Las mujeres del Fondo

| 3/2/2001 12:00:00 AM

Las mujeres del Fondo

En las recientes negociaciones y revisiones que Colombia ha hecho con el FMI, tres mujeres han jugado un papel importante.

En las duras negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), quienes han llevado los pantalones bien puestos, por lo menos en materia de cifras y cumplimiento, son las mujeres.

Precisamente, uno de los aspectos desconocidos desde cuando se inició el acercamiento a la institución multilateral en 1999 es que en los distintos equipos que el gobierno y el Banco de la República han formado para las negociaciones, las mujeres han jugado un papel importante, tanto que en la más reciente, la del año 2000-2001, tres mujeres que trabajan con el ministro Juan Manuel Santos comandaron el grupo técnico colombiano: la viceministra técnica, Catalina Crane, y las asesoras del Confis, Carolina Rentería y María Inés Agudelo.



Si bien no son ellas quienes firman la Carta de Intención, su trabajo técnico durante el período de la negociación ha sido clave para lograr un buen acuerdo para el país. Una vez firmado, ellas están al frente para que las diferentes dependencias y empresas del Estado no violen lo pactado y mantengan bien apretado el cinturón en materia fiscal.



¿Quiénes son ellas y por qué llegaron ahí?



Pues sin necesidad de cumplir la norma que impuso un número mínimo de cargos oficiales en manos de las mujeres, las tres llegaron al grupo negociador por su experiencia y su trabajo. Después de estudiar en Harvard, de ser investigadora de Fedesarrollo y de ocupar varios cargos públicos, Crane llegó al Ministerio. Por su cargo, está al frente de la misión y lidera la negociación técnica con el Fondo.



Carolina Rentería y María Inés Agudelo, ambas economistas de la Universidad de los Andes, como asesoras del Confis, son el apoyo de la viceministra y están a cargo de las cifras fiscales.



El principio



Rentería y Agudelo han formado parte del equipo prácticamente desde cuando el gobierno tomó la decisión de buscar, en 1999, un aval con el FMI para iniciar un programa de ajuste, pues las condiciones de la economía colombiana no eran las mejores: el crecimiento iba en picada, las tasas de interés estaban por las nubes, la banda cambiaria a punto de explotar y las cuentas fiscales desbordadas.



Con un primer borrador de lo que podría ser el programa, viajaron a Washington. A la cabeza estaban Roberto Junguito, quien tenía la experiencia de la negociación con el FMI en 1984; Alberto Calderón, quien estaba al frente de Crédito Público; y Sergio Clavijo, como viceministro de Hacienda.



Desde la primera reunión, los negociadores supieron cómo iban a ser las negociaciones. En un salón, con una enorme mesa cuadrada, de un lado estaban Olaf Wolfensson y su equipo técnico, curtido en negociaciones. Del otro, los colombianos, quienes en su mayoría nunca habían negociado un acuerdo de intención como el que se quería con el FMI.



Las reuniones, que se podían extender todo un día o semanas enteras, siempre giraban en torno a la carta de intención de Colombia y el FMI, pero sobre todo, a las cifras que la soportaban. "A los pocos días aprendimos uno de los principios de negociación con el Fondo. Tener la justificación en cifras de todo lo que se va a proponer o a discutir y, sobre todo, ser muy transparente y franco en lo que se va a discutir", recuerda una de las negociadoras. Al equipo negociador se sumó, en la última etapa, la del 2001, la viceministra Crane. Después de este proceso, ellas coinciden en que la experiencia de negociar algo tan importante para el país es una experiencia estresante pero enriquecedora, de la cual no solo aprenden los negociadores, sino también el país.



Un ejemplo es el incremento de la calidad de la información. Cuando se inició el proceso, Colombia no contaba con las cifras necesarias para iniciar un proceso de ajuste que resultara exitoso ni mucho menos para hacer un seguimiento riguroso del mismo.



No improvisar



En el tema de la negociación misma, la experiencia adquirida es enorme y útil, tanto para ellas en futuras negociaciones como para cualquiera que los reemplace.



Lo más difícil que ha tenido que enfrentar este grupo es la negociación con un equipo como el del Fondo, que exige al máximo en la calidad de la información, más cuando "ya está preparado y tiene una estrategia clara de a dónde quiere llegar, con toda la información y la tarea hecha. Ellos, por ejemplo, nunca se sientan sin antes haber leído todos los diarios y las publicaciones colombianas del día", afirma Carolina Rentería.



De ese desequilibrio inicial en la capacidad de negociación, las tres han aprendido mucho y hoy están en capacidad de utilizar más estrategias que intuición. "No hay que llegar a una negociación sin estar preparado y, mucho menos, sin saber cuál es el objetivo que se busca ni la manera como se puede conseguir. Esto es algo que se va aprendiendo con el tiempo".



Entre las otras grandes enseñanzas que no dudarían en transmitirle a cualquiera que esté en una posición negociadora es, primero, la de no ser ingenuo. "Al principio hablábamos y nos fuimos dando cuenta de que todo lo que decíamos quedaba apuntado, recuerda María Inés Agudelo. Un día cualquiera sacaban el libro con lo que habíamos dicho y nos lo cobraban".



Segundo, siempre dejar por escrito todo lo que se habla, porque si no queda registrado no vale. Esa regla la aprendieron de los mismos negociadores del Fondo, quienes siempre se aseguraban de dejar actas y constancias de lo que podían o no hacer. Tercero, llegar con los números analizados de todas las formas posibles para no perder tiempo. Un cuarto punto es el de la transparencia, pues nunca hay que decir mentiras. Quinto, siempre hay que ser cordial. Presentar excusas si es necesario para que no se rompa la armonía y, por último, el aguante es indispensable, no solo para tolerar los temas recurrentes que nunca se acaban, sino para no ceder a la presión.



Además de la negociación técnica, está la negociación política en la cual interviene hasta el Presidente de la República; sin embargo, la parte técnica es la que sostiene los acuerdos y de su calidad depende cómo le vaya al país.



A pesar de haber iniciado una dura negociación sin tener la suficiente experiencia, hoy los negociadores se sienten capaces de enfrentar estos y otros acuerdos similares, sobre todo cuando se tiene la constancia y el aguante para hacerlo, como lo reconocieron sus similares del FMI.



¿Qué se aprendió?



Ir con todo listo.



Pilas con lo que se dice.



Transparencia.



Números claros, porque ellos tienen acceso a la misma base de datos y con base en ella hacen sus propios cálculos.



Buenas relaciones siempre, cordialidad.



Tener muy claro cuál es el objetivo y cómo se va a lograr.



Confianza de ambos lados.
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