Oxígeno para el ISS

| 5/16/2003 12:00:00 AM

Oxígeno para el ISS

Quedan pocos días para diseñar un nuevo plan de salvamento del ISS. Hace dos años se dijo que el Instituto comenzaba una nueva etapa de recuperación, pero hoy su crisis lo muestra como inviable.

La historia clínica del Instituto de Seguros Sociales (ISS) recuerda por lo menos 27 intervenciones quirúrgicas de alto riesgo. En promedio, cada dos años se anunciaba su inminente muerte y la fórmula salvadora que lo sacaría de la crisis.

Desde 1998, el Seguro comenzó a perder afiliados en salud y con ello, a recibir cada vez menos ingresos. Pero mientras estos se redujeron 50% en cuatro años, los gastos apenas disminuyeron 30% en el mismo lapso. El negocio de salud acumuló, entonces, un déficit insostenible.

El problema actual parece sencillo: en el mejor de los casos, para que el ISS-Salud siga tal como hoy existe, actuando como aseguradora por medio de la EPS y como prestadora de servicios hospitalarios en sus IPS, requiere un ahorro anual de $300.000 millones durante los siguientes 10 años. Si las cifras muestran que el déficit es más cercano al que estima el gobierno, el esfuerzo de ahorro por lo menos se duplica.

Como en la agenda del gobierno no está asumir el costo político y financiero de liquidar la entidad, tal como se hizo con la Caja Agraria unos años atrás, urgen correctivos inmediatos. Con todo y sus dificultades, el ISS es la EPS más grande del país, atiende más de 4,7 millones de consultas de medicina general por año, ocupa a más de 28.600 personas vinculadas a la salud y dispone de 4.872 camas hospitalarias en su red de IPS. Es considerado un patrimonio nacional y su presencia como competidor eficiente en el mercado es deseable porque funcionaría como regulador natural del mismo en cuanto a la calidad del servicio de todo el sistema de salud. Y en esto hay acuerdo, a pesar de que es factible desde el punto de vista de la cobertura, que el Plan Obligatorio de Salud administrado por las EPS privadas capte y atienda a todos los actuales afiliados al Seguro Social, sin que estos incurran en mayores costos.

El 30 de abril vencía el plazo que concedió el gobierno para diseñar de manera conjunta con los trabajadores y la administración del Instituto una nueva fórmula de reestructuración. El plazo se prorrogó en dos ocasiones y está a punto de expirar.

Las proyecciones del gobierno y de la administración del ISS indican que de no adoptarse un nuevo plan de atención, dentro de 10 años el déficit en salud llegaría a los $8 billones. En esta cifra no hay acuerdo. El sindicato de trabajadores estima que si mucho alcanzaría $5,5 billones. La razón de la diferencia es la dinámica esperada de las afiliaciones futuras, pues de ellas depende el monto de los ingresos y, por tanto, la magnitud del ajuste necesario por el lado de los gastos para corregir los desequilibrios.

El gobierno y la administración creen que la tendencia actual de reducción en el número de afiliados se mantendrá en 2003, para luego estabilizarse en una cifra cercana a 2,7 millones de afiliados. Los trabajadores, por su parte, apuestan a que la población afiliada supere los 3,7 millones a partir de 2004.

En la diferencia de cifras radica la dificultad para llegar a un acuerdo definitivo sobre la magnitud del ajuste y los compromisos que cada parte asumirá. Todos coinciden en que no hay que esperar 10 años para decretarle la muerte al ISS. Tal como están las cosas, nadie duda que el ISS Salud es inviable financieramente y si no se aplican correctivos inmediatos, está en riesgo el ISS como un todo: salud, pensiones y riesgos profesionales.



¿Se repetirá la historia?

En octubre de 2001, durante la administración de Guillermo Fino, el ISS había entrado por "última vez" en cuidados intensivos y todos respiraron tranquilos tras la convención colectiva firmada en esa fecha. Enmarcada en lo que se llamó el Acuerdo Integral pactado entre los trabajadores, la administración y el gobierno, se creyó salvado el Instituto. El acuerdo se calificó de histórico, porque significó un reconocimiento de las graves dificultades financieras y administrativas de la unidad de negocios de salud del ISS y porque definió compromisos entre las partes dirigidos a la solución de los problemas. Hoy vemos que el paciente ganó tiempo, pero no salió del estado crítico.

En aquel año, los egresos del Instituto superaron a los ingresos en $266.000 millones y éste arrastraba deudas con terceros por valor de $625.000 millones. Los trabajadores aceptaron reducir beneficios laborales que en total reportarían un ahorro estimado de por lo menos $120.000 millones anuales, el gobierno nacional decidió inyectarle recursos por $1 billón y la administración se comprometió con metas de gestión y desempeño para mejorar la salud del Instituto. La administración normalizó las relaciones con la red de IPS privadas y acordó con ellas el pago de más de $150.000 millones que le debía y logró que la Superintendencia de Salud levantara la sanción que desde 1998 le impedía captar nuevos afiliados.



El nuevo diagnóstico

Año y medio más tarde, el enfermo no se alienta. El Seguro perdió al menos 690.000 afiliados más en 2002 y si bien el sacrificio por parte de los trabajadores fue un hecho sin precedentes en la historia de las negociaciones laborales en el país, el ahorro resultó menor del esperado. Cifras actualizadas muestran que el ahorro solo alcanzó $30.000 millones. Los compromisos de desempeño no se cumplieron, las metas sobre nuevas afiliaciones no se lograron y las deficiencias en materia de información sobre afiliados, financiera y contable persisten a pesar del avance en algunos de los puntos pactados.

Así, el déficit acumulado llegó a $1,3 billones al final de 2002. Este resultado, de por sí alarmante, incluye la utilización de 75% del crédito que otorgó la Nación al Instituto, $77.000 millones aportados para financiar parte del pasivo pensional y el plazo adicional que se le concedió para pagar los intereses del crédito que por $100.000 millones había recibido en 1999. Sin estos apoyos de la Nación, el déficit sería de $2,1 billones. Esta cifra equivale a los ingresos obtenidos con la reforma tributaria.



Avances y desacuerdos

Al partir de que se trata de salvar al ISS y de encontrar una fórmula que evite la separación de sus diferentes negocios (EPS, IPS, administradora de riesgos profesionales y pensiones), que rompería la unidad de empresa, cosa a la que se oponen los representantes de sus trabajadores, es destacable que se mantenga el esfuerzo por buscar una solución concertada. Los trabajadores, la administración del Instituto y el gobierno coinciden en el diagnóstico y en la orientación general de las medidas que se deben adoptar sin postergaciones: una reforma que se traduzca en una significativa reducción y flexibilización de sus costos, en un aumento de su capacidad para generar ingresos y en un redimensionamiento de su estructura acorde con el número de afiliados. Paralelo a esto, debe mejorar la prestación del servicio y transformar sus mecanismos de gestión.

Los desacuerdos están en los detalles. La flexibilización de costos implica reducir los costos fijos de la entidad, hoy demasiado altos en relación con el actual número de afiliados. Con mayor razón, si este se reduce aún más, como el gobierno cree que ocurrirá. Esta estrategia exigiría una reducción de personal del orden de 2.680 cargos, cierre de clínicas y de centros de atención ambulatoria, y reducción de gastos generales médico asistenciales. Supone también una nueva revisión de la convención firmada en 2001.

Como es natural, los trabajadores no están de acuerdo con los despidos ni con buscar nuevos ahorros mediante una renuncia adicional a sus beneficios prestacionales. Argumentan, además, que los ajustes obtenidos por cierres de clínicas y por reducción de gastos médicos encarecerán y afectarán la calidad del servicio de salud prestado a los afiliados, aun cuando se acepta que una evaluación técnica de las características de la demanda permitirá encontrar fuentes de ahorro por esta vía.

Mientras el gobierno y la administración consideran que el esfuerzo para lograr la viabilidad del ISS se debe concentrar en la reducción del gasto y el aumento de la productividad, los representantes de los trabajadores ven en el aumento de los ingresos -por mayor número futuro de afiliados- la base de la sostenibilidad del Instituto.

Pese a los acuerdos, la distancia entre las partes aún es muy amplia. Quedan pocos días para encontrar no una fórmula salomónica que deje contentos a todos, sino que sea eficaz para salvar el Instituto. El acuerdo logrado en 2001 dejó sonrientes a la administración de la época, a los trabajadores y al gobierno mientras que analistas y empresarios calificaron sus medidas de "pañitos de agua tibia". Los hechos mostraron que estos últimos tenían razón. La tarea ahora es garantizar que la historia no se repita.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.