| 1/29/1999 12:00:00 AM

Outlook negativo

Lo de Brasil confirma que el ambiente internacional será muy volátil en el 99 y que falta mucho por hacer para superar la vulnerabilidad de la economía colombiana.

La esperada crisis de Brasil finalmente estalló. Su resolución va a tomar, cuando menos, varios meses, durante los cuales el ambiente internacional estará enrarecido. ¿Qué tan preparada está la economía colombiana para este nuevo ambiente? La situación es confusa, pero tenemos a la mano un buen instrumento para evaluarla: el informe sobre Colombia que Moody's, la principal firma privada evaluadora de riesgos, emitió a finales de 1998.



En septiembre pasado, Moody's puso bajo examen la calificación de Colombia, abriendo la posibilidad de que ésta fuera revisada hacia abajo (en términos técnicos, que fuera objeto de un "downgrade") y perdiera su grado de inversión, con lo cual los inversionistas institucionales, las compañías de seguros y los fondos de inversión internacionales tendrían que liquidar sus inversiones en papeles colombianos. El pasado 16 de diciembre, Moody's ratificó la calificación de la deuda externa del país, manteniendo el grado de inversión. La noticia fue recibida con euforia por el gobierno y por muchos comentaristas económicos.



Pero algo muy importante pasó casi inadvertido: en la misma decisión, Moody's confirmó la perspectiva negativa para la calificación de riesgo del país (el llamado "outlook"), que había adoptado desde mayo del 98, aduciendo la fuerte vulnerabilidad de la economía en el corto plazo. Los hechos ocurridos en Brasil encajan nítidamente en el escenario negativo que Moody's avizoraba para Colombia. El nuevo ambiente internacional que ha generado la crisis brasileña hace necesario volver a examinar con cuidado el pronunciamiento de Moody's.



Vulnerables



Para Moody's resultaba inquietante el hecho de que frente a la incertidumbre externa, el gobierno Pastrana hubiera optado por un ajuste gradual y no de choque de sus cuentas externa y fiscal. Ante la debilidad de los sectores financiero y externo, cualquier circunstancia negativa que viniera de afuera podría generar nuevos desequilibrios.



La gran vulnerabilidad externa está en el tamaño del déficit de la cuenta corriente en 1999, estimado por el gobierno entre US$5.000 y US$6.000 millones. De acuerdo con Moody's, el déficit podría ser superior, ya que el cálculo se basa en supuestos demasiado optimistas de precios del petróleo y crecimiento de las exportaciones no tradicionales.



Para la cuenta de capitales, el gobierno estima una inversión externa privada de US$2.500 millones, que a juicio de la calificadora podría no darse por el altísimo costo de los recursos externos para Latinoamérica y la cautela que mantienen los inversionistas frente a la región. En el sector financiero, Moody's ve que el deterioro de 1998 va a acentuarse con la desaceleración económica del primer semestre de 1999. No sólo la cartera vencida va a seguir creciendo, sino que las utilidades van a continuar cayendo.



Moody's considera, además, que la reducción de las tasas de interés va a ser mucho más lenta y mucho menor que la esperada por el gobierno, precisamente por los problemas de la balanza de pagos. Con un desequilibrio externo de la magnitud del colombiano, la sola incertidumbre frente a las posibilidades de financiamiento genera expectativas de devaluación que se traducen en altas tasas de interés. Y si la tasa de interés no se reduce, los problemas de la economía sólo pueden aumentar.



¿Qué cambia con Brasil?



La devaluación brasileña aumenta la vulnerabilidad de la economía colombiana en los próximos meses. En el corto plazo ha sido afortunado que la flotación del real haya sido recibida inicialmente en forma favorable por Wall Street, con lo cual se reduce el riesgo de una crisis financiera global. Pero no puede ignorarse que una devaluación real de más de 25 puntos en la economía que representa la mitad de la producción latinoamericana y del comercio regional con los países desarrollados, es un serio golpe para nuestro sector exportador.



Aún hoy es extremadamente difícil hacer una predicción razonablemente sólida de la evolución de la economía brasileña. Mucho depende del comportamiento de los inversionistas internacionales, de la capacidad del gobierno brasileño de poner en marcha un programa de ajuste en los frentes fiscal y financiero, y de la suerte. Pero sí es posible explorar los probables canales de influencia de la evolución brasileña sobre nuestro país.

El primer canal de influencia es el comercial. La producción brasileña es hoy mucho más competitiva que el año anterior y sus exportaciones seguramente aumentarán muchos miles de millones de dólares.



El hecho que el comercio bilateral no sea muy alto no puede llevarnos a engaños. En el área andina, en Mercosur, en Estados Unidos y en Europa, Brasil puede desplazar nuesta oferta exportable. El ambicioso plan de exportaciones que el gobierno colombiano ha anunciado se debe acelerar en su concreción y puesta en marcha.



El segundo canal es el de los mercados externos de crédito. Aunque la recuperación de los mercados internacionales de capitales a partir de noviembre pasado, la reducción de los spreads de los bonos de deuda de los países latinoamericanos y la ratificación de la calificación por parte de Moody's, habían estimulado el optimismo, los hechos de Brasil han puesto de nuevo en entredicho las posibilidades que tiene Colombia de acceder en condiciones favorables a los mercados externos.



Los problemas brasileños no son simples. Confluyen un gran desequilibrio externo con un déficit fiscal del doble del colombiano y una deuda pública interna diez veces más grande. La flotación de la tasa de cambio podría ayudar a resolver el desequilibrio macroeconómico, si se acompaña de un paquete integral de ajuste en los frentes fiscal y financiero. El gobierno brasileño no cuenta aún, al parecer, con todos los instrumentos para hacer este paquete posible y el alza de las tasas de interés indica que no se ha logrado conquistar la confianza de los mercados en el futuro del programa.



Las posibilidades de una reestructuración de la deuda externa e interna brasileña son ahora mayores, y no menores, que hace unas semanas. Los bancos estadounidenses están seriamente comprometidos en la situación. Por contagio, se verá afectado el acceso al crédito de economías latinoamericanas con la misma vulnerabilidad que Moody's ha encontrado para la economía colombiana.



Y es aquí donde viene la gran duda. Aun después del recorte de $2 billones en el presupuesto de 1999 que hizo el gobierno colombiano en la primera semana de enero, los requerimientos de financiamiento externo del país para el año son de aproximadamente US$14.180 millones: US$5.457 millones para cubrir el déficit de la cuenta corriente, US$3.827 para el servicio de la deuda de largo plazo y US$4.896 millones para deuda comercial de corto plazo. Esta es una cantidad muy parecida a la de 1998, cuando el ambiente estuvo, durante la mayor parte del año, menos enrarecido.



Estos requerimientos de financiación son, como la había anticipado Moody's, excesivamente altos. El gobierno podría no tener dificultades insuperables, pues gracias a sus gestiones tiene asegurados US$2.000 millones con la banca multilateral y podría colocar bonos en el exterior por US$800 millones. Eso sí, tiene que estar dispuesto a pagar la tasa que le pidan.



Pero será el sector privado el que enfrentará las mayores dificultades de financiamiento en 1999. El crédito de comercio y el roll-over de la deuda privada serán menos abundantes que lo que ha previsto el gobierno. Los ingresos externos por privatización de entidades como la ETB o Isagen serán también menores. Todo apunta entonces a que resulta inviable un déficit en cuenta corriente de la magnitud prevista por el gobierno y el Banco de la República. Para evitar que la restricción de crédito termine por generar una contracción violenta de la inversión privada, es preciso que el gobierno se proponga lograr un déficit en cuenta corriente menor en uno o dos puntos del PIB.



El tercer canal de influencia es la inestabilidad cambiaria que podría derivarse de la respuesta de otros países latinoamericanos frente a la crisis brasileña. La devaluación de Brasil podría producir un efecto dominó sobre otros países latinoamericanos al estilo de lo que sucedió en Asia. El mayor riesgo no está en Argentina, sino en nuestros países vecinos, Venezuela, Ecuador o Centroamérica. Como efecto, aparte de la pérdida de mercados, se debilitarían la autonomía y potencia de nuestros instrumentos cambiarios.



¿Y entonces?



Los eventos de Brasil refuerzan la validez de los argumentos de Moody's en su informe de diciembre para negarle un outlook positivo, o al menos estable, a la calificación de riesgo soberano de Colombia. La vulnerabilidad en los frentes financiero y externo son demasiado altas, y el gobierno no puede seguir creyendo que un ajuste gradual sea la mejor estrategia.



El gobierno debe acelerar sus decisiones de ajuste fiscal y financiero. Ante el deterioro de la situación, las probabilidades de incumplir las metas fiscales son muy altas si el gobierno no reduce aún más el gasto efectivo programado. Más que la eliminación de un solo ministerio y de los 30.000 cargos que hoy se encuentran vacantes en el gobierno central --de acuerdo con los informes preliminares que se han filtrado--, la administración debe decidir rápidamente por una reducción de 4 ó 5 ministerios, 40 ó 50 entidades del gobierno central y 40 ó 50.000 funcionarios públicos. Sin darle más vueltas al asunto, el gobierno debería recortar de inmediato las partidas para los metros de Bogotá y Cali y evitar que los alcaldes sigan perdiendo tiempo y recursos preciosos.



Por último, al país le convendría que las Cortes aceleraran su decisión sobre la constitucionalidad de la Emergencia Económica, y que el gobierno y el nuevo director del Fogafin anunciaran el programa completo del uso de los recursos de la emergencia. Si no, ¿para qué la emergencia?



Pero la mayor implicación del nuevo panorama internacional es que el gobierno y el Banco de la República tienen que cambiar su estrategia externa. Un déficit en cuenta corriente de más de 6% del PIB para 1999 es indeseable. Si el gobierno se limita a conseguir los recursos para financiar el sector público, creyendo que eso es suficiente, el resultado será un ajuste externo por la vía de la contracción de la inversión privada y de las importaciones, que prolongará la recesión y creará más desempleo.



El gobierno tiene que hacer desde ya del crecimiento de las exportaciones su verdadero eje de acción y comprometerse con el ajuste externo, el crecimiento económico y la creación de empleo. El Presidente tiene que alinear a Planeación Nacional y al Ministro de Hacienda alrededor de su propia propuesta de duplicar las exportaciones, para que ésta comience a superar los discursos y a hacerse realidad.



Puesto que el entorno externo se ha vuelto más difícil, los requerimientos cambiarios son mayores. Sería bueno que el Plan de Desarrollo --que el gobierno presentará al Congreso a comienzos de febrero-- reconociera que el país tiene una revaluación cambiaria de 15 ó 20 puntos. Pero no es razonable que se proponga eliminar este rezago en el 2002. En ésta como en otras áreas, "Chi va piano, non va lontano"
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