¿Modelo tipo exportación?

| 6/9/2000 12:00:00 AM

¿Modelo tipo exportación?

El Banco Mundial podría replicar el modelo de reconstrucción del Eje Cafetero en otras zonas del mundo.

El 27 de abril pasado, los más importantes representantes del Banco Mundial para América Latina, encabezados por David de Ferranti, vicepresidente de ese organismo, visitaron el Eje Cafetero motivados por lo que habían escuchado sobre el modelo de reconstrucción que se implementó en la zona.

Paradójicamente, con el terremoto que azotó a esa región el 25 de enero de 1999, y que dejó más de 1.000 muertos, cientos de heridos y cerca de 120.000 familias damnificadas, los 29 municipios afectados se convirtieron en el 'laboratorio' para la creación de un novedoso modelo de participación comunitaria para lo que vendría en adelante: todo el proceso de reconstrucción.



El Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (Forec) diseñó un esquema de contratación privada en el que se trasladan los recursos de un fideicomiso a los proyectos de cada una de las 32 gerencias zonales en que fue dividida la región, las cuales están en cabeza de Organizaciones No Gubernamentales. Se asemeja al manejo de una holding, en este caso el Forec, que tiene 32 empresas que atienden las necesidades de más de 110.000 familias ubicadas en 29 municipios de la región. Las obras que se ejecutan corresponden a proyectos que han sido definidos por la comunidad y aprobados por el comité directivo del Fondo.



Este modelo entusiasmó al Banco Mundial, que hoy lo analiza y estudia como un ejemplo de gestión para replicar en otras naciones, ya que cada año se producen, como mínimo dos tragedias a gran escala en el mundo.



Además, el manejo de los recursos y la ejecución de los créditos que el año pasado entregó el banco mediante el redireccionamiento de préstamos adquiridos con anterioridad por US$93,4 millones, fue suficiente para que este año le otorgara directamente al Forec un crédito por US$225 millones. Este es un logro importante para una entidad con apenas un año de vida y la coloca al lado de entidades de reconocida trayectoria como las Empresas Públicas de Medellín.



Sin duda, el modelo para la reconstrucción del Eje Cafetero es bien interesante. Además de ser ágil y flexible, de estar distante de presiones políticas y electorales, de brindar una mayor transparencia en el uso de los recursos y de aprovechar las ventajas comparativas que tienen organizaciones privadas, lo que se busca es un estilo de gestión con responsabilidades compartidas entre la administración nacional, las autoridades locales y las Organizaciones No Gubernamentales, con una gran participación de las comunidades afectadas.



El Banco Mundial lleva más de 35 años trabajando en Colombia con entidades de gobierno y la ejecución de sus proyectos están o en cabeza de la Nación o de las entidades territoriales. Desde hace un par de años está buscando nuevos ejecutores. Con la tragedia del Eje Cafetero se dio una gran coincidencia: el modelo del Forec, en temas de reconstrucción, y la búsqueda de nuevos protagonistas por parte del banco. Con este modelo, la sociedad civil o el tercer sector iba a estar mucho más cerca de las personas afectadas y el puente de las ONG con la comunidad era más directo.



La importancia del beneficiario



Además, los resultados que arrojó el Forec el año pasado motivaron aún más al Banco Mundial. En enero, un año después de la tragedia, en municipios como Montenegro o Calarcá, ya había obras culminadas y se habían entregado más de 300 viviendas. En comparación, la experiencia internacional habla de las dificultades para acometer obras y desarrollarlas en ese tiempo.



Estos trabajos se adelantaron dentro del Plan de Ordenamiento Territorial que cada uno de los 29 municipios afectados tiene y atendiendo la identificación que Ingeominas hizo de las zonas de alto riesgo en estas ciudades y poblaciones.



Solo el año pasado, el Forec aprobó ejecuciones presupuestales por $810.000 millones. "El banco nunca había visto una capacidad de ejecución tan alta, en tan poco tiempo y, hasta el momento, sin ninguna queja", asegura Natalia Gómez, oficial de proyectos de la entidad multilateral.



No solo se trataba de construir viviendas, sino de atender a los miles de damnificados. También se trataba de hacer censos que permitieran establecer quiénes eran los verdaderos afectados por el terremoto y, aunque hubo un cierto retraso en las actividades de reconstrucción, "las soluciones son más aceptadas y más duraderas en el tiempo, porque fueron concertadas con las mismas comunidades", señala Eleoterio Codato, especialista en administración urbana del Banco Mundial y jefe del equipo para el Eje Cafetero.



Y él tiene por qué decirlo. También atiende la tragedia de Venezuela para la recuperación de la zona costera afectada por las lluvias de diciembre, en la que el papel del Estado es preponderante y no hay participación del sector no gubernamental. "El modelo centralista, explica, tiene como única bondad que ejecuta acciones con mucha rapidez y en corto tiempo. Sin embargo, muchas de las soluciones que se hacen de esta manera, pueden no tener una sostenibilidad en el tiempo porque en muchas ocasiones las poblaciones afectadas o involucradas no se adueñan de las soluciones y no les tienen el mismo cariño a la vivienda o a los beneficios que puedan recibir. Una de las decisiones del gobierno venezolano fue la reubicación de poblaciones que habían perdido sus viviendas. Las mandaron a distintas partes del país, procurando una solución permanente para que se quedaran en sitios distintos a aquellos donde vivían. Y, aparentemente, hay un gran número de familias que han abandonado los lugares donde fueron enviados y por iniciativa propia regresaron a donde vivían antes", señala Codato.



Este ejemplo demuestra que, más allá de ejecutar obras, la verdadera efectividad de la ayuda está en el fortalecimiento de la sociedad civil para la reconstrucción más importante: la del tejido social.



Tan exitoso como el modelo implantado por el Forec en el área urbana fue el de la reconstrucción de la zona rural que quedó en manos de la Federación Nacional de Cafeteros. En el caso de la zona cafetera, más del 80% está reconstruido y en la no cafetera, la cifra se acerca al 90%, con inversiones que superan los $63.000 millones y $20.700 millones, respectivamente. "Lo más importante era sacar a las familias del tema de la tragedia y llevarlas al plano de la reconstrucción, para dinamizar todo este proceso", señala Edgar Echeverri, coordinador de la Federación en la reconstrucción del Quindío.



Un diseño hacia el futuro



Año y medio después de la tragedia, el país ha construido un modelo que es ya patrimonio social.



Aunque el modelo ha generado resistencias entre quienes defienden la institucionalidad pública y privada preexistente y ha tenido una prevención y desconfianza frente a la región, lo verdaderamente valioso es que los beneficiarios finales puedan definir con dignidad su desarrollo, independientemente de cuál sea el instrumento para canalizar la ejecución de las obras. Eso sí, el desempeño de las ONG ya es reconocido internacionalmente.



"Hay una comunidad más cercana a la decisión de qué hacer con recursos para beneficio propio. Y esa es parte de la respuesta", afirma Mauricio Cuéllar, oficial de proyecto del Banco Mundial.



Esto quiere decir que se trata de que la administración pública descubra dónde tiene fortalezas y cuáles son sus debilidades y buscar quién pueda suplir estas últimas.



¿Qué queda, entonces? Unas ONG fortalecidas, unas instituciones públicas dedicadas a diseñar políticas y estrategias a largo plazo y una comunidad más cercana con el diseño de su futuro. El problema real es perder la oportunidad de fortalecer las instituciones localmente y trabajar muy cerca del tercer sector.



Definitivamente, este es un proceso de conocimiento y a diferencia de las relaciones amorosas, entre el sector privado y público no alcanzó a haber coqueteos iniciales por el afán en la respuesta a los miles de damnificados. A pesar de ello, de la resistencia y de las diferencias, el modelo probó que es útil y viable. Lo importante ahora es que esta experiencia se pueda consolidar como una gran alianza estratégica...



El desarrollo productivo





Si la tragedia le dio al país la posibilidad de encontrar un modelo adecuado para atender catástrofes de esta magnitud, no puede ser menos cierto que la región necesita con urgencia un modelo de desarrollo empresarial y la creación de nuevas oportunidades de negocios.



En la Ley Quimbaya, que antes de que termine el mes de junio podría ser Ley de la República, "se blindan las normas para que no se conviertan en un sifón fiscal", explica el senador por Risaralda, Rodrigo Rivera.



Aunque la Ley tuvo un recorte del costo fiscal de los beneficios contemplados en el proyecto al pasar de $850.000 millones en diez años, a $350.000 millones, el beneficio básico está en la exención en el impuesto de renta, que va del 30% al 90%, para las empresas que se establezcan en la zona y para las preexistentes, si se vieron afectadas por el terremoto. Por otra parte, se asegura la inversión para reconstrucción por más de $170.000 millones, que corresponden al recaudo del 2 x 1.000 en los dos primeros meses del año entrante.



"Tendremos reglas del juego claras para que los dirigentes de la región puedan salir a promover la inversión privada", añade Rivera.



Sin embargo, la relocalización de empresas en la zona debe ir acompañada de políticas y desarrollos en infraestructura.



"Un empresario decide reubicarse si, además de las exenciones tributarias, encuentra una región moderna en infraestructura y con procesos de formación y educación acordes con el desarrollo industrial", explica un empresario de la región.



"No hemos tenido una mentalidad empresarial muy grande. Es hora, entonces, de construirla", explica Rodrigo Estrada, presidente de la Cámara de Comercio de Armenia.



Para eso adelantan programas como el de Espíritu Empresarial con jóvenes y niños y están promoviendo el desarrollo de un convenio con el gobierno alemán para implementar una universidad empresarial. Además de fortalecer el sector del turismo --para manejarlo en forma más empresarial--, la agroindustria y los desarrollos puntuales, como la Zona Franca y el Puerto Seco de la Tebaida.



El Forec, aunque está concentrado en la etapa de reconstrucción, destinará cerca de $25.000 millones en capital de riesgo para las empresas y el fomento de centros de desarrollo tecnológico.



El modelo



Los recursos para la reconstrucción están consignados en unos fideicomisos y se trasladan a cada una de las 32 gerencias zonales, cuando los proyectos han sido aprobados por las comunidades y el Forec.



La innovación



La agilidad del esquema de contratación privada, el hacer partícipe a la comunidad de los proyectos, el juego protagónico que se les ha dado a las Organizaciones No Gubernamentales y el "blindaje" contra intereses políticos o electorales.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.