| 10/1/2004 12:00:00 AM

La reforma que se requiere

El problema fiscal del país hoy tiene un nombre: pensiones. El proyecto de reforma tributaria lo reduce apenas en una parte.

En medio de una ola de críticas de los gremios, de la oposición franca o fingida de muchos parlamentarios y del apoyo disciplinado de otros pocos congresistas, avanza en el Congreso el proyecto de ley con la cuarta reforma tributaria de la Administración Uribe.

Casi nadie discute la necesidad de conseguir nuevos recursos. Con pocas excepciones -como Anif y la Contraloría-, hubo acuerdo sobre el monto del gasto del proyecto de presupuesto para 2005 ($93 billones) y el debate más bien está centrado en la forma en la que se conseguirá el dinero.

En una síntesis gruesa, la propuesta del gobierno contempla el cobro de IVA a la mayoría de los bienes de la canasta familiar que hasta ahora estaban exentos, bajar a $1.000 millones el monto a partir del cual las empresas deben pagar el impuesto al patrimonio y gravar las pensiones con las mismas tarifas de otros ingresos laborales.

Los bandos se alinderan entre quienes tienen algún reparo a esas propuestas y quienes piensan que la reforma debería hacerse en renta y no en IVA. Las declaraciones de los congresistas muestran que tienen claridad en cuanto a que la forma en la cual se recauden los tributos tiene efectos diferentes sobre los contribuyentes y sobre sus decisiones de consumir y producir. Ese es un buen comienzo.



La discusión del IVA

La mayoría de los opositores al IVA insiste en que es un impuesto regresivo y afecta el consumo de las personas de menores ingresos. ¿Tienen razón? Al parecer, no. Un reciente estudio del Ministerio de Hacienda confirmó el resultado de un trabajo de Roberto Steiner, en el sentido de que el IVA en Colombia es progresivo, esto es, que recae más sobre los ricos que sobre los pobres. El tributo vale cerca de 3% del gasto total para el 10% más pobre y 9% para el 10% más rico.

En esos términos se podría usar el IVA para aumentar los recaudos, pero ¿con qué tarifa? Desde la Misión del Ingreso Público, se sabe que para mejorar la eficiencia y la equidad de la estructura tributaria en IVA, habría que pasar de las 8 tarifas actuales, a una o dos tarifas extendidas a todos los bienes. Esto facilitaría la administración del tributo y generaría menos distorsiones.

Además, señalan los informes de la Misión, el problema de la merma en la capacidad de consumo para los estratos más bajos que evidentemente genera el IVA, se podría corregir con un gasto público más enfocado en esos grupos.



Para vivir

de la renta

Algunos congresistas sostienen que la reforma debería enfocarse en el impuesto de renta. La propuesta es tentadora, porque parece dirigirse a los más ricos.

Sin embargo, Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda, señala el peligro de moverse en renta. Los que tributan son muy pocos, dice. Explica que 5.000 empresas generan el 65% de los recaudos por el impuesto de renta. Otro 20% se recoge entre 95.000 empresas y algunos grandes contribuyentes individuales. El 15% adicional lo pagan los asalariados que ganan más de $2'300.000 anuales y firmas muy pequeñas. Por esto, el 50% más pobre no tributa y solo lo hace el 20% más rico, una base estrecha.

La condición parece más difícil si se tiene en cuenta que cuando se suma el impuesto al patrimonio, la tarifa de impuestos para las empresas puede llegar a 41,5%, mientras que en Ecuador y Brasil es de 25%, en Perú de 30% y en Venezuela de 31%.

Con esas cifras, parece más importante aumentar el número de contribuyentes del impuesto, que los tributos entre los contribuyentes 'de siempre'. En 2002 había 430.000 declarantes. Hoy, dice Carrasquilla, son 700.000 y a final del año serán 750.000. La meta para final de 2005 es de 1 millón y para 2006 de 2 millones. Esto generaría un volumen suficiente de información como para controlar la evasión y permitiría cobrar algún tributo a los declarantes, con lo que luego se facilitaría la reducción de la tarifa para acercarla a niveles internacionales.

La discusión sobre la eliminación de las exenciones es un tema con frío recibo en la Casa de Nariño, pero que les gusta a los parlamentarios y a los académicos. Fedesarrollo lamentó que se haya desaprovechado la reforma para desmontar las exenciones, en particular la de la reinversión de utilidades, que considera redundante.

El ministro Carrasquilla las defiende como una forma de reducir la elevada tarifa efectiva de impuestos y advierte que en todos los países vecinos abundan las exenciones. Con todo, la recomendación de hacer que se conozcan los costos y los beneficiarios de las exenciones podría ser pertinente.



La reforma verdadera

Al lado de esta vistosa discusión, la verdadera reforma tributaria se está tramitando en la comisión Primera de la Cámara, en el Acto Legislativo que modifica el régimen pensional colombiano. Este eliminaría los regímenes privilegiados de jubilación, la mesada 14 para los nuevos pensionados y fijaría un tope de 25 salarios para las jubilaciones del sector público. También está puesta en unos pocos artículos de la reforma tributaria en los que se gravan las pensiones con la misma tarifa que se usa para otros ingresos de trabajo.

A pesar de que el gobierno ha generado un ahorro corriente en los dos últimos años, la situación fiscal sigue siendo crítica, porque la tan anunciada bomba pensional empezó a llevarse parte de los recursos del fisco. Este año será la primera vez en la historia que los pagos de pensiones -algo más de $11 billones- superarán las transferencias.

El problema no es sencillo. Hay cerca de 700.000 pensionados, pero su número crecerá a 2 millones en los próximos 8 años. Por eso mientras en 2005 se pagarán $11 billones, en 2006 $12 ó $15 billones y la cifra irá en aumento. En 8 años, dice el investigador en temas fiscales Juan Gonzalo Zapata, habrá 2 ó 3 jubilados por cada empleado activo en el sector.

Para el ministro de Hacienda, el país puede pagar el pasivo pensional en el largo plazo. "No es un problema de solvencia", asegura. "Es un problema de caja". Con un millón de pensionados, el 3,2% de impuestos no sería suficiente, por lo que realmente habría que dedicar una porción creciente de los ingresos fiscales a pensiones y quitarla a otros renglones de gastos.

El tema fiscal, entonces, no es de impuestos sino de pensiones. La prueba de esa aseveración es sencilla, "quítele el pago de pensiones y vea cómo queda el déficit", invita Zapata.
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