| 3/18/2011 12:00:00 AM

Las mentiras de la gasolina

Dinero analizó los siete mitos que existen alrededor de los precios de la gasolina en Colombia.

La discusión sobre los combustibles en Colombia está que arde. El anuncio del Gobierno de aumentar en $220 el precio de la gasolina en marzo generó protestas y causó malestar en todos lados. Muchas voces se alzaron desde el Congreso pidiéndole cuentas al Ministro de Minas, Carlos Rodado. Y desde los medios otras tantas se quejaron porque en Colombia se paga demasiado por un producto fundamental para la vida del ciudadano.

La mala noticia es que si los precios internacionales del petróleo no bajan, el panorama se va a poner más crudo en los próximos meses. Pero, aunque suene políticamente incorrecto, las alzas tienen su justa medida. Detrás de ellas hay explicaciones tanto técnicas como de mercado que justifican su tendencia al alza. Por eso, el gobierno Santos se encuentra en una encrucijada de la que no va a salir fácilmente: o revive los subsidios del pasado, o deja que el mercado opere libremente y asume el costo político de seguir subiendo los precios en los próximos meses.

Dinero analizó con cabeza fría un tema que despierta tantas pasiones. Y encontró los siete mitos alrededor de los precios de la gasolina en el país.

1. Chávez regala gasolina, ¿Colombia también?

Uno de los principales argumentos de quienes protestan por el precio de la gasolina es que Colombia produce petróleo y, por eso, el combustible debería ser más barato. La ecuación no es tan sencilla. No hay razón para que Ecopetrol venda petróleo barato, si en el mercado internacional está caro. Eso sería subsidiar el precio de los combustibles, política que el país abandonó hace tres años, por sus elevados costos fiscales. Entre 2004 y 2010, el Estado colombiano destinó $22 billones para que la gasolina saliera más barata. Obviamente muchos se quejan porque en Venezuela el combustible vale menos de un dólar. Allá Hugo Chávez subsidia 90% del costo, lo que le vale al Estado venezolano US$1.500 millones anuales. La estrategia genera dividendos políticos, pero golpea las finanzas de Pdvsa, la estatal petrolera venezolana. En Colombia, la discusión ya fue superada: con la reforma de Ecopetrol, el país aceptó que subsidiar los combustibles no es una prioridad del Estado colombiano.

2. El síndrome Texas

Ya se dijo que Ecopetrol no tiene por qué vender el petróleo a un precio inferior al que hay en los mercados internacionales. Eso sería hacerle perder una oportunidad a la petrolera, que se comporta -como cualquier compañía-, buscando el mejor postor para sus productos. Gracias a esa estrategia, la firma dejó en 2010 utilidades por $8,6 billones; la mayor parte de ese dinero pasa al Presupuesto General de la Nación. No tiene ninguna racionalidad económica que la petrolera pierda una porción de esas utilidades para subsidiar el crudo. Por eso, la fórmula de cálculo de los precios de los combustibles tiene en cuenta la cotización del West Texas Intermediate (WTI), que es el precio de referencia para el mercado estadounidense. Desde enero de 2009, el petróleo ha venido al alza, pues pasó de US$50 el barril a más de US$100; el costo se duplicó en los últimos dos años. Eso se tiene que reflejar en los precios internos de Colombia. Ahora, con las tensiones en África del Norte y Oriente Medio, las posibilidades de que siga subiendo son muy elevadas.

3. Ola de impuestos

Al tanquear el carro, buena parte de los recursos se va en cubrir los impuestos asociados al combustible. Si no hubiera impuestos a la gasolina, el galón valdría cerca de $6.000; es decir, $2.300 menos. Allí figuran el impuesto global, el IVA y la sobretasa. Cada año, el Estado recauda por este medio $4,1 billones. La mitad de los recaudos va a las finanzas de los municipios del país para mantenimiento de vías. La gasolina genera mucho dinero a las arcas del Estado, pero vale la pena discutir cuál ha sido la eficiencia de esos recursos. Pocos usuarios creen que esos impuestos hayan ayudado a las regiones a tener mejores carreteras y reducir sus costos de transporte, por eso prefieren que se les subsidie el combustible.

4. La gasolina sí está muy cara

Aunque el precio actual de los combustibles es históricamente elevado, sigue siendo más bajo de lo que debería ser: si el precio estuviera completamente liberado, la gasolina debería costar casi $9.000 ($520 más) y el Acpm $8.500 ($1.400 más). El gobierno Uribe creó un mecanismo para que funcionara el mercado así: cuando el combustible está barato, se cobra un precio más alto, para ahorrar recursos. Cuando la gasolina sube, se gastan esos recursos para evitar variaciones excesivas. A este mecanismo se le llamó Fondo de Estabilización de Precios a los Combustibles (Fepc). Fue muy útil para mantener la estabilidad de las cotizaciones en los años anteriores: en 2009, la gasolina se mantuvo con el precio congelado durante seis meses y en 2010 durante siete meses. Pero los dineros del fondo se acabaron a finales del año pasado y hoy no tiene con qué operar. Por eso se ha generado un déficit de $250.000 millones que sigue creciendo a un ritmo de $220.000 millones mensuales. Si los precios no bajan, el país tendrá que pagar otros $1,2 billones de subsidio para los dueños de carros.

5. La Gasolina es inflacionaria

Este es un tema central en la discusión. Entre abril de 2009 y marzo de 2010, los precios de los combustibles variaron 9,70%. El IPC general de la economía fue 3,17% y el de transporte, 2,85%. Es claro que la gasolina jalona los demás precios de la economía al alza. Y este es un tema neurálgico para los consumidores, porque los combustibles tienen relación directa no solo con los costos del transporte de personas, sino con el de alimentos y productos básicos. Según un estudio elaborado por el economista Hernán Rincón en 2007, un choque de 10% en los precios de los combustibles implica una inflación adicional de 0,85 puntos porcentual. Las dos opciones para el gobierno Santos son: una mayor inflación o un mayor déficit fiscal.

6. La fórmula no resuelve el problema

Ahora el país está en vilo porque el Ministerio de Minas va a revelar la nueva fórmula de cálculo del precio de combustibles. El Gobierno ha generado mucha expectativa sobre el tema, pero el asunto es que esta medida no va a resolver el tema de fondo. La nueva receta podría matizar las variaciones, pero, con un precio del petróleo por encima de los US$100, será solo un paño de agua tibia. El Gobierno podría buscar mecanismos más creativos, como bajarle el precio al etanol, que hoy representa 10% de la gasolina y está muy caro. Esos recursos les llegan a los ingenios azucareros. También podría bajar el nivel de impuestos.

7. Un asunto de equidad

Ya vimos que los subsidios costaron en los últimos años $22 billones. Eso significa que los dos millones de propietarios de vehículos que hay en el país han recibido un subsidio anual en promedio de $1'200.000. Resulta injusto subsidiar a una porción menor de la población, cuando otros 20 millones tienen necesidades por satisfacer; más aún, en el contexto de una emergencia invernal como la que vivió el país en diciembre pasado. Esos recursos tal vez resultarían más útiles para financiar el acceso a vivienda de interés social.

Conclusión

El lío con los combustibles es uno de los mayores desafíos de política económica para la administración Santos este año. Se están definiendo temas de fondo: asuntos fiscales de grandes proporciones, impactos inflacionarios y políticas de equidad con los usuarios. A todas luces no es una decisión fácil la que tiene en sus manos el Primer Mandatario.

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