| 7/22/2005 12:00:00 AM

Las lecciones del Atpdea

Las preferencias arancelarias han ayudado a que algunos sectores colombianos sean competitivos en el mercado de Estados Unidos. ¿Cómo puede ayudar el TLC a que se multipliquen las oportunidades?

"Sin las preferencias arancelarias, probablemente habríamos tenido que dejar muchos de nuestros negocios en Estados Unidos", afirma Andrés Gallo, gerente de planeación estratégica de Super de Alimentos, una empresa de confitería de Manizales. En efecto, los estrechos márgenes del sector y la fuerte competencia con productores como Brasil y Argentina, convierten las ventajas arancelarias en un factor determinante para vender en ese país. "Al descontar el arancel, que es de 5,6%, el margen bruto mejora en 30%", puntualiza Gallo.

La empresa comenzó a exportar sus confites a Estados Unidos en 1998, bajo la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas ATPA, que fue reemplazada en 2002 por la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas y de Erradicación de Drogas, Atpdea. Con los beneficios arancelarios que se mantuvieron con ambas normas, y que vencen en diciembre de 2006, Super de Alimentos aumentó sus exportaciones gradualmente hasta llegar a US$3 millones en 2004.

Ahora, ante el inminente vencimiento del Atpdea, Super podría perder las preferencias arancelarias, a no ser que se incluyan de forma permanente en el Tratado de Libre Comercio (TLC) que se negocia con Estados Unidos. Ahí ya se ha conseguido que el 99,2% del comercio cobijado por Atpdea esté incluido.

Las recientes declaraciones del ex presidente estadounidense Bill Clinton, quien sugirió que es importante que Colombia tome más tiempo para firmar un buen TLC (ver recuadro), han desatado un debate público, en el que los contradictores de Clinton usan como contrapeso el inminente vencimiento del Atpdea. Si bien esto es cierto, el bajo aprovechamiento de estas preferencias evidencia que se necesita un TLC bien negociado, que no solo contenga disminuciones en los aranceles, sino un acceso cada vez más profundo al mercado de Estados Unidos. ¿Qué lecciones deja el Atpdea para estas negociaciones?



De Atpdea a TLC

Aunque casi el 100% de las exportaciones de flores está cobijado actualmente por las preferencias arancelarias y, según cálculos de la Cámara de Algodón, Fibras, Textiles y Confecciones de la Andi, en lo que va de 2005, el 72% de las exportaciones de confecciones utiliza el Atpdea (ver cuadro), en la mayoría de los sectores este uso no ha sido satisfactorio. En el mismo sector de las confecciones, Perú tiene un aprovechamiento de 85,6%, es decir, 17,2% mayor.

¿Cuál es la causa? Por una parte, las dificultades para obtener materias primas que cumplan las normas de origen en confecciones. Y por otra, que el Atpdea no garantiza un acceso real al mercado estadounidense.

Según la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, exceptuando el sector de textiles y confecciones, de las 5.504 partidas arancelarias en las que Colombia tiene preferencias, apenas se usan 66. En los productos agropecuarios, las mayores barreras de entrada no son arancelarias, sino técnicas o sanitarias. Según la Dirección de Desarrollo Rural Sostenible del Departamento Nacional de Planeación, productos como acelga, curuba, feijoa, granadilla, lulo, papaya, maracuyá, pepino, tomate de árbol, espinaca y apio aún no tienen acceso al mercado estadounidense, a pesar de su potencial exportador.

Estar conscientes de estos casos es útil para la negociación del TLC, pues le da fuerza a Colombia para defender la creación de un conjunto de instituciones que mejoren las condiciones para exportar, desde la perspectiva no arancelaria. Por eso, los negociadores colombianos están insistiendo tanto en los temas sanitarios y fitosanitarios del tratado. En esta materia, Colombia solicita crear grupos técnicos de trabajo permanente que solucionen los problemas sanitarios; establecer procedimientos administrativos transparentes entre las agencias oficiales sanitarias; fijar términos concretos que determinen procedimientos de trabajo claros, y que hagan más expeditos los trámites; y por último, instituir procedimientos para evaluar y validar los riesgos sanitarios y fitosanitarios, utilizando los estudios iniciales del país exportador. Otros capítulos del TLC, como el de Obstáculos Técnicos al Comercio y Solución de Controversias, generan una institucionalidad de largo plazo para mejorar el acceso real de los productos colombianos a Estados Unidos.



Corresponsabilidad

Para obtener estos beneficios, Colombia también debe hacer concesiones a Estados Unidos en la negociación. Si se firma el tratado, Colombia cambiará muchas de sus instituciones, adoptará nuevas disciplinas y, en especial, permitirá el acceso de cada vez más productos estadounidenses. El tratado generaría necesariamente un impacto en el sector productivo y, como explica Alejandro Vélez, vicepresidente técnico de la SAC, "hay concesiones que pueden darle un golpe gravísimo a la economía colombiana".

Por eso, el gobierno debe demostrar que la estabilidad social del país está en juego y que esto es importante para Estados Unidos. El Atpdea fue una concesión estadounidense, para compensar en parte su corresponsabilidad en el narcotráfico. Sería poco razonable que ese país anulara el efecto de las ayudas a Colombia, negociando un TLC que desestabilice al país o intensifique el conflicto. Este punto es vital en la negociación técnica del acuerdo y en la negociación política en las altas esferas del ejecutivo y el legislativo. Colombia deberá usar los argumentos muy bien, para que el tratado sea justo y el país lo pueda aprovechar.

Para que el TLC tenga un mayor efecto que el Atpdea, es vital que la agenda interna que están elaborando los sectores público y privado, se lleve a cabo y mejore las condiciones de competitividad. Y es clave que más empresas sigan el ejemplo de floricultores, confeccionistas y de aquellos que, como Super de Alimentos, han aprovechado oportunidades en Estados Unidos.
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