| 5/12/2006 12:00:00 AM

Los retos

El gobierno debe asegurarse de que el trámite parlamentario del TLC no se convierta en un laberinto. Evitar que algunos congresistas decidan por conveniencias regionales es fundamental para que el Tratado salga ileso.

El nuevo Congreso del país, que tomará posesión el próximo 20 de julio, enfrentará un debate y una votación trascendentales para el futuro económico de Colombia: la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. La tinta del texto que tendrá que estudiar el nuevo Congreso ni siquiera está fresca. Al cierre de esta edición, negociadores colombianos estaban en Washington limando diferencias en el acuerdo que presentó Estados Unidos al equipo colombiano. Según Jorge Humberto Botero, ministro de Comercio, Industria y Turismo, las discrepancias se concentran en el capítulo agrícola, que se erigió como el más sensible durante todas las negociaciones.

Las cifras que se acordaron en las maratónicas jornadas de cierre están en entredicho y queda por ver si los supuestos logros de ese capítulo fueron solo un espejismo. "Tenemos que ponernos de acuerdo sobre varios asuntos que, individualmente, en algunos casos son importantes, y la sumatoria de ellos desde luego es muy importante", dice Botero. El ministro, sin embargo, es optimista: "se trata de problemas normales en este tipo de negociación", resalta.

Estas complicaciones, incluso si quedan resueltas satisfactoriamente, son artillería pesada para los detractores del TLC. Como señala Martha Abdallah, consultora y lobbista, los opositores del texto van a utilizar cualquier grieta para atacar el Tratado. "Las incongruencias en la redacción de los textos pueden ser un arma de batalla en el Congreso", dice Abdallah.

La aprobación en el Congreso es, por supuesto, esencial para que el Tratado se convierta en una realidad. El laberinto que tendrá que superar comienza en la Comisión de Relaciones Internacionales del Senado. El segundo paso es una Plenaria del Senado. Luego debe llegar a la Comisión de Relaciones Internacionales de la Cámara. Después debe franquear una plenaria de la Cámara y de ahí a sanción presidencial. Allí, sin embargo, no termina el camino: la Corte Constitucional debe decidir si el Tratado es congruente con las leyes nacionales.

Luis Guillermo Vélez, senador por el Partido de la U, señala que el debate sobre el TLC en el Congreso puede ser uno de los más duros que enfrentará esta legislatura. "Es muy probable que el acuerdo sea aprobado este mismo año", avisa. Aun así, Vélez dice que los argumentos que se presentarán en el Congreso serán una repetición de los debates que se vienen dando en el país desde cuando el gobierno decidió negociar el Tratado. "Los puntos neurálgicos de los enemigos del Tratado serán los mismos de siempre. El sector de cereales, el sector avícola y los medicamentos acapararán las discusiones", dice. Vélez, que se perfila como uno de los principales defensores del acuerdo en los debates que se avecinan, sostiene que la clave será resaltar la necesidad y los beneficios del tratado. "Con este acuerdo, conseguimos blindar a los exportadores. El consumidor, los manufactureros y el sector agroindustrial son todos ganadores", sentencia.

Una de las principales armas del gobierno para asegurarse una votación a favor en el Congreso son los subsidios para los sectores más afectados. Aun así, senadores como Vélez prefieren no hablar de subvenciones. "Se trata de una obvia y natural inversión para la reconversión del sector agrícola", explica. "Los que hablan de indemnización son profetas del desastre", remata. El gobierno, sin embargo, ha abierto las puertas a una avalancha de críticas en el Congreso, al reducir la cifra total de ayudas que se destinará a los afectados por el Tratado. Gloria Inés Cortés, viceministra de Hacienda, anunció a finales de abril que las ayudas prometidas por el gobierno de $500.000 millones serán recortadas en $140.000 millones, para llegar a $360.000 millones. La viceministra explicó que la cifra se redujo, debido al déficit fiscal registrado en el primer bimestre del año, que ascendió al 1,7% del producto interno bruto (PIB). Los renglones más afectados son el avícola y el arrocero, precisamente los que más han vociferado en contra del acuerdo. "Las cifras y las subvenciones que ofrezca el gobierno serán clave en cómo evolucionan las discusiones en el Congreso", dice Martha Abdallah.

Cambios en el gobierno

Buena parte del éxito del gobierno en el Congreso dependerá de la habilidad de sus ministros clave para defender los beneficios del Tratado, tanto frente a la opinión pública como en los debates parlamentarios. Todos los pronósticos apuntan a una victoria del presidente Álvaro Uribe en las próximas elecciones. No obstante, se espera que algunas carteras claves ministeriales cambien, lo cual puede reducir la destreza del gobierno a la hora de defender su caso. Si ocurren cambios en el Ministerio de Comercio o en el de Hacienda, las cosas se le pueden complicar al gobierno.

El gobierno, por su parte, espera que las campañas de información que ha hecho en las distintas regiones del país y los esfuerzos por hablar de los efectos positivos de un TLC incidirán positivamente en el sector público. "Hemos ido ganando espacio en las encuestas de opinión", explica el ministro Botero. "Eso incidirá positivamente en el Congreso".

El gobierno todavía no sabe muy bien con qué tendrá que enfrentarse. La composición del Congreso, aunque fuertemente uribista, ha cambiado pues la reelección de parlamentarios fue relativamente baja. También se espera una recomposición en la membresía de las Comisiones. Incluso en el caso de los parlamentarios reelectos, todavía no se sabe si estarán presentes en las mismas comisiones. "La Comisión Segunda es absolutamente crucial ya que esa será la puerta de entrada para el Congreso", dice Botero.

Otro escollo en el camino para la aprobación en el Congreso puede ser la debilidad de la ley de bancadas, que rige la disciplina de los distintos partidos a la hora de votar. Esa ley quedó llena de huecos, por los cuales se saldrán los parlamentarios, que no tendrán que seguir los dictámenes de su partido. Pueden alegar "objeción de conciencia" y así votar con prerrogativas regionales. "Si al sector cañero le hubiera ido mal en las negociaciones, todos los representantes del Valle estarían preparándose para votar en contra del TLC", dice Abdallah. El ministro Botero, por su parte, está consciente de esta posibilidad. "Es factible que algunos parlamentarios decidan en conveniencias regionales y no por disciplina de bancada".

A pesar de estos baches, el gobierno está optimista ante sus posibilidades en el Congreso. Como dice el senador Vélez, "cada vez hay más conciencia de la necesidad del Tratado para nuestra economía". El reto del gobierno es asegurarse de que los baches en el camino no se transformen en obstáculos insuperables.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?