| 3/16/1998 12:00:00 AM

La otra verdad del petróleo

El problema de Colombia no radica en que se vayan una o dos compañías multinacionales, sino en la falta de una política moderna de hidrocarburos.

¿Qué hacer ante el irreversible hecho de volver a importar petróleo desde el 2003 cuando caigan las existencias de Cusiana y Cupiagua? La situación sería fácil si éste fuera el único dilema que Colombia debe resolver. Pero el panorama se complica porque tiene que buscar salidas a factores que inciden en el clima de inversión como los problemas de orden público, la extorsión de la guerrilla, la alta tributación, la inestabilidad en las reglas de juego y la pérdida de competitividad de nuestro país frente a otras naciones que entablaron una disputa abierta por la inversión extranjera. La pelea es totalmente desigual.



Hay tres alternativas si no se confirman excelentes reservas en los próximos meses en los campos que actualmente perforan en Guaduas la compañía GHK y en Casanare la British Petroleum, BP, y si los cambios introducidos en los contratos de asociación en octubre pasado no producen resultados efectivos.



La primera es implementar cambios radicales en los contratos de asociación petrolera y dar mayores beneficios a las compañías que se atrevan a invertir en nuestro país, tal como ha solicitado en los últimos años la Asociación Colombiana del Petróleo que reúne a todas las multinacionales con intereses aquí. La verdad es que si se comparan la rentabilidad que obtienen en nuestro país y su prospectividad geológica frente a las de Venezuela, México, Argentina y Brasil, estamos perdidos.



Según Ecopetrol, el 86% de las áreas potenciales no ha sido explorado y en él se podría encontrar seis veces más crudo del que tenemos actualmente. Pero en rentabilidad perdemos puntos pues el Estado se queda con el 85% de toda la renta petrolera y el asociado extranjero con el 15%. Este altísimo "government take" incluye todos los impuestos nacionales y locales que deben pagarse y las regalías, pero no los dos puntos de rentabilidad que pierden las empresas por el boleteo y el hostigamiento de la guerrilla.



Es cierto que en Venezuela el government take es del 92%, pero se compensa con la inmensa prospectividad geológica --72.000 millones de barriles de reservas probadas y cuatro millones de metros cúbicos de gas--, catalogada como una de las mejores del mundo después del Oriente Medio. Además, a mediados de 1997, Venezuela diseñó los cambios más agresivos de los últimos tiempos en su política petrolera para pasar de producir de 2,8 millones de barriles en 1993 a cuatro millones en el 2003. En el nuevo esquema de ganancias compartidas, las empresas privadas invertirán US$26.000 millones en los próximos años y la estatal PDVSA otros US$39.300 millones. En el caso colombiano, la inversión extranjera en petróleo ha perdido peso dentro de la inversión total pues pasó de representar un 58% en 1990 a un 20% en 1997. Para exploración y desarrollo en 1997 sólo entraron US$880 millones.



En cuanto a México, si bien no está abierto a la inversión extranjera, tiene poca capacidad de refinación y la empresa estatal Pemex tiene una deuda superior a los US$20.000 millones, posee las segundas reservas probadas de América Latina estimadas en 40.000 millones de barriles y 63,9 gigapies cúbicos de gas. En resumen, contra Venezuela y México no hay cómo pelear.



En el caso argentino, la situación es diferente pues, aunque el país austral tiene menor prospectividad geológica que Colombia, decidió tomar un reducido "government take" y aumentar la rentabilidad de los extranjeros. Más que petróleo, en Argentina se han encontrado buenas reservas de gas.



En las mismas



La segunda alternativa que tiene Colombia es la de seguir aplicando los tímidos cambios que ha hecho a partir de 1905 cuando se firmaron las primeras concesiones --Barco y De Mares--. Con los contratos de asociación en 1974, los de producción escalonada en 1989, la introducción del factor R en 1994, la aplicación de los contratos de riesgo compartido en 1996 y las últimas modificaciones de octubre de 1997 para estimular la inversión en zonas inactivas y en pequeños campos, la legislación petrolera colombiana se ha ido convirtiendo en una especie de "híbrido", como resultado de la fusión de pedazos de sistemas diseñados por otros países.



Si Colombia continúa por esta vía, seguiremos viendo año tras año las mismas cifras de contratos firmados, de compañías vinculadas, de pozos explorados y los conocidos problemas financieros de Ecopetrol. Hasta el pasado 28 de febrero había 103 contratos vigentes ­en 1974 eran 72­, 73 compañías extranjeras trabajando en el país, y pocos pozos explorados ­en 1980 se exploraron 50 pozos y el año pasado se bajó a 28­. En Estados Unidos hay 83 pozos explorados por cada 1.000 kilómetros cuadrados, en Canadá hay 11 y en nuestro país escasamente contamos con 2,1 pozos.

Enrique Amorocho,

Presidente de Ecopetrol



El nacionalismo



La tercera alternativa, quizá la más descabellada --que promueven diferentes grupos guerrilleros, sindicatos como la USO y uno que otro senador de la República como Jorge Santos--, es la de expulsar a las compañías extranjeras, nacionalizar el petróleo y rescatar los recursos naturales de la explotación multinacional. Si esto sucediera, Ecopetrol necesitaría US$4.500 millones en los próximos cinco años para realizar el mismo trabajo que hacen todas ellas actualmente. Y ni pensar en aumentarlo.



¿De dónde sacaría Ecopetrol los recursos para enfrentar esta osadía, si el deterioro de su flujo de caja y de sus finanzas en general crece año tras año? En 1992 le quedaba el 25% de margen sobre las ventas y en 1997 apenas tomó el 10%. En 1996 recibió US$1.005 millones por ventas, pero sus gastos laborales ­provisión para pensiones, jubilados y trabajadores actuales­ fueron de US$1.262 millones. Hasta ahora, ha compensado los faltantes de caja con la venta de las inversiones que posee en otras empresas, pero en 1999 ya no tendrá qué vender.



La era de cambios en la política petrolera debe iniciarse con la puesta en marcha de la anunciada reestructuración de Ecopetrol, cuyos objetivos ojalá obedezcan a claros criterios empresariales y no a los de una dependencia estatal que no se preocupa por su futuro económico. Ya se han adelantado cosas importantes, pero falta el empujón final.



Las de Perogrullo



En Colombia hay una serie de verdades que sirven para analizar y contradecir los cambios que se introducen en la política petrolera, pero que no aportan las alternativas que requiere esa industria. Hay que ir más allá. Algunas verdades que ruedan de boca en boca son:



* Tenemos petróleo para veinte años, aunque son muy pocas las cuencas sedimentarias en las que se ha trabajado.



* Colombia perderá la autosuficiencia petrolera y volverá a importar crudo en el 2003.



* Con los cambios introducidos en los contratos de asociación y con la actual estructura tributaria petrolera, hay garantía de estabilidad en las reglas de juego.



* Los problemas para el ingreso de más compañías extranjeras son la violencia y la guerrilla.



Todo esto es sabido: Y las decisiones, ¿dónde están?
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