Regiones para el mundo

| 7/19/2001 12:00:00 AM

Regiones para el mundo

El modelo de regionalización de la oferta exportable ya dio su primer fruto: los primeros 10 planes estratégicos exportadores.

En 1992, la consultora Monitor realizó para Colombia uno de los estudios más comentados sobre el impacto de la internacionalización. Allí se trató, por primera vez, el tema de los clusters, es decir, agrupaciones de empresas y de actividades relacionadas para las cuales la cercanía crea sinergias entre las industrias para fomentar su competitividad. Sin embargo, este proyecto tuvo una dimensión nacional, con un costo muy elevado --más de US$2 millones-- y fue realizado por un equipo que tenía poco conocimiento del terreno.

La metodología que entonces se aplicó, en momentos en que la apertura económica iniciaba su marcha, se parecía más a la de un Estado proteccionista que 'por decreto' definía dónde, cuándo y cómo se iban a desarrollar los modelos productivos y en el cual la participación de otros actores era apenas coyuntural.



Casi 8 años después, el Ministerio de Comercio Exterior recogió las banderas de aquella experiencia y les dio un nuevo aire a los clusters y a las exportaciones como una de las apuestas más interesantes para el desarrollo económico del país, a tal punto que la meta para el 2009 es exportar US$33.000 millones en productos no tradicionales.



¿Cómo les imprimió un nuevo aire? Transformó el país en una dimensión de departamento, para darle una realidad geográfica y de proximidad a cada desarrollo regional y no se limitó, por ejemplo, a dar directrices para cada sector.



"Lo más importante es que Colombia decidió cambiar de foco y dejar que el trabajo sea ahora de abajo hacia arriba y que los protagonistas sean los que viven a diario, en las regiones, la realidad económica", explica Emiliano Duch, presidente del Competitiveness Institute, una asociación que agrupa a más de 140 agencias de desarrollo, de gobiernos y de organismos multilaterales que trabajan con clusters en más de 40 países, y que además conoció la historia de principios de la década de los 90 en Colombia y ahora su presente.



Para hacerlo, el gobierno se apalancó en un instrumento que por años estuvo en letra muerta, pero que desde 1999 ha tomado un gran dinamismo: los Comités Asesores Regionales de Comercio Exterior (Carce). Se trata de organismos en los que se reúnen en muchos casos, una o dos veces por semana, los presidentes de las empresas representativas de la región, universidades, gremios, entidades del gobierno regional y nacional y las cámaras de comercio para definir la visión de su región y, así, le han dado vida a una nueva forma de asociación. Hace apenas un año, había en el país 10 Carce. Hoy ya son 25, 10 presentaron sus planes estratégicos exportadores hace apenas un mes y otros, como Bogotá, lo tendrán listo en agosto.



¿Qué tiene de diferente este instrumento? Por un lado, que está en cabeza de los empresarios. No es gratuito, entonces, que en Antioquia, Carlos Mario Giraldo, presidente de Noel; en el Valle, Juan Zaccour, presidente de la Zona Franca de Palmaseca; en Bogotá, Nayib Neme, presidente de Neme Hermanos; o en Pasto, Iván Caviedes, presidente de Colácteos, entre otros, estén al frente de los Carce de sus zonas.



Allí el grado de pertenencia es mayor porque la responsabilidad no recae en el Ministerio ni en sus entidades adscritas sino, por el contrario, en aquellos que siempre se han llamado 'fuerzas vivas' de la región, como sus empresarios, cámaras de comercio e, incluso, la clase política. Con un alto grado de apropiación, compromiso, liderazgo y organización. "Lo más sorprendente de este proceso fue encontrar que, además de los miembros tradicionales, hubo una gran receptividad de la clase política", señala Oswald Loewy, presidente del Carce del Atlántico y de la empresa Sempertex.



Los mejores aliados para que este escenario se cultive son el sector privado y la academia porque, a pesar de los cambios de las administraciones públicas, permanecen en el tiempo y crean un nuevo 'tejido' donde cada una de las costuras aporta a la nueva estructura y no son 'hilos' aislados.



"Lo que las regiones han comprado es un proceso participativo: en caso de que las administraciones cambien, el instrumento tiene garantizada su continuidad porque está en manos de los empresarios y de la academia. Por eso, el Ministerio busca que haya permanencia y sostenibilidad", asegura María Piedad Velasco, directora de Productividad y Competitividad del Ministerio de Comercio Exterior.



Los Carce pueden considerarse como la 'cuota inicial' de los clusters. Es decir, de allí pueden surgir las grandes alianzas y los grandes desarrollos industriales de las regiones. Por ejemplo, Antioquia fortalecerá su industria de ropa interior femenina, de edificación de vivienda y de procesamiento de frutas y verduras. Bogotá se focalizará en la exportación de servicios y su objetivo es alcanzar en el corto plazo US$1.200 millones. Barranquilla será la mejor plataforma exportadora del país, Bucaramanga el mayor centro de generación y transferencia de conocimiento hacia el sector productivo, Bolívar será el líder en el sector petroquímico, Buenaventura será el principal puerto sobre el Pacífico en Latinoamérica y el Magdalena, el primer destino ecoturístico del Caribe.



Las amenazas



Pero si bien son un instrumento y una metodología interesante, los Carce tienen dos desafíos: convertir en realidad los planes y aumentar su oferta exportable, de una parte, y de otra, no institucionalizarse.



Entre las grandes ventajas de los Carce están su flexibilidad y la posibilidad de que sean de todos. En el momento en que se institucionalicen y se creen alrededor suyo burocracias y entes oficiales, estos organismos perderían su vitalidad. Estas nuevas estructuras permiten que sangre nueva participe en el futuro y en las decisiones de las regiones. Es un modelo light, que se acomoda a las circunstancias de cada zona y a su propia velocidad de respuesta.



"La institucionalización es, a veces, esclerosis del proceso", añade Duch. "Y en muchos casos, los problemas son las instituciones mismas".



Ya se dio el primer paso. Reunir alrededor de un mismo objetivo a diferentes sectores es, sin duda, un gran avance. Ahora, la meta es consolidar el proceso y convertirlo en la punta de lanza de la estrategia exportadora nacional...



La visión

El furor de las exportaciones en el país puso a las regiones a diseñar su visión de futuro.



La meta



En 10 años, Colombia exportará US$33.000 millones en productos no tradicionales. La fuerza regional dará el gran impulso.



La amenaza



Institucionalizar los Carce, pues perderían su dinamismo y flexibilidad.
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