fuerte sesgo proteccionista, como la Unión Europea y el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). El sentimiento antiglobalización de la reunión de Seattle en 1999 ya no sería un hecho aislado en el tiempo, sino que se convertiría en una tendencia central de la economía mundial.

Sin embargo, la posibilidad de una recesión larga y profunda, la mayor amenaza que se cierne sobre la economía mundial, también podría ser el factor disparador de un nuevo entusiasmo multilateralista. La Ronda de Tokio (1974) y la Ronda de Uruguay (1986) fueron lanzadas en momentos en que existía seria preocupación por el estado de la economía mundial. La situación llevó a que el libre comercio fuera valorado como el motor capaz de acelerar el crecimiento. Es en las épocas de vacas flacas cuando los intereses privados entienden la necesidad de ceder y llegar a compromisos, con tal de alcanzar objetivos grandes de largo plazo. En Doha podría pasar algo así. Para los delegados de 142 países resultaría muy difícil salir de la reunión con las manos vacías, sin tener nada qué aportar a la solución de la crisis mundial. El viaje transcontinental de Mike Moore, director general de la OMC, quien está visitando varios países en busca de construir un consenso que permita salvar la vigencia de su organización y la realización de una nueva ronda de negociaciones, demuestra la importancia crítica de la actual coyuntura.



Todos tienen agenda



No va a ser fácil llegar a un acuerdo. Estados Unidos favorece una agenda limitada para gobernar la nueva ronda. Su objetivo es maximizar la probabilidad de obtener resultados rápidos, pues el gobierno no cuenta con apoyo doméstico a favor de una mayor liberalización. Esta agenda incluye los temas de agricultura y servicios que comenzaron a negociarse en el seno de la OMC pero cuya liberalización no ha culminado. Estados Unidos también favorece la inclusión de mayores reducciones en los aranceles de bienes industriales y la discusión de algunos temas relativamente sencillos, como la depuración de los procedimientos aduaneros.



Esta agenda podría traer enormes beneficios económicos. Un trabajo reciente encontró que si los aranceles se reducen en 33% para los servicios y bienes agrícolas e industriales, el bienestar mundial aumentaría en más de US$600.000 millones, cifra que supera ampliamente los US$75.000 millones que representó la Ronda de Uruguay.



A pesar de este gigantesco potencial de beneficios, la agenda limitada es rechazada por la Unión Europea (UE) ya que dicha región demanda un temario mucho más amplio para tener mayores posibilidades de compensar en el frente doméstico a los posibles perdedores de la negociación, principalmente los agricultores, con ganancias en otros terrenos. Algo similar pasa en el caso de Japón que necesita compensar con ganancias la reducción en las subvenciones a sus agricultores.



Además, la UE, junto con Japón y otros países industriales, tiene interés en reabrir las negociaciones sobre la normativa antidumping (el procedimiento mediante el cual un país puede imponer aranceles sobre aquellos bienes vendidos a un precio inferior a su costo de producción) para hacerla más estricta y reducir el número de sanciones que reciben. El lobby industrial en Estados Unidos, particularmente el del acero, se opone a esta posibilidad, puesto que esta práctica se ha convertido en su principal forma de alivio y protección.



La UE también quiere que se incluyan tres nuevos temas: competencia, ambiente y política de inversión. Entre 30 y 40 países han manifestado informalmente su apoyo a la agenda de la UE, pero con cierto escepticismo, particularmente en relación con el ambiente. Existe el temor de que Europa esté apoyando el tema como una nueva salida de emergencia proteccionista, en la cual los estándares ambientales se conviertan en una barrera de entrada para los productos de otras regiones.



Por su parte, los países en desarrollo hablan de la necesidad de liberalizar más la agricultura para ganar acceso al mercado de los países fuertes. También buscan ampliar plazos y flexibilizar condiciones en acuerdos ya pactados. En Seattle, India lideró un movimiento que todavía está vigente y solicita renegociar las fechas límite para desmontar incentivos que quedaron prohibidos en la OMC, como las zonas francas, los subsidios a la exportación, los convenios de desempeño y los requisitos de contenido nacional.



¿Habrá acuerdo?



Las distancias entre las partes son vastas, pero también hay elementos a favor de un acercamiento. Quizás el más persuasivo lo tiene Estados Unidos frente a la Unión Europea: la creación del ALCA representaría el surgimiento de una región de gran poderío económico a la cual los europeos tendrían un acceso muy limitado. Para estos últimos, la mejor forma de compensar el desequilibrio sería fortalecer el multilateralismo. Existe un antecedente histórico directo. En 1964, Estados Unidos estuvo de acuerdo en lanzar una nueva ronda de negociaciones, la Ronda Kennedy, con el fin de diluir la amenaza que representaba quedarse por fuera del mercado regional que se estaba consolidando en Europa. La Unión Europea podría concluir que es mejor ceder en temas como la agricultura y la competencia, a cambio de que Estados Unidos vuelva a darle prelación a la ruta multilateral. La expansión de la UE hacia Europa del Este ha puesto en evidencia la imposibilidad de ampliar o incluso mantener los niveles actuales de subsidios. Y las restricciones fiscales impuestas por la recesión japonesa han tenido el mismo efecto en ese país. Por su parte, los países en desarrollo por fuera de las Américas seguramente también estarían a favor del multilateralismo. Esta suma de fuerzas podría alcanzar la masa crítica necesaria para arrastrar a los indecisos y desatar una nueva ronda de negociaciones.



La verdad es que la economía mundial se ha vuelto adicta al comercio. Las tasas de crecimiento del comercio mundial fueron en promedio 7% durante la segunda mitad de la década anterior, casi el doble del crecimiento del PIB durante dicho período.



Esta confortable expansión permitió que los intereses del sector privado en los países industrializados, y particularmente en Estados Unidos, dejaran de centrarse en la necesidad de lograr un comercio multilateral más libre y permitieran que los intereses de los grupos más proteccionistas (como los sindicatos y los ambientalistas) se tomaran el escenario.



Ahora, a cada uno le toca volver a identificar su verdadero interés y defenderlo. El debate doméstico en esos países se pondrá candente, pero es allí donde será posible llegar a definiciones.



Durante los últimos 50 años, las rondas multilaterales han dinamizado y transformado el comercio mundial. Esto es exactamente lo que se necesita ahora.



Intereses del gobierno colombiano en la nueva ronda

Liberalizar el mercado agrícola. Reducir aranceles y el nivel de subsidios agrícolas que otorgan los países ricos.



Incorporar al acuerdo de la OMC el concepto de "trato especial y diferenciado", es decir, ampliar plazos y flexibilizar condiciones en acuerdos ya pactados, como subsidios a la exportación, zonas francas, convenios de absorción de bienes agrícolas y normas de contenido nacional, como las del convenio automotor andino.



Lograr mayor acceso a mercados, tanto de bienes como mediante la culminación de las negociaciones de servicios.
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