| 6/18/1999 12:00:00 AM

Maestra de primera

Maestra de primera

El Premio Compartir al Maestro convocó a los líderes del cambio en la enseñanza escolar. Su trabajo es anónimo, pero tienen resultados para mostrar.

En algunas de las más apartadas escuelas de Colombia se están desarrollando, con las uñas, proyectos educativos de avanzada. Hay profesores que desarrollan el currículo escolar mediante la recuperación de las danzas tradicionales, los juegos y la integración de la cultura local. En una escuela campesina de Boyacá, los niños aprenden inglés con una profesora que les enseña canciones en un proyecto de su propia iniciativa. Son maestros que, por encima de las dificultades y las limitaciones, se han comprometido con su oficio y desarrollan cada día ideas y proyectos nuevos para mejorar la experiencia de aprendizaje de sus alumnos.



Pero son tareas que en su gran mayoría pasan inadvertidas. Consciente de esto, la Fundación Compartir, con Pedro Gómez Barrero a la cabeza, ha buscado, con el Premio Compartir al Maestro, reivindicar el papel esencial que cumplen los docentes en nuestra sociedad. El premio, que acaba de ser entregado, logró rescatar del anonimato valiosas experiencias de 2.700 docentes de preescolar, primaria y secundaria en todo el país.

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Se buscan líderes



El proyecto de la Fundación se centra en dos grandes dimensiones: mejorar la valoración social del docente y promover su profesionalización. La Fundación tenía claro desde el inicio del proyecto que, más allá del profesor carismático e intuitivo, quería resaltar docentes sólidamente fundamentados en sus conocimientos y dotados de la capacidad para guiar al alumno a usar lo que sabe para tomar decisiones, identificar problemas y actuar para resolverlos en el mundo real en el que vive.



Con base en estos objetivos, llevó a cabo una labor compleja de selección entre 2.700 solicitudes que fueron enviadas desde lugares tan variados como Río de Oro, Norte de Santander; Chivatá, Boyacá; y Mutiscua, Santander. La cifra refleja la amplia diversidad del país, pues participaron maestros de casi todas las regiones, de zonas rurales y urbanas y del sector oficial y privado ­aunque la participación de éste fue sorpresivamente minoritaria­.



En el proceso de selección, que implicaba la difícil tarea de escoger entre los 2.700 participantes un gran maestro y tres maestros ilustres, participaron 25 profesores universitarios expertos en la formación de docentes. Estos tuvieron en cuenta, como criterio diferenciador, en primer lugar, el profesionalismo del docente y, en segunda instancia, su grado de compromiso y liderazgo. Con esto en mente, estudiaron detalladamente las diversas propuestas y, a partir de esto, escogieron 20 nominados, a quienes visitaron en sus colegios, para profundizar más sobre la propuesta de cada profesor y conocerlo dentro de su ambiente, en interacción con sus colegas, estudiantes y, en general, con la comunidad que lo rodea.



De los 20 nominados, escogieron nueve finalistas, que fueron presentados ante un jurado compuesto por la viceministra de Educación Martha Lucía Villegas, Eduardo Aldana, José Luis Villaveces, Hernando Gómez Buendía y Mauricio Rodríguez, quienes votaron y escogieron cuatro ganadores: tres maestros ilustres y el gran maestro. Este proceso condujo a la selección de tres maestros ilustres: María Dolores Aristizábal, que enseña matemáticas a los niños ciegos y sordos en Medellín; Diego Londoño, profesor de básica primaria en Mitú, Vaupés, que ha buscado rescatar la cultura indígena en su comunidad; y Amparo Hernández, profesora de básica primaria de Arauquita, Arauca, que está empeñada en demostrar que se aprende mucho más fácilmente por medio del juego y la lúdica.



Gran maestra



El premio al gran maestro fue otorgado a Laura Pineda, profesora de lengua castellana en el Inem José Félix Restrepo, de Medellín. Nacida en Calarcá, Quindío, tiene una licenciatura de la Universidad del Quindío y una maestría en literatura latinoamericana del Instituto Caro y Cuervo.



Laura, quien en su infancia, cuando le apagaban las luces, las prendía a escondidas para aprenderse la tarea de la escuela, se define como alguien con "un motor propio" que la impulsa y la lleva a sacar las cosas adelante. Dentro de su trabajo, ha buscado encontrar solución a los problemas de comprensión de lectura y escritura en los estudiantes. Se ha dedicado a estudiar las diferentes teorías acerca del aprendizaje de la lengua y, con base en ellas, ha desarrollado metodologías para enseñanza que luego aplica entre sus alumnos, diseñando modelos y métodos de lectura para incidir en la productividad de cada estudiante. Por medio de seminarios de comprensión de lectura, que ella misma dirige, ha liderado un proceso de concientización de los profesores de su institución acerca de estos problemas.



Dinero habló con Laura Pineda sobre su experiencia en la enseñanza y sobre la forma como ella percibe el papel del maestro en la sociedad colombiana.



¿Cuáles son sus sueños en los próximos 10 años?



Mi primer sueño es el trabajo con los profesores. El problema no es evaluar al profesor y "cortar" al que no sabe. Hay que evaluarlo, pero darle la oportunidad de crecer y aprender de esa crítica. Los profesores tienen que aprender diariamente, intercambiar ideas y estar al día; deben mirar las propuestas pedagógicas y ponerlas en la práctica, adaptadas al medio en el que se mueven. Hay que ponerle mucho cuidado al profesor y a su capacitación.



Lo clave es poder romper con esa angustia y desánimo de muchos profesores. Hay que empezar a creer más en la docencia y romper con la desesperanza, para ver que sí se pueden hacer las cosas, así sea "con las uñas", en medio de la miseria y la violencia, o en los lugares más apartados y desprotegidos.



El segundo sueño es consecuencia directa del primero: empezar a ver resultados de la educación. Ese resultado es un hombre colombiano integral, que reconozca su propia cultura, que reconozca qué es lo suyo. El hombre actual está como descuadernado, ésta es una patria descuadernada. Este país tiene que ser el paraíso que era antes. ¡Qué dicha poder viajar en paz, poder vivir en paz!



El tercer sueño surge si hay un hombre probo, íntegro: el apogeo y resurgir de Colombia. El país a la cabeza de la innovación mundial.



¿Qué hay que hacer para que estos sueños se cumplan?



En primer lugar, se necesita invertir capitales y esfuerzos en educación. Pero esto solo no hace milagros. Lo más importante es que el maestro se reconozca como una entidad valiosa dentro de la sociedad y sea capaz de desarrollar cambios. Pero para llegar a tener el desarrollo que el país necesita, se requiere un cambio en la estructura educativa, en la mentalidad de los profesores, los alumnos y la comunidad en general. Debe ser un cambio en el modo de ser del colombiano para un proceso de desarrollo del país. Este proceso no se puede destruir ni desperdiciar.



¿Cuál es su percepción de la educación en la actualidad?



Hay muchas cosas positivas, muchos cambios que jalonan hacia nuevos caminos. Este es un momento crítico para nuestro país, pero se está dando una movilización nacional por la educación que es un síntoma interesante. La educación se está repensando en todo el país, lo cual es alentador. Por momentos podemos ver que no hay sino problemas, pero lo clave es que sí se vislumbran esperanzas. Hay que esperar que los procesos de paz se hagan efectivos, que mejore la situación económica. Mientras sigamos así, estamos en crisis; pero no hay que morirse de tristeza. Hay que salir adelante.



¿Qué va a ser de la educación en los próximos años?



Yo estoy convencida de que el problema de la educación no se puede ver como un hecho aislado, pues el profesor solo y abandonado no puede llevar a cabo ningún tipo de proyecto en el futuro. Es vital que cada institución se empeñe en poner un granito de arena para empezar a ver resultados, pero resultados que se generen como fruto de un trabajo conjunto que involucre a los profesores, las instituciones y las familias; en otras palabras, que congreguen a los distintos miembros de la sociedad.



¿Se ha encontrado con los empresarios en su labor docente?



A decir verdad, no mucho. Es indispensable que haya un mayor acercamiento entre la comunidad educativa y las empresas. Los empresarios, además de aportes económicos, deben incidir en otros aspectos importantes, como hacer posible que el estudiante ponga en práctica todo lo que está aprendiendo en el colegio en un espacio diferente al del aula. Así se puede fortalecer la inmersión de los muchachos en el mundo real. Los empresarios podrían abrir espacios de formación en diversas empresas donde puedan ofrecer este tipo de prácticas y entrenamientos. Los estudiantes no pueden quedar aislados en las instituciones; deben ver la realidad que les exige la cultura de la que forman parte. Esto les ayuda mucho a los muchachos.



Me parece que los empresarios podrían ayudar a hacer el trabajo pedagógico mucho más agradable. Es una lástima que trabajemos con material pedagógico tan deteriorado. Ellos pueden ayudar a fomentar, por ejemplo, el desarrollo de software especializado. Se requiere un trabajo colectivo y multidisciplinario para así tener, como dicen los economistas, mayor valor agregado.



Laura Pineda es un buen ejemplo de lo que pasa en Colombia, donde hay mucha gente que vale la pena, que hace país y que aparece donde menos se la espera. Una optimista irremediable y una líder capaz de cambiar el mundo en que vive: gente así es la que necesitamos.
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