| 3/16/2006 12:00:00 AM

La costura del acuerdo

Ya terminada la negociación del TLC, la cadena textil-confección se convierte en uno de los sectores con mayor potencial. Dinero hace una aproximación a cuáles fueron las principales decisiones alusivas a esas industrias.

La gran preocupación de los productos que hoy entran con arancel cero a Estados Unidos, gracias a las preferencias Atpdea que vencen el 31 de diciembre de 2006, es que el recién firmado Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos no alcance a entrar en vigencia para esa fecha, lo que lOs obligaría a pagar aranceles mientras el tratado se ratifica. Pero la cadena textil-confección tiene una especie de seguro frente a ese vacío. En el acuerdo, quedó contemplada -en principio- la retroactividad recíproca para esta cadena, que, según fuentes del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, dependerá de la evolución del cronograma. Esto significaría que los aranceles les serán retornados una vez entre en vigencia el TLC.

De todas maneras, este Ministerio busca que el gobierno de Estados Unidos amplíe los beneficios del Atpdea para que empaten con la entrada en vigencia del TLC. Si no se amplían, el único sector que inicialmente tendría retroactividad sería el textil-confección.

Este es uno de los principales logros del sector en el TLC. El otro es haber obtenido acceso libre para productos distintos a las prendas de vestir, así como los mecanismos de ayuda para cumplir el origen de las prendas y confecciones fabricadas en Colombia, los procesos de acumulación y las listas de short supply (ver recuadro).

La integración vertical de Colombia es una ventana de oportunidad que los compradores de Estados Unidos quieren capitalizar, ya que las empresas están integradas, y en la medida en que la industria trabaje como cadena, en el país se puede lograr la proveeduría de hilos, telas y confecciones.

Asimismo, el TLC abre puertas para vincular inversión extranjera de productores de lugares como Asia o Brasil, que no tienen tratados comerciales con Estados Unidos. Y los mismos productores estadounidenses tendrían la opción de reubicar sus plantas en el país.

Lo negociado El TLC para el sector es una buena noticia, pues lo deja en igualdad de condiciones con los fabricantes centroamericanos, explica Juan David Rodríguez, presidente de CI Expofaro. "De arranque, tenemos más que lo que teníamos en Atpdea", dice Guillermo Valencia, presidente de Industrias El Cid. ¿Por qué? Porque se podrán exportar con arancel cero telas u otros productos como ropa de hogar -cortinas, sábanas, toallas, etc.- que no estaban en el Atpdea.

Como lo menciona Carlos Eduardo Botero, director de la Cámara Textil-Confección de la Andi, el año pasado se exportaron productos por US$80 millones "que no tenían ningún beneficio ni eran parte del Atpdea. Ahora van a tener una ventaja competitiva para llegar a ese mercado", agrega.

¿Cuáles fueron los principales puntos negociados? Además de la retroactividad, se logró la desgravación para todos los productos del ámbito textil confección. Es una negociación recíproca en forma inmediata para cuando arranque el TLC. El sector industrial de la cadena queda con la posibilidad de obtener la fibra de algodón de Estados Unidos sin pagar arancel, pero los algodoneros colombianos también tienen la posibilidad de ingresar a ese país sin pagar arancel.

De otra parte, para que las exportaciones de confecciones puedan entrar con arancel cero, los hilados, telas y filamentos deben ser de la región participante del acuerdo de libre comercio -Colombia y Estados Unidos-, pero se lograron algunas concesiones.

La primera es la acumulación de origen extendida, es decir, los confeccionistas se pueden abastecer de materias primas con países con los que Estados Unidos tiene acuerdos comerciales -Nafta, Cafta y Chile- y también en doble vía. Esto significa que desde Colombia podrían proveer de insumos a los industriales de esos países que exportan a Estados Unidos, sin perder aranceles. "Ya nadie quiere comprar tela, sino la prenda terminada. Así, nuestro reto es convertirnos en el proveedor más importante para los confeccionistas en Colombia y analizamos posibilidades en otros países como Nicaragua", explica Álvaro Lafourie, vicepresidente de Coltejer. En el tema de acumulación, falta por determinar valores, cantidades y tipo de telas, pero allí tendrían cabida productos sensibles como el nylon y los elastómeros, más conocidos por su nombre comercial, Lycra.

El segundo logro fue en brassières, donde basta con cortar y coser en Colombia para obtener origen. "Esta concesión se dio a partir de un concepto técnico porque un brassièr puede tener hasta 32 partes diferentes en su ensamblaje", explica Carlos Baresh, vicepresidente técnico de Protela.

Lo que no pasó Los confeccionistas también querían que les permitieran -sin perder el origen- traer materia prima de terceros países por cantidades y tiempos determinados (Tariff Preference Levels, TPL). Pero desde diciembre del año pasado, el gobierno colombiano les había notificado que no pasaría. Tampoco se logró que la flexibilidad de cortado y cosido de los brassières se extendiera a productos como vestidos de baño y panties.

El otro punto que no pasó es poder traer de terceros países materias primas como nylon, elastómeros y algunas hilazas. "Sabíamos que los negociadores estadounidenses no iban a ceder en este punto porque ¿qué pasaría con las capacidades instaladas de las empresas de ese país, si se autorizan materias primas de terceros países?", se pregunta Camilo Montoya, gerente para la región andina de Invista. Esta compañía es dueña de Lycra y produce entre el 50% y el 60% de las fibras textiles de Estados Unidos.

El TLC es sin duda una buena noticia para el sector, que está sufriendo los efectos de la revaluación, y que compite con los países asiáticos, que desde el año pasado pueden entrar a Estados Unidos con mayor libertad, por la eliminación de las cuotas.

En noviembre de 2005, las exportaciones colombianas de confecciones y textiles a Estados Unidos llegaron a US$500 millones, pero con una tendencia negativa, pues cayeron 1,5% frente al mismo período de 2004, según cifras de US Trade Commission analizadas por la Cámara Textil Confección de la Andi. Sin embargo, las posibilidades de crecimiento son altas, pues el 90% de las necesidades de ese país en confecciones se llena con productos importados, y Colombia solo abastece el 0,8%.

Este sector tiene el potencial para crecer si se enfoca en productos de mayor valor agregado, se diferencia de los asiáticos y aprovecha su cercanía con Estados Unidos. Aunque el TLC no es el remedio para todo, debe impulsar a los jugadores del sector a actuar como cadena y aprovechar las sinergias que se creen. Si no, el acuerdo será para pocos.
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