Momento de decisión

| 7/6/2001 12:00:00 AM

Momento de decisión

La reforma tributaria de Bogotá implica decisiones de fondo para los ciudadanos. La pregunta es qué queremos para la ciudad y hasta dónde estamos dispuestos a pagar.

La reforma tributaria que plantea el alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, debería generar todo un debate sobre el destino de la ciudad hacia el largo plazo. Mockus les está proponiendo a los bogotanos que paguen más impuestos, aumentando los recaudos tributarios locales en cerca de $1,6 billones entre el año 2001 y el 2004. A cambio, promete realizar su plan de desarrollo para la ciudad. Es una decisión trascendental, no solo para los habitantes de la capital del país, sino para otras ciudades que han encontrado en Bogotá un modelo para su desarrollo.

La propuesta es controversial. A nadie le gusta pagar impuestos. Gremios como Fenalco y entidades de gran influencia en la vida económica de la ciudad, como la Cámara de Comercio, se han manifestado en contra de la iniciativa, pues consideran que en este momento un aumento de impuestos frenaría el crecimiento.



Si en alguna parte se ha demostrado que la administración pública puede cambiar las perspectivas de una ciudad, es en Bogotá. TransMilenio, los parques y bibliotecas públicas son apenas las muestras más evidentes de un progreso sustancial. Detrás hay un incremento considerable en la calidad de vida para el grueso de la población. Prácticamente, todos los indicadores de calidad de vida en Bogotá registran mejoras sustanciales en los años 90, desde la cobertura de acueducto y alcantarillado hasta la afiliación a los sistemas formales de salud, pasando por los indicadores de violencia, educación y alfabetismo. Estos resultados son la obra de una sucesión de administraciones responsables en la década de los años 90. La inversión promedio se triplicó entre los períodos 1992-1994 y 1998-2000, mientras que los gastos reales de funcionamiento se mantuvieron estables.



Aunque el esfuerzo tributario ha sido sustancial, el más reciente salto en la inversión se financió en cerca de un 40% con recursos de la capitalización de la Empresa de Energía y excedentes extraordinarios de los establecimientos públicos y empresas del Distrito, que son eventos de una sola vez.



La propuesta del Alcalde



Las decisiones de inversión del pasado generan grandes responsabilidades y necesidades de gasto a lo largo del tiempo. Se estima, por ejemplo, que crear el cupo para un alumno en una escuela distrital cuesta cerca de un millón de pesos, pero para mantener a ese estudiante hace falta más de un millón de pesos al año. Así mismo, el mantenimiento de las obras y los espacios públicos que se han realizado en la ciudad genera obligaciones permanentes.



El plan de desarrollo de la administración Mockus implica gastos por cerca de $13 billones en el período 2001-2004. La Secretaría de Hacienda del Distrito ha estimado que un poco más de $10 billones (el 77%) está representado por inversiones inflexibles, gastos de obligatorio cumplimiento que una administración no puede dejar de cumplir sin incurrir en un delito, como pago de nóminas y gastos de educación y salud. El aporte nuevo del plan (lo que corresponde a gastos flexibles) vale cerca de $3 billones, de los cuales un poco más de la mitad se dirige a educación y salud.



Las fuentes más importantes de recursos son el impuesto de industria y comercio (ICA), que genera cerca del 47% del total, y el impuesto predial, que produciría otro 27%. El resto se produciría a partir de los impuestos de alumbrado público (12%), peajes (9%) y plusvalía (5%). Las tarifas del predial variarán entre 3 x 1.000 y 17 x 1.000, dependiendo de los valores de los predios y el estrato económico. En el estrato 5, el pago promedio por impuesto predial se incrementaría en $214.000 para el año 2004 frente al 2001. En el estrato 6, el incremento promedio sería de $375.000.



En cuanto al impuesto de industria y comercio, la administración Mockus plantea llegar a un recaudo efectivo (es decir, el ingreso total recaudado sobre el valor de los predios) de 6,1 x 1.000. Las tarifas fluctúan hoy entre 4 y 11 x 1.000, pero debido a las excepciones y exclusiones, el recaudo efectivo es sensiblemente inferior. La propuesta de la administración es elevar gradualmente las tarifas a niveles entre el 8 y el 11 x 1.000 desde ahora hasta el año 2005. Se incluyen incentivos tributarios a la calidad de la educación privada (100% de exención para los planteles que tienen calificación muy superior), la edición de libros, proyectos de ciencia y tecnología. La administración estima que un punto adicional efectivo en el impuesto de industria y comercio genera un incremento de 1,03% en los gastos operacionales anuales en los sectores donde el impacto es mayor (automotor y calzado).



También ha estimado que el impacto sobre el costo de vida para los consumidores, incluso suponiendo que todo el incremento se transfiere a ellos, es muy bajo, del 0,22%.



Finalmente, el impuesto de alumbrado público implicaría pagos nuevos por $8.500 mensuales para los consumidores de estrato 6. Y el sistema de peajes dentro de la ciudad generaría $195.000 millones.



El debate



Los incrementos en industria y comercio y predial son los que han generado la mayor controversia. Entidades como la Cámara de Comercio de Bogotá y Fenalco han planteado que este no es el momento para elevar impuestos en la ciudad, dada la difícil situación económica. Además, la reciente reforma tributaria nacional ha elevado la carga tributaria que pesa sobre los habitantes. Proponen que el incremento en tarifas sea menor y probablemente que tome más tiempo para llegar a los niveles máximos.



También se ha planteado que la ciudad tiene un amplio cupo de endeudamiento y que por este motivo no hace falta subir más los impuestos. Puesto que la ampliación de las inversiones se realizó con recursos generados por la tributación y con recursos de capital, los indicadores de deuda han mejorado y hay margen para endeudarse. Sin embargo, la Secretaría de Hacienda estima que el cupo para endeudamiento nuevo (después de amortizaciones) solo llega a $450.000 millones, suma muy inferior a los requerimientos.



En este momento, la decisión está en manos del Concejo de la ciudad, que considerará la reforma en las sesiones que comienzan en julio. El ambiente parece poco propicio, pues el Concejo rechazó el plan de desarrollo del alcalde Antanas Mockus y estuvo a punto de hundir la reforma en las sesiones del primer semestre.



Lo más importante ahora es que los habitantes de la ciudad tomen la decisión con base en la mejor información posible. Los debates han sido tensos, pero los distintos puntos de vista han sido discutidos en forma abierta, con base en información unificada suministrada por la Secretaría de Hacienda. La limpieza del debate es uno de los principales logros del proceso. Ahora viene la toma de la decisiones, que tendrán un enorme impacto sobre la perspectiva de desarrollo de la ciudad. Los ciudadanos tienen la palabra.



La orilla opuesta



Cámara de Comercio de Bogotá



La reforma exige un esfuerzo que las empresas y las familias no están en condiciones de asumir en esta coyuntura.



Los reajustes de predial e industria y comercio son excesivos. El mayor recaudo debería lograrse mediante mayor control a la evasión y la elusión.



El plan de desarrollo debería redimensionarse de acuerdo con las posibilidades tributarias.



No toda la inversión debe hacerse con recursos propios. Debería aprovecharse mejor el cupo de endeudamiento.



Fenalco



La reforma es improcedente. Deterioraría la competitividad de la ciudad frente a las otras.



La capacidad de tributación de los empresarios locales ha llegado a su límite.



La tarifa promedio de industria y comercio para el sector comercio se elevaría en 38% a partir del año 2002. En casos individuales, se presentarían incrementos hasta del 233%.



La reforma golpea fuertemente a la pequeña y mediana empresa en el sector comercio, que abarca el 90% de los establecimientos. Para un comerciante que vende $5 millones al mes, el impuesto sería el 18% de las utilidades.
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