| 2/12/1999 12:00:00 AM

Reconstrucción, pero a fondo

En un solo día el Quindío perdió US$500 millones. Si no se toman acciones rápidas, la región no se recuperará ni en 20 años.

El Quindío no ha sufrido uno, sino dos terremotos. Y por eso la región puede convertirse en el taller de un nuevo modelo de desarrollo empresarial y de creación de oportunidades.



El terremoto de la zona cafetera ocurrido el 25 de enero ha sido un verdadero shock humano, social y económico. Mil colombianos muertos, 5.000 heridos de consideración y 200.000 personas seriamente damnificadas son un drama de sufrimiento humano muy pocas veces registrado en la historia del país.



El Quindío, además del movimiento sísmico, ha sufrido un verdadero terremoto económico.



Sin embargo, en los últimos diez años el deterioro económico de la región le ha quitado dos veces más riqueza de la que perdió en el movimiento telúrico del 25 de enero pasado.



El desarrollo productivo del Quindío y de las zonas aledañas no está solamente afectado por el terremoto del mes anterior. La zona ha vivido durante los últimos diez años una crisis económica monumental. Todo el país se acuerda del Quindío como la zona que tenía un ingreso per cápita 50% más alto que el del resto del país. Pero eso fue al final de los 70. La participación de la producción de esta zona en el PIB nacional se ha reducido del 2,4 al 1,2% en los últimos 20 años. Y desde 1992 hasta el año anterior, el producto per cápita del Quindío cayó un 17%, llegando a niveles que no superan los de 1980. Como lo muestra la gráfica 1, el menor dinamismo del conjunto de los departamentos cafeteros explica en parte el hecho de que, después de estar muy por encima, el ingreso per cápita de esta zona haya llegado a situarse por debajo del promedio nacional. La zona afectada por el terremoto lleva pues una década de empobrecimiento relativo y absoluto, que ha terminado por manifestarse en un crecimiento del desempleo y de la pobreza mucho más acelerado que en el resto del país.



Sin que el país se hubiera dado cuenta, este terremoto económico que ha registrado el Quindío en la década puede haberle costado al país unos US$1.000 millones, el doble de lo que se perdió el día del movimiento telúrico. Por ello, la pregunta natural es si el enfoque de reconstrucción sugerido inicialmente por el gobierno es el más adecuado para atender los efectos de los dos terremotos.



Las cifras del desastre



El terremoto destruyó activos humanos y productivos por un costo histórico de US$500 millones. Esta cifra equivale a la riqueza que dejarán de generar los muertos, los costos de atención de los heridos y su menor contribución a la economía, la destrucción de las casas, la infraestructura de servicios públicos y los activos comerciales y productivos. Esta cifra, estimada por Dinero, no difiere del estimativo inicial de Planeación Nacional. La reconstrucción de esos activos representará un valor aún mayor, por la antigüedad de las construcciones. Para reponer modernamente esos activos en el futuro se requerirán, entonces, recursos cercanos a los US$1.000 millones.



¿Qué representa esta pérdida en términos de la capacidad de generación de ingreso del Quindío? Las cifras son elocuentes. El Producto Interno Bruto para el departamento en el 98 es de aproximadamente US$1.000 millones. Es decir, la reconstrucción podría representar costos equivalentes a todo el ingreso del departamento durante un año. Sin embargo, no todo el ingreso de la población puede destinarse a la reconstrucción. Si se considera el ahorro que podrían generar los quindianos y la riqueza que han acumulado en toda su historia, los efectos del terremoto son desastrosos. De acuerdo con metodologías recientes del Banco Mundial, Dinero estima que la riqueza total acumulada por este departamento en toda su historia, incluyendo los activos productivos y financieros, las tierras y el capital humano, alcanza un valor de US$5.000 millones. Es decir, la zona afectada perdió una décima parte de su riqueza. La reconstrucción de esta riqueza podría comprometer todo el ahorro de la región durante 20 años.







Respuesta a la tragedia en dos fases



La fuerza del shock humano y social así como la magnitud del esfuerzo de reconstrucción requerido claramente no puede recaer exclusivamente en manos de la región. Por ello, la Nación y la sociedad colombiana en su conjunto deben acudir a apoyar el esfuerzo de reconstrucción. Usualmente, el apoyo ante una situación de emergencia pasa por dos etapas: de estabilización ­que incluye la acción inmediata y la rehabilitación de la actividad­ y de reconstrucción.



En medio de las dificultades normales que representa una emergencia de esta magnitud, el balance de la acción pública al cabo de la tercera semana es razonable. La respuesta más eficaz ha sido, sin duda, la de los equipos de rescate y de salud, pues lograron salvar muchas vidas. La falla inicial más grande se presentó en materia de orden público. El progreso mayor se ha visto en la movilización de alimentos, cobijas y carpas, en la que las fallas iniciales han sido subsanadas y la mayoría de los 70.000 personas que requieren asistencia pública en esta materia la están obteniendo con instituciones y recursos públicos y privados. La restauración progresiva de los servicios públicos de energía, agua y teléfonos ha avanzado más rápido de lo esperado por muchos. Se estima que la primera fase de estabilización ante la tragedia concluya con cierto grado de éxito en pocas semanas.



La realidad es que la parte más difícil de la agenda pública apenas comienza. Para la reconstrucción de la vida económica y social se requiere no sólo saber hacer bien las cosas, sino tomar buenas decisiones. Y las mejores decisiones dependen en gran medida de la caracterización de los problemas que se enfrentan.



La estrategia del gobierno

Si se cree que la zona tiene un alto grado de desarrollo social y productivo, la decisión natural sería concentrar la atención de la reconstrucción en remover los síntomas más evidentes del terremoto: la vivienda y la infraestructura física. La evidencia del alto desarrollo social de la zona afectada podría apuntar en esa dirección.



La población necesita asistencia y, sobre todo empleo.





Como lo muestra la gráfica, el grado de desarrollo humano del Quindío medido por su educación promedio, sus expectativas de vida y su ingreso per cápita es el más alto del país. Y sus carencias básicas que el PNUD llama pobreza humana son casi tan bajas como las de Costa Rica, el país de más alto desarrollo social del continente (gráfica 2). Y el ingreso per cápita del Quindío, en la cifra oficial de 1996, es de $3,7 millones anuales, 6% por encima del promedio nacional.





El desarrollo humano es casi tan alto como el de Costa Rica.



El gobierno ha diseñado el Plan Nacional para la reconstrucción del eje cafetero incluido en tiempo récord en el Plan de Desarrollo enviado al Congreso con todo el énfasis en la reconstrucción de la infraestructura física de vivienda y edificación, servicios públicos y desarrollo urbano. Para tal efecto, se expidieron los decretos de Emergencia Económica y en el capítulo de inversiones del Plan se consideran recursos nacionales por $542.000 millones, aproximadamente US$300 millones. También se han destinado subsidios para vivienda por parte del Fogafin.



Contrario a lo que sucedió en Armero y Popayán, donde la gente no participó de manera activa, es necesario que las comunidades desempeñen un papel clave en el diseño y puesta en marcha de programas de reconstrucción. Se espera que la construcción genere el empleo necesario para reactivar la economía y, por ello, se han previsto acciones marginales de apoyo a los cafeteros y a las microempresas.



¿Qué hacer?



Las experiencias previas de desastres, en Popayán, en Armero, en la zona Páez y en Pereira indican que, sin acciones paralelas para el desarrollo productivo, la crisis social que trae un desastre natural de esta magnitud no se resuelve eficazmente. ¿Una crisis económica de la magnitud que ha vivido el Quindío en la última década se resolverá a punta del empleo generado por la construcción financiada con recursos públicos de la Nación?



La reconstrucción del Quindío tiene que basarse en una estrategia más eficaz de desarrollo económico. En realidad, es la primera prueba a fondo que enfrenta la filosofía económica del presidente Andrés Pastrana, que ha inspirado el Plan de Desarrollo. ¿No es el Quindío la expresión máxima de la crisis de competitividad del viejo modelo productivo basado en el desarrollo hacia adentro, exportaciones de recursos naturales y exceso de gasto público? ¿No tiene un espíritu empresarial mucho más alto que el de casi todo el país? (gráfica 3). ¿No podría ser el Quindío un laboratorio ideal para experimentar el nuevo modelo de desarrollo productivo sugerido por el Presidente, basado en las exportaciones, la tecnología, el capital humano y el desarrollo empresarial que permita crear mucho empleo?



Para el terremoto económico se requiere, más que ladrillo y burocracias, un nuevo espacio para el desarrollo empresarial.







El estado de Emergencia Económica que hasta el 28 de febrero decretó el gobierno nacional abre una oportunidad para brindarle rápidamente a la región el espacio de desarrollo que va permeando más lentamente el resto del país.

Una tragedia humana, social y, sobre todo, económica.



¿Por qué no, en vez de pedir más recursos y acción de la Nación para poner más ladrillos y concreto, se genera un conjunto de estímulos de choque a la inversión empresarial y a la creación de empleo que ayuden a superar el verdadero y más preocupante terremoto de la zona? ¿Qué tal si, en vez de más plata para el gobierno, les pedimos al BID o al Banco Mundial recursos de crédito por US$100 ó US$200 millones para reconversión productiva privada? ¿Qué tal si el Ministerio de Comercio Exterior lidera un plan no para duplicar sino para cuadruplicar las exportaciones no tradicionales de la zona en el resto de gobierno y toma todas las decisiones que lo hagan posible? ¿Qué tal si, a diferencia de los insostenibles subsidios de la ley Páez, se declaran exentas de impuestos todas las ganancias empresariales reinvertidas en la zona en los próximos 10 años? ¿Qué tal si, en señal de solidaridad nacional, se eliminan por los próximos cinco años todos los impuestos a la nómina que alimentan los ingresos del SENA, el ICBF y las Cajas? ¿Qué tal si se emplean algunos de los recursos públicos, más que en crear nueva burocracia, en subsidiar el empleo en el sector empresarial? ¿Qué tal si se ofrece un seguro regional educativo para que todos los muchachos de la zona puedan culminar todos los estudios que quieran en los próximos diez años para darle soporte al nuevo modelo de desarrollo exportador?



La capacidad empresarial es superior al promedio del país.



Sólo con ideas atrevidas, el gobierno, los empresarios y la comunidad regional podrán convertir la coincidencia de un par de terribles terremotos en una oportunidad para la construcción de futuro.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?