| 4/18/2006 12:00:00 AM

La mira en la Dian

Es hora de invertir en el ajuste de la administración tributaria. Los resultados muestran que es una inversión rentable y que ayuda a garantizar la estabilidad de las finanzas públicas del país.

Entre enero y febrero, la Dian recaudó $7,95 billones en impuestos, $291.000 millones más que la meta establecida para el período y 21% más que en el primer bimestre del año pasado. La cifra superó los cálculos del presupuesto nacional, que suponían un aumento de recaudos de 9% en el año, y también el desempeño de 2005, cuando los ingresos tributarios aumentaron 17% en todo el año. A este ritmo, no parece improbable que el país cierre 2006 con superávit fiscal, algo que ya había pasado en todas las economías importantes de la región. "Entre 2002 y 2005, los gastos de funcionamiento del gobierno -gastos de personal y gastos generales- tuvieron un ajuste de 0,5% del PIB; los ingresos tributarios se incrementaron en 2 puntos del PIB; la economía ha crecido a buen ritmo, lo que a su vez ha generado 1,9 millones de nuevos empleos y ha reducido la pobreza y la indigencia. Las cifras de todos los sectores llevan a tener equilibrio fiscal", afirmó recientemente Santiago Montenegro, director de Planeación Nacional. Proyecciones como las del banco de inversión Bear Stearns también indican que el país mantendrá el negro. Los analistas de esa entidad creen que el recaudo crecerá entre 18% y 22% este año, con lo que se recogerían por impuestos algo más de $51 billones, alrededor de 17% del PIB, una cifra mayor al 15,6% del PIB que representaron los $44 billones recaudados en 2005. Con disciplina en el gasto, esto podría agotar el déficit. De hecho, el gobierno -que generalmente es cauto con esas cifras- ya redujo la meta de déficit fiscal convenida con el Fondo Monetario Internacional de 2% a 1,5% para 2006, y en febrero el ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla declaró en una rueda de prensa que podría llegar al 1%. El aumento en el recaudo podría ser consecuencia de un crecimiento económico mayor al esperado y del vigor de los balances de las empresas, pero cuando la tasa de crecimiento de los ingresos supera en 12 puntos la del PIB, es claro que hay algo más detrás de ese resultado. El mejor negocio Uno de esos elementos es la mejor gestión de la DIAN. De un lado, creció la base de declarantes y contribuyentes. Los inscritos en el Registro Único Tributario, RUT, pasaron de 400.000 en 2002, a 1,2 millones hoy y al finalizar el año habrá 2 millones. De otra parte, la puesta en marcha del sistema de información de la DIAN -el Modelo Único de Ingresos, Servicio y Control Automatizado, Muisca- ya parece haber tenido efectos en la reducción de la elusión y la evasión. Después de un retraso inicial en su implantación, hoy avanza de acuerdo con los cronogramas previstos. Para solo mencionar un caso, este año se presentarán 150.000 declaraciones de renta por vía electrónica con firma digital. Fortalecer la DIAN es un gran negocio. La Misión del Ingreso Público defendió las inversiones en administración tributaria porque son extraordinariamente rentables, pues se devuelven al gobierno en pesos y centavos, por la vía de nuevos recaudos. "Se debe hacer una inversión muy grande de capital y recursos humanos para que esa empresa de recaudo de impuestos sea más eficiente. Es la única que genera ingresos", señala Paul Cahn-Speyer, abogado tributarista y miembro de la junta directiva de la Misión. En esa línea, una tarea necesaria y que apenas comienza, es renovar y mejorar las condiciones del equipo de la DIAN. La tarea reviste cierta urgencia por cuanto en los próximos 3 años se pensionarán 2.000 de sus 5.200 funcionarios, que hoy tienen en promedio cerca de 50 años y 23 de servicios. La congelación de la planta comenzó a generar otro tipo de problemas. Desde hace 8 años, no hay promociones ni concursos. De esa forma, hay situaciones como que personas con dos especializaciones tienen cargos y sueldo de técnicos, ni siquiera de profesionales y mucho menos de especialistas. Óscar Franco, director de la entidad, anunció que aumentará la planta a 10.000 funcionarios en 3 años, con los que duplicaría su tamaño actual, y que abrirá más oficinas, en un plan que iniciaría con 15. En las condiciones actuales de la DIAN es una buena noticia, siempre y cuando se asegure que con ello mejorará su eficiencia. Al lado de esto, se debería estudiar una nueva escala de remuneración, para que los expertos en administración tributaria no tengan que irse del sector público como ocurre hoy. A cambio, como sucede en Perú, se les debe exigir a los funcionarios una muy buena preparación académica y capacitación permanente. Simple y claro Pero la eficiencia no solo se gana invirtiendo en sistemas de información y recursos humanos. Otros aspectos harían la administración tributaria más sencilla y transparente. De un lado, se deben simplificar las normas de impuestos. Por lo pronto, la Reforma Tributaria que el gobierno presentará el 20 de julio incluirá un nuevo Estatuto Tributario que dejará convertidos en 100 ó 200 artículos los 1.000 del texto actual. Será más general, porque incorporará las normas y los conceptos que hoy están dispersos en varios sitios y eliminará muchas disposiciones que solo se aplican a sectores o empresas específicas. Esta simplificación les reportará grandes beneficios a los contribuyentes y al gobierno. El año pasado, la DIAN resolvió 30.000 consultas y respondió 6.000 cartas de contribuyentes que solicitaban conceptos y precisiones sobre las normas. Esta labor se puede reducir con una normatividad más clara. Otra recomendación de la Misión del Ingreso que debería incluir la reforma es mover a la DIAN de su posición de juez y parte en el manejo tributario. Hoy no solo diseña las leyes, sino que administra su cumplimiento y conceptúa sobre su interpretación. Los empresarios se quejan de los cambios frecuentes en esas interpretaciones y algunos ven incluso intenciones oscuras en esas modificaciones. Por eso, se debería establecer una oficina de política tributaria en el Ministerio de Hacienda, que asuma el diseño de política de impuestos y circunscribir la acción de la DIAN al recaudo y la administración de los tributos. De otra parte, las funciones de interpretación de las normas y la solución de problemas se deberían trasladar a un tribunal especializado en impuestos. Algunos consideran que esta propuesta de repartir funciones solo produciría una explosión innecesaria de entidades: habría tres 'dianes'. No obstante, un esquema de esta naturaleza evitaría conflictos de interés y haría más transparente la administración de los tributos. Con un rediseño y un plan de inversiones claros para la administración tributaria, la DIAN se debería convertir en el instrumento eficiente que se requiere para manejar los recaudos del Estado los próximos 20 años. El proyecto de reforma tributaria puede ser el vehículo perfecto para incluir y desarrollar ese mensaje.
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