| 8/12/1999 12:00:00 AM

Lo que nos trae el Fondo

El acuerdo con el FMI es el comienzo de un nuevo compromiso del gobierno para poner las cuentas en orden y en esto es bienvenido. Pero, ¿qué se va a negociar con el Fondo?

El diagnóstico lo dio Jeffrey Sachs hace un año. Colombia tenía que hacer rápidamente un ajuste estructural --apretón fiscal y devaluación-- para enfrentar los déficits de las finanzas públicas y externo. En su opinión, no había un momento más oportuno para hacerlo que el comienzo del nuevo gobierno. Si no se hacía, "el gobierno fracasaría y la economía podría destruirse", afirmaba Sachs (Dinero 64).



Sus palabras anticiparon lo que pasaría un año después. Con el agravante de que el gobierno no sólo ha dejado de hacer el ajuste requerido, sino que además se dedicó a anunciar por todas partes que lo ejecutaría inmediatamente. En consecuencia, perdió el activo más precioso que tienen una persona, una empresa o un país cuando entran en dificultades económicas: su credibilidad.



Tanto ajuste fiscal como se pueda, pero compensado con espacio para el sector privado.



Para recuperar la credibilidad no le quedó más alternativa que recurrir al Fondo Monetario Internacional. Sólo así el programa económico de Colombia podía volver a ser verosímil. Como lo afirmó recientemente Alberto Calderón, director de Crédito Público, en una conferencia vía telefónica con inversionistas de Nueva York, "la mejor contribución del FMI es servir como auditor internacional del programa económico".



Los mercados entendieron el mensaje: "nosotros no fuimos capaces, pero aquí trajimos a uno más grande que sí va a poder". Esta interpretación explica el alivio que el acuerdo con el FMI ha generado entre los observadores de la economía colombiana. Pero si bien es útil que los analistas externos vean la situación así, es peligroso que los colombianos nos tomemos demasiado en serio la misma idea. Una cosa debemos tener bien clara. El ajuste no lo hace el Fondo: lo hacemos nosotros y, por tanto, tenemos que saber a qué nos estamos comprometiendo.



El FMI está para lo que está



El Fondo Monetario Internacional fue creado para cumplir una misión central: mantener la estabilidad del sistema de pagos internacionales. Su papel en el desempeño de la economía mundial es cada vez más controversial y son numerosos los economistas de primer orden, encabezados por Jeffrey Sachs y Paul Krugman, que cuestionan duramente sus decisiones, como la aplicación de una receta innecesariamente contraccionista en medio de una crisis como fue el caso en Asia. Sin embargo, ni la misión primordial del FMI ni la forma como los directivos de esa entidad entienden su trabajo han cambiado. El FMI es el mismo de siempre y la razón por la cual Colombia entra a un programa con esta entidad es para ajustar sus cuentas externas y poder seguir siendo parte de la comunidad internacional.



La entrada en escena que el Fondo acaba de hacer en Colombia se ajusta totalmente a los parámetros convencionales que guían su labor. La comunidad internacional empezó a temer que si Colombia seguía igual, sin ajustarse, podría llegar a incumplir sus obligaciones internacionales. Los indicadores de deuda externa a PIB y deuda a exportaciones han alcanzado niveles preocupantes; este último indicador llega a 224%, muy por encima de 130%, el nivel que exige la norma para un país con calificación grado de inversión. La creciente resistencia de los inversionistas internacionales a invertir en Colombia sólo agrava el panorama.



¿Qué tipo de ajuste se aplicará en Colombia? El mandato legal del FMI, estipulado en el Artículo I de sus estatutos, es el de preservar el sistema de pagos internacionales. Antes de cualquier consideración de carácter social, un programa de ajuste con el Fondo buscará asegurar la capacidad de pago del país y su participación en el comercio internacional, para lo cual establecerá como criterio el logro de algunas metas macroeconómicas. En lo fiscal, muy posiblemente se impongan metas de déficit consolidado y de déficit primario (ingresos menos gastos del gobierno central netos del pago de intereses), pero además habrá metas de tipo cambiario y monetario.



Esto no quiere decir, sin embargo, que el programa con el Fondo no obligue además a Colombia a discutir y atacar los problemas estructurales más importantes, como lo han hecho otros países. El grado de la participación del Fondo en estas otras áreas depende de la capacidad relativa de cada país para resolver sus propios problemas.



Por ejemplo, en los países pequeños y pobres el FMI interviene por medio de otro tipo de operaciones distintas a los tradicionales créditos Stand-By o Extended Fund Facility, como el SAF y el ESAF (Structural Adjustment Facility y Enhanced Structural Adjustment Facility), que, aunque son parecidos a aquéllos en sus plazos, tienen un componente mucho más serio de ajuste estructural, dadas las condiciones más precarias de los países beneficiarios. Se supone que Colombia no está en esta categoría, pues más o menos sabe hacer las cosas y no necesita que el Fondo sea el que haga el ajuste.



De acuerdo con el ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, el programa de Colombia con el FMI no será del tipo Stand-By, sino de Extended Fund Facility a tres años, al estilo del nuevo acuerdo de México con esta entidad. Es una línea de crédito del FMI con el Banco de la República, estimada en unos US$3.000 millones, la cual puede o no utilizarse. Los recursos están ahí disponibles en caso de una contingencia, por ejemplo, que no se puedan hacer las privatizaciones. Su misión es servir como un blindaje para la economía y ayudarla a soportar eventuales ataques en su tránsito hacia la normalidad. Si los recursos no se utilizan, el costo es una comisión. Si se utilizan, a la comisión se añaden unos intereses.









El exceso de gasto del gobierno central por encima de la capacidad del país para financiarlo con generación de ahorro interno nos está llevando a la bancarrota.



Qué esperar



Mientras todo el mundo está complacido con el acuerdo con el FMI, nadie se ha cuestionado si la receta contraccionista aplicada en otros países sea la que se va a aplicar en Colombia. El enfoque del ajuste es clave. No basta con complacer a los inversionistas internacionales. Si se repite la receta de Asia para reganar la credibilidad en Nueva York o si el gobierno sigue haciendo un ajuste gradual, el resultado es un desastre. Para quienes tienen en sus manos la negociación con el Fondo es fundamental entender que se debe hacer tanto ajuste fiscal como se pueda, pero compensado con espacio para el sector privado.

Ahora bien, el acuerdo con el FMI aún no se ha firmado y muy posiblemente esta entidad esté esperando que el gobierno muestre su verdadero compromiso con el ajuste, para así poder actuar como garante del programa económico. En este aspecto son determinantes la presentación ante el Congreso del Presupuesto del 2000, que ya se hizo, así como la presentación y el trámite ante el Congreso de las reformas estructurales necesarias para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas hacia el futuro.



"Queremos un ajuste al estilo del nuevo acuerdo del FMI con México", Juan Camilo Restrepo.



"La mejor contribución del fondo es servir como auditor del programa económico", Alberto Calderón, director de Crédito Público.





Hay que entender también hasta dónde se va a involucrar el FMI en el tema colombiano ya que los resultados del programa con esta entidad son responsabilidad del país. Una vez se firme la Carta de Intención en la cual quedan plasmados todos los compromisos que el gobierno asume con el Fondo a cambio de su aval, ésta se convierte en una camisa de fuerza y lo único que le importa al Fondo es que Colombia cumpla las metas acordadas. Cómo lo va a hacer es problema del país. Es aquí donde resulta fundamental el buen criterio del equipo económico para evitar que el ajuste termine siendo más doloroso de lo necesario. No puede perderse de vista el hecho de que las metas que se le van a exigir al país para lograr el ajuste serán muy exigentes, muy probablemente contraccionistas, y no necesariamente irán en la misma dirección de una reactivación económica. Sin embargo, hay que cumplirlas.



Después de una o dos explicaciones o waivers de por qué las metas no se cumplieron, el Fondo deja de hacer los desembolsos acordados seguidos por los del Banco Mundial, el BID y la banca comercial. Todo esto ocurriría por medio de un mecanismo supremamente expedito y eficiente. Aquí sí nos la estamos jugando toda. Si esto llegase a suceder, el programa con el Fondo, más que una solución, terminaría siendo un desastre.
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