| 3/12/1999 12:00:00 AM

Predepresión, no recesión

Los resultados económicos de enero y febrero apuntan hacia un primer trimestre tan malo como el último del 98. Ya no se trata de una recesión común y corriente.

Están empezando a conocerse los primeros resultados del 99 y no son para nada halagadores. Las ventas de combustibles ya están 6% por debajo del año anterior, la cartera bancaria sólo crece al 8,7% y la situación económica de los empresarios está en un proceso de franco deterioro. Es hora entonces de preguntarse si las recetas tradicionales sobre las cuales se debaten actualmente los economistas del país son las correctas para poner a andar esta economía o si es necesario buscar soluciones diferentes que nos saquen de la depresión. Pues cada vez es más claro que en lugar de estar saliendo adelante nos estamos hundiendo.



Actualmente, los economistas debaten si se debe soltar el tipo de cambio, dejándolo flotar libremente; o si se debe soltar la liquidez para inducir la caída de la tasa de interés o si se debe reducir aún más el gasto público o, por el contrario, expandirlo para impulsar el crecimiento; o si se deben aumentar los aranceles y cerrar la economía. La solución tal vez no está en ninguna de estas recetas individualmente, sino en una mezcla de todas ellas, pero además en el reconocimiento de que el país está del todo descapitalizado. Tanto en el diagnóstico como en la solución estamos con exceso de macroeconomistas y con una gran ausencia de analistas de lo micro y lo empresarial.



Lo más grave es la pérdida de riqueza de las familias y las empresas. Los patrimonios se están diluyendo.





Se perdió riqueza



El 98 fue malo para todos y el resultado fue una enorme pérdida del valor de las empresas, de las entidades del sector financiero y de las familias. El efecto de la deflación de los activos, junto con el aumento de las tasas de interés que elevó el pasivo, llevó a importantes reducciones del patrimonio. Para poder poner la economía a producir, lo primero que se debe hacer es capitalizar las empresas. La cuestión, sin embargo, es cómo hacerlo y de dónde sacar la plata para lograrlo. Un cálculo aproximado de los recursos que se necesitarían para la capitalización podría ser de unos $5 a 6 billones. $2 billones para la banca oficial, $1,5 billones para la banca privada y el resto para las empresas del sector real.



La capitalización hay que hacerla por dos vías, la de las empresas del sector real y la de las entidades financieras. La Corte Constitucional, en su fallo sobre la exequibilidad de la emergencia económica, dejó abierta la solución para las entidades financieras oficiales al determinar que los recursos del impuesto del 2 por mil pueden ser utilizados para aliviar a estas entidades. El mismo fallo, sin embargo, dejó a las entidades financieras privadas sin recursos, pero esto no implica que el gobierno no pueda actuar. Aquí se vuelve crucial el papel del Fogafin que puede ofrecer garantías para la capitalización de las entidades privadas que estén dispuestas a someterse a planes de desempeño.



En el caso del sector real, aunque la solución no se conoce aún, se podrían explorar varias maneras para lograr la capitalización. Se podría, por ejemplo, reducir la tributación efectiva de los bonos de paz u ofrecer alivios tributarios para las empresas que reinviertan parte de las utilidades. Otra manera podría ser explorar la posibilidad de la repatriación de capitales. Sólo el año pasado, el país perdió US$1.400 millones en reservas internacionales que, en otras palabras, equivalen a la plata que las empresas sacaron del país. Esta plata se está necesitando y se debería buscar que regrese. Dentro de esta misma línea es también muy importante estimular la inversión extranjera directa que viene para quedarse y producir riqueza y no la de portafolio que entra y sale de acuerdo con los vaivenes del mercado.











La caída en la demanda de crédito ha contribuido a que bajen los intereses. Pero no es lo deseable para la recuperación.



Romper el círculo vicioso



Pero ante todo hay que acabar de una vez por todas con el círculo vicioso de esperar a que sea el gobierno el que aporte todas las soluciones. Las medidas necesarias se deben tomar lo más rápido posible y deben ser definitivas para que quede muy claro qué va a hacer el gobierno y qué no.



Por otra parte, los malos resultados que se están viendo deberían servir de alerta para que, finalmente, se haga lo que se tiene que hacer. Qué más puede esperarse para actuar. Es un hecho que, como van las cosas, la meta fiscal de 2,11% del PIB de déficit consolidado en el 99, indispensable para garantizar los resultados económicos del resto del período del gobierno, no se va a lograr. Ya el mismo gobierno la revisó y la fijó en 2,5% del PIB. Sin embargo, no se ha oído nada acerca de cómo se va a compensar este desajuste para garantizar que la economía sí siga por el curso previsto en el Plan de Desarrollo.



No hay que perder el norte. El país tiene garantizada la financiación externa para el déficit fiscal que previó inicialmente. Pero para financiar un déficit superior, como el que se va a presentar este año, tendrá que buscar recursos ya sea afuera o adentro. Mejor adentro porque las tasas de interés son más favorables.



En efecto, las tasas de interés de estos papeles -que son los de menor riesgo- están bajando, al igual que las de los CDT a 90 días, mucho en parte por la recesión o predepresión, y no por las razones que debían ser como el ajuste que aún está pendiente.



El desajuste externo e interno están ahí, así como las expectativas cambiarias. Si esto no se corrige, la reducción de las tasas de interés encontrará un límite y es el punto en el que empiecen a salir capitales en busca de una mayor rentabilidad. Además, el año entrante no hay de dónde sacar la plata para financiar un déficit superior al previsto. Los mercados externos están esquivos y costosos con los países emergentes, y la banca multilateral ya puso de su parte. Démonos la pela de una vez por todas y empecemos a trabajar por el país. ¿No será que con la ilusión de que todo se está arreglando estamos creciendo la burbuja y que cuando nos demos cuenta ésta se va a explotar, dejándonos en una situación aún peor?
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?