Plan Colombia II

| 8/18/2000 12:00:00 AM

Plan Colombia II

El anuncio del embajador Moreno puede hacer factible el logro de la más importante iniciativa económica del gobierno de Pastrana.

Cuando en el marco de la concurrida Asamblea de la Andi en Cartagena y con la asistencia de importantes funcionarios estadounidenses, los industriales del país se preparaban para entender el significado e implicaciones del recién firmado Plan Colombia, Luis Alberto Moreno dio la sorpresa. El embajador en Washington lanzó una novedosa propuesta para no perder el buen momento de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos: iniciar el proceso para negociar un tratado de libre comercio con Estados Unidos bajo un mecanismo diferente al que le permitió a México entrar al Nafta. "Nos llegó la hora de pensar en grande, de atrevernos a entrar en una segunda fase de la relación con Estados Unidos: tenemos que lograr una relación de largo plazo con ese país... Es simplemente, aprovechar la coyuntura política actual para convertirnos en socios de Estados Unidos y firmar un tratado bilateral de libre comercio". ¿Qué significa el anuncio del embajador y qué pueden esperar los hombres de negocios?





¿Qué es lo distinto?



La ambición de lograr acceso al mercado estadounidense ha sido una constante del país y su búsqueda, mediante negociaciones comerciales, un elemento común de muchos gobiernos. El gobierno Gaviria logró un sistema de preferencias Andinas, el ATPA, y el gobierno Samper firmó las intenciones de llegar a una zona de libre comercio de las Américas, el ALCA. El presente gobierno lanzó la iniciativa de ingreso al NAFTA y ha buscado acceder al mercado estadounidense por medio de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (CBI). La propuesta del embajador Moreno representa una reafirmación del espíritu de integración comercial con Estados Unidos, pero un enorme cambio de estrategia para llevarla a cabo. Ya no la buscaríamos por el ATPA, el CBI, el NAFTA o el ALCA, sino simplemente por un FTA: un Free Trade Agreement bilateral.



El embajador Moreno encontró enormes dificultades para llevar adelante la iniciativa de acceso al NAFTA lanzada por el Presidente Pastrana en febrero (ver Dinero No. 102). En pleno período electoral estadounidense, y con Colombia vista como un foco de problemas, resultaba difícil entusiasmar al Ministerio de Comercio de Estados Unidos para comprometer al Congreso, especialmente cuando no se contaba con el apoyo privado ni de México, para un acuerdo comercial generoso. Pero dos factores iluminaron al embajador. De una parte, la evidencia del reto que la enorme crisis política de la región Andina impone a Estados Unidos. Con los eventos de Chávez en Venezuela, Fujimori en Perú, Noboa en Ecuador y Banzer en Bolivia, parece que Colombia, tras la exitosa diplomacia del Plan Colombia, se ha convertido en el único país del vecindario con el que se puede hablar para construir una estrategia regional Andina, y evitar otra Centroamérica de los 80. Y segundo, un anuncio del presidente Bill Clinton, aparentemente inocuo, de un FTA con Jordania.



Estados Unidos, en realidad, había definido apoyarse en países amigos para enfrentar situaciones regionales explosivas. Por eso, concentró la diplomacia en Indonesia para el Sudeste Asiático, en Ucrania para Europa Oriental, en Nigeria para el Africa Suroccidental y en Jordania para el conflicto del Medio Oriente. El anuncio del FTA con Jordania le abrió los ojos al embajador Moreno: si Estados Unidos estaba dispuesto a ensayar un acuerdo bilateral de libre comercio para apoyar su estrategia política, ¿por qué no buscar su aplicación a Colombia, dejando de ser un foco de problemas para convertirnos en un polo de estabilidad para la Zona Andina? ¿Por qué no tomar el cañazo, y negociar un tratado bilateral motivado por razones políticas más que comerciales?



¿Qué hicieron en Jordania?



Tras la muerte del rey Hussein y el ascenso del rey Abdullah II, las relaciones políticas y económicas de Estados Unidos con Jordania se han fortalecido. En marzo de 1999 ambos países firmaron un acuerdo marco de comercio e inversión y las autoridades han llevado a cabo desde entonces un ambicioso plan de liberalización y modernización de la economía, que ha sido acompañado internacionalmente con la reducción de su deuda externa. El 9 de junio, Estados Unidos decidió aplicar los privilegios que desde 1985 ha tenido Israel: un acuerdo bilateral de acceso privilegiado de todos sus productos con aranceles reducidos o cero impuestos. Este tipo de acuerdo bilateral, regulado por el acta de comercio de 1974, parece resultar casi tan ágil como el Fast Track, pues el apoyo del USTR, United States Trade Representative, oficina que regula el comercio internacional de Estados Unidos, se complementa con el apoyo político del Congreso. El acuerdo, anunciado el 8 de junio y cuya firma espera realizar Clinton antes de terminar su gobierno, tendrá una implementación gradual durante un período de 10 años. Y tendrá compromisos importantes en las áreas de protección ambiental, de los derechos laborales y de la propiedad intelectual.



¿Qué sigue?



El embajador Moreno parece haber encontrado una ruta inteligente para lograr el propósito anunciado por el presidente Pastrana de jugarse a fondo todo su gobierno para sacar adelante un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Ahora que hemos evolucionado, según el embajador, "de ser los relegados del vecindario a tener una relevancia en los principales círculos de poder en Estados Unidos, es preciso apostarle a la prosperidad ampliando nuestro horizonte de desarrollo económico a punta de libre comercio". Jordania es el ejemplo.



Con esta nueva iniciativa de la diplomacia colombiana, ahora es claro para todos los empresarios colombianos que "El norte es el Norte", y que la administración Pastrana tendrá que emplearse a fondo en los dos años que restan para concretar su más importante iniciativa en el campo económico.



Abiertas las puertas, ahora se trata de organizar cuidadosamente la estrategia para llegar a la firma del FTA antes de agosto del 2002. El Gobierno Clinton tendría que llevar la iniciativa al Congreso por motivos políticos y luego buscar el apoyo del legislativo en Washington mediante un proceso que tiene mejores perspectivas que el Fast Track que permitiría la entrada al Nafta. Se va a requerir una enorme iniciativa, organización y coordinación por parte del equipo económico y diplomático del gobierno. A pesar de la facilidad que impone su carácter bilateral y su apoyo político, las negociaciones no serán pan comido. Es tiempo de que el Ministerio de Comercio Exterior acelere la planeación estratégica de la negociación así como la conformación y entrenamiento de los equipos negociadores, dejando a un lado algunas de las iniciativas menores que hoy le toman tanto tiempo. Las iniciativas comerciales tendrán que ser acompañadas de nuevas propuestas legislativas en los campos laboral, ambiental y de propiedad intelectual para facilitar los requerimientos que este tipo de planes ya ha tenido en Jordania o en Israel.



El sector empresarial tendrá en sus manos una enorme responsabilidad, porque el tratado saldrá adelante si y solo si la empresa privada se la juega toda. Y tendrá que jugar una triple tarea. La primera será hacer de la iniciativa de integración un motivo de unión para el conjunto de empresarios y de ellos con el país. El comercio y la prosperidad económica tienen que ser los principales argumentos para construir propósitos nacionales que nos lleven a la paz. Como dijo el embajador Moreno, con tanto pesimismo y escepticismo en el ambiente, poca motivación pueden tener sus contrapartes estadounidenses. La segunda tarea es tener una actitud mucho más proactiva frente a la conformación de los equipos negociadores, de la que ha tenido desde febrero cuando el gobierno manifestó sus intenciones frente a la integración al mercado estadounidense. La experiencia de los empresarios mexicanos con el NAFTA se pone a la orden del día. La tercera tarea es emular la experiencia de los exportadores de flores para ganarse al sector privado estadounidense y a los cuerpos legislativos de ese país. Para evitar la desidia empresarial frente a la iniciativa del CBI, cuyo fracaso tanto les está costando a nuestros confeccionistas, el sector privado tendrá que estar dispuesto a gastar muchos millones de dólares en lobby en los círculos de Washington para contribuir al verdadero cambio del modelo económico colombiano.



El embajador Moreno está haciendo la apuesta de su vida. Tras sacar el Plan Colombia, en lugar de dedicarse a disfrutar estos dos años de Washington, ha decidido jugársela toda por una iniciativa mil veces más ambiciosa y benéfica para el país.



Quizás el país también ha aprendido la lección mexicana, en donde la iniciativa de libre comercio terminó, más que las reformas a los partidos, como el mejor instrumento modernizador de la sociedad y la política de ese país. Si el libre comercio removió al PRI y a todos los dinosaurios, ¿por qué no hacer esa apuesta por Colombia?



Todos los empresarios colombianos estarán pendientes de los anuncios del presidente Clinton a finales de este mes para apoyar la más importante estrategia económica del gobierno colombiano.



La propuesta





Aprovechar las buenas relaciones de Colombia y Estados Unidos para buscar un tratado bilateral de comercio.



El Norte es el acceso al gran mercado de Norteamérica.



El ejemplo



Jordania suscribirá un tratado de libre comercio con Estados Unidos por razones de orden político. Colombia sería un centro de desarrollo en medio de los conflictos de la zona Andina que amenazan los intereses del Norte.



La estrategia



Empresarios y Gobierno deben desarrollar un agresivo lobby para lograr la aprobación del tratado antes del 2002.



Colombia debe enviar negociadores que se dediquen al tema y dejar a un lado iniciativas comerciales menores.
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