¿No correr con la dolarización?

| 6/8/2001 12:00:00 AM

¿No correr con la dolarización?

El Premio Nobel de Economía, en entrevista exclusiva con Dinero, sugiere que Colombia no debe apurarse en esa dirección, por ahora...

Robert Mundell es un profesor canadiense que obtuvo en 1999 el premio Nobel de Economía por sus contribuciones analíticas a las finanzas internacionales, que sirvieron de base para la conformación del euro. Muchos lo ven ahora como el padre de la dolarización, una de las más recientes modas en el pensamiento económico. Estuvo como invitado especial al Foro Anif- Fedesarrollo. Es, después de Douglas North y James Heckman, el tercer premio Nobel de Economía que visita a Colombia y concede una entrevista exclusiva a Dinero.

La prensa en Colombia lo ha presentado como el padre de la dolarización. ¿Se siente bien interpretado?



Cuando era joven era un buen macroeconomista y mi contribución a las finanzas internacionales, el modelo Mundell-Fleming, es recordada por muchos estudiantes. Mas tarde, en la Universidad de Columbia, fui fundador de la escuela de la economía de la oferta, que tanta influencia ha tenido y de la que me siento muy orgulloso. Hoy soy un observador de los cambios en el sistema monetario internacional. Es el tema que más me apasiona, al que le dediqué mi conferencia al recibir el Nobel.



¿Qué aprendió el siglo XX de su sistema financiero internacional?



Que la estabilidad debe tener una gran base política. El sistema monetario refleja la distribución del poder mundial, la configuración de poder de los países que lo conforman, y que los superpoderes siempre se resisten a una moneda mundial. El hecho más importante del siglo XX fue el ascenso de Estados Unidos, desde una pequeña colonia hasta llegar a ser el superpoder de la economía mundial. El poder define el sistema monetario, pero los factores monetarios a su vez determinan los eventos políticos.



¿Los factores monetarios como determinantes de los eventos políticos?



Sí. El siglo XX tuvo tres sistemas monetarios. Entre 1900 y 1933, el patrón oro. Su quiebra con la Primera Guerra Mundial y su pésimo manejo en los años 20 condujeron a la depresión de los 30 y al ascenso de Hitler. Entre 1934 y 1971, el patrón dólar, que condujo a la falta de disciplina de Estados Unidos y a la falta de acuerdo europeo después de Vietnam. Un sistema de tasas de cambio fijas solo puede funcionar entre amigos, nunca entre rivales. A partir de 1971, el mundo entra en un sistema de tasas de cambio flotante. Con los desequilibrios fiscales, la flexibilidad cambiaria generó el peor proceso inflacionario de la historia moderna. Afortunadamente, tal inestabilidad abrió los ojos sobre la necesidad de contener los déficits fiscales y reorientar la tributación para estimular la producción y el empleo. En los 70, el desastre fue flotar sin soporte fiscal: se evidenció que grandes déficits, grandes deudas y enormes gobiernos deterioraban el bienestar de todos. Afortunadamente, el mundo aprendió la lección: hoy nadie quiere déficits fiscales ni imprudencia financiera. Como consecuencia, la economía mundial, incluso con flexibilidad cambiaria, en los 70 fue otra vez muy estable.



¿Usted cree que el mundo va hacia la dolarización?



Sí, pero no tan rápido. Después de la quiebra del patrón dólar en 1971, y el desastroso manejo de las tasas de cambio flexible en los 70, se ha configurado un sistema mundial con tres áreas de influencia. La introducción del euro en 1999 cambió mucho el panorama monetario internacional, al generar un sistema "tripolar": con el dólar, el yen y el euro. Las tasas de cambio entre estas tres monedas son los tres precios más importantes del mundo. Estas tres islas de estabilidad monetaria son una gran mejora frente a los 70 y 80. Pero la inestabilidad entre las grandes monedas todavía es demasiado grande, y la ausencia de una verdadera moneda mundial sigue siendo un problema. No estamos muy lejos de una especie de unión monetaria entre ellos, pero esto presupone un acuerdo sobre una tasa común de inflación y sobre la distribución del señoraje. De allí a un mundo con una moneda mundial hay apenas un paso. En el largo plazo, Estados Unidos va a dominar. Porque la moneda y el poder siempre han ido juntos.



¿Y cómo ve usted a Latinoamérica en ese proceso?



La unificación cambiaria requiere muchos acuerdos. Yo creo que en el largo plazo todos van a estar atados al dólar. En esta década, América Latina se moverá hacia la unificación monetaria y aprovechará sus cosas en común: un lenguaje, una cultura. Quizá veamos unificaciones subregionales, y eso sería un progreso con dirección al largo plazo. Los países deberán acordar una tasa común de inflación menor que la de Estados Unidos. Esto los obligará a cambiar sus opciones fiscales, laborales y la operación de los bancos centrales, para lograr estabilidad monetaria y cambiaria. Este proceso, sin embargo, no los eximirá de consecuencias de las fluctuaciones del dólar...



¿Cuán relevante es hoy la propuesta de dolarización para Colombia?



Sin resolver los problemas fiscales que ustedes tienen, la propuesta es altamente irrelevante. Fijar la tasa de cambio nunca funciona a menos que el gobierno tenga pleno control de su propio presupuesto. Yo no estoy hablando de un país rico, sino de países en desarrollo, sin grandes mercados de capitales. Los grandes desequilibrios fiscales siempre crean las expectativas de una política monetaria inflacionaria, que termina por desequilibrar la tasa de cambio. Entonces, la política fiscal es extremadamente importante.



Si a usted lo nombraran asesor de Colombia para un proceso de dolarización, ¿que recomendaría? ¿Qué hacer? ¿Cuándo?



Esperen a tener control del desequilibrio fiscal. Insisto en eso. No solo deben lograr un balance primario del gobierno central, sino un balance fiscal de todo el gobierno. No sueñen con menos. Los requerimientos de endeudamiento del gobierno no pueden ser positivos. Aunque su deuda de 50% del PIB no es alta internacionalmente, es muy grande para el tamaño del mercado de capitales... Colombia paga en impuestos apenas el 12% del PIB, que es uno de los más bajos de América Latina, parecido solo a México. Deberían proponerse llegar al 15% del PIB, pero mejorando sustancialmente la estructura impositiva.



¿Sugiere, entonces, que no solo importa el equilibrio fiscal, sino la forma como se logra?



Veo mucha influencia de las viejas discusiones entre los modelos keynesianos de corto plazo y los monetaristas de manejo de la demanda. En los últimos años, la academia mundial trajo una alternativa: la economía de la oferta, que orienta el sistema impositivo al estimular el empleo y el crecimiento. Desde 1974 en la Universidad de Columbia creamos un club de analistas que, además de prudencia monetaria para estabilizar los precios, proponía reducir las tasas marginales de impuestos para crear incentivos a la producción. Desde entonces, la economía de la oferta es el mecanismo más claro para detener las creativas iniciativas de gasto de los ministros de Hacienda.



En Colombia, es muy importante pensar en una estructura alternativa de impuestos como meta de largo plazo. Los límites al crecimiento hay que buscarlos en los malos incentivos fiscales. Estoy convencido de que lo mejor es una estructura de impuestos plana y baja. El caso de Argentina, de tratar de dolarizar con una estructura impositiva tan equivocada, debe ser una buena lección. Ese país ha pagado el costo de avanzar hacia la dolarización sin hacer los arreglos fiscales que lo hagan sostenible. O Ecuador, cuya dolarización sin resolver su situación fiscal ha generado una revaluación insostenible. Me imagino que los empresarios colombianos se dieron cuenta de que es mejor no ser los primeros en dolarizarse sin estar preparados.



Con el soporte del FMI, las autoridades han buscado ajustar las cuentas fiscales sin prestar mucha atención a la estructura fiscal. Las tasas de impuestos han resultado más altas y más dispersas. Quedamos con la tasa de impuestos empresariales m*s alta de América Latina y, oh, sorpresa, la inversión no responde...



Deberían tener una tarifa para los impuestos empresariales muy baja, menor que la de Estados Unidos. Lo ideal sería tener una tasa plana de impuestos a las empresas del 10%. Pero hay que ser realistas. Estados Unidos está bajando su tasa marginal, pero no hasta el 10%, sino del 35 al 30%. Colombia, como transición, debería poner una tasa entre 20 y 25%, para mejorar la estructura tributaria.



¿Usted se atrevería a recomendar para Colombia, al Fondo Monetario, bajar la tasa de impuestos empresariales a pesar del problema fiscal? Nadie se ha atrevido a hacer tal recomendación...



Tienen que hacerlo si quieren crecer con estabilidad. Eso, además, está ocurriendo en el resto del mundo.



Hablemos de nuestro régimen monetario: la flexibilidad cambiaria con reglas explícitas que adoptó el Banco de la República en 1999 parece haber funcionado en el corto plazo. ¿Cree usted que será sostenible en el largo plazo? Algunos economistas proponen un modelo de convertibilidad como el de Argentina, o un modelo más agresivo de dolarización.



No, no se apresuren. Si las autoridades no tienen control del gasto, la flexibilidad cambiaria es necesaria. Si no tienen control del presupuesto, la flexibilidad cambiaria es inevitable. Para mí, esta es la cuestión esencial. Y no es solo una cuestión de tener superávit primario: un déficit de apenas 1% del PIB puede hacer insostenible cualquier paridad fija. Esto hace toda la diferencia del mundo. Los países que quieran adoptar el dólar tienen que cumplir unos requisitos para hacerla sostenible.



Ustedes no están en el cielo, como podría creerlo quien haya oído la presentación del Banco de la República. Mi propio punto de vista es que Colombia pudo haberlo hecho mejor. Sobre todo desde una perspectiva de largo plazo. Colombia no ha avanzado suficientemente rápido en la dirección del equilibrio fiscal. Es uno de los países que han dejado transmitir sus problemas políticos, que no son pocos, a una difícil situación fiscal. Si piensan dolarizar sin lograr un equilibrio fiscal pueden echarse una soga al cuello.



¿Recomienda usted, entonces, un programa más amplio para recuperar esta economía?



Sí, mi ideario completo se puede resumir en diez expresiones que comienzan con D (en inglés):



1. Decrecientes tasas de impuestos.



2. Decreciente gasto público.



3. Decreciente déficit.



4. Deuda reducida.



5. Desregulación.



6. Desinflación.



7. Desnacionalización.



8. Descentralización.



9. Devolución del poder al ciudadano



10. Responsabilidad Demográfica intergeneracional.



Se parecen --pero no mucho-- al Consenso de Washington...



¿Hay consenso de algo en Washington? Yo no sé qué es el Consenso de Washington. El nuevo consenso en Washington es la reducción de impuestos que Bush está tratando de llevar a cabo...



Hablemos, para finalizar, de cosas menos académicas. ¿Cuál ha sido su experiencia más interesante después de obtener Nobel?



He podido viajar mucho por todo el mundo. El Nobel me ha dado acceso a gente que nunca habría podido conocer. Por ejemplo, ayer en Venezuela estuve con los ministros y los empresarios más importantes. Eso no pasó en Colombia.



¿Y cómo vio Venezuela?



Mi gran pregunta es cómo se va a comportar el sector privado ante semejante gobierno. Tienen tres alternativas. La primera sería colaborar. La segunda, hibernar: mantenerse vivos con el mínimo esfuerzo. La tercera, resistir activamente. Aunque el sector privado está tentado por la primera, creo que lo mejor sería esforzarse en tumbar semejante presidente.



Viniendo de Caracas, ¿cuál es su impresión sobre Bogotá?



Es una sorpresa favorable. Esperaba algo más caótico. Bogotá me ha parecido una ciudad muy organizada. Sus calles amplias y limpias me tienen sorprendido. Son mucho mejores que las de Caracas y las de muchas ciudades del mundo en desarrollo. Y la gente es mucho más amable...



En su larga vida académica y ahora de viajero internacional, ¿qué colombianos recuerda?



Recientemente, en la reunión de Davos conocí a su ministra de Comercio, Martha Ramírez en una comida con el presidente mexicano Vicente Fox. Me impresionaron su decisión y su capacidad diplomática. Creo que Fox quería comprársela toda. Del otro que me acuerdo mucho es de un estudiante en la Universidad de Columbia, mi buen amigo Alfonso López Caballero. Yo fui su profesor. El tenía una vida... tan social: lots of fun!!!



Más que dolarizar, Colombia debe arreglar su desequilibrio fiscal con menores impuestos.



¿Dolarizar en Colombia? ¡Hmm!!!
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.