| 10/15/2005 12:00:00 AM

La CAF, banco iberoamericano

La Corporación Andina de Fomento avanza en su propósito de convertirse en el primer banco de desarrollo iberoamericano.

En 35 años, desde su fundación, la Corporación Andina de Fomento (CAF) pasó de ser una pequeña entidad financiera de cinco países andinos, a ser el tercer banco de desarrollo regional del hemisferio, después del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.



La CAF es el mayor proveedor de recursos de crédito multilateral para los países andinos, por encima del BID. Perú se lleva la porción más grande de esa torta, con el 24% de la cartera, y le sigue Colombia con 23%. Además, sus indicadores financieros son buenos, lo que podría ser una sorpresa tratándose de una entidad que les presta a países tan endebles. Con un patrimonio cercano a los US$2.800 millones y activos de US$9.590 millones, mantiene una relación de capital a activos de riesgo de 38,7% frente a 8%, requerido para los bancos en el Acuerdo de Basilea. Por eso, entre otras cosas, la CAF tiene una calificación de riesgo de largo plazo de A+ en Moody's, mejor que la de cualquiera de sus accionistas principales.

La CAF avanza en un programa para convertirse en el banco de desarrollo iberoamericano. Ya tiene 17 países y 16 bancos privados como socios. Dinero habló con Enrique García, presidente de la entidad, para entender cómo será ese cambio.



¿Por qué es tan buena la calificación de la CAF?

Estas instituciones son como una vaca. En el caso del Banco Mundial o del BID, a los ministros les interesa que la vaca les dé la mayor cantidad de leche. Pero en esos casos, los ministros de América Latina o de África no se preocupan mucho de la salud de la vaca, porque detrás de la solidez de esas instituciones están países como Estados Unidos o Japón. Si la vaca se enferma, ellos la curan o ponen otra. En la CAF no es lo mismo. Los ministros quieren la mejor leche, pero están conscientes de que hay que alimentar, vacunar y cuidar la vaca, porque si se enferma y se muere, no hay quién ponga otra.



¿Y hay más elementos?

Algo que ha ayudado en la CAF es su gobernabilidad. En la CAF no hay directorio residente, sino un directorio de alto nivel. Mi junta directiva -los ministros de Hacienda y los presidentes de los bancos centrales- se reúne 4 veces al año, pero como no es un directorio residente hay un alto grado de delegación a la administración en materia de decisiones importantes. Esto ha permitido separar las decisiones crediticias de las demás que se toman en esta institución.



El 95% de la cartera de crédito está concentrado en cinco países andinos. ¿Eso no es riesgoso?

Todos los multilaterales tienen una alta concentración. Pregunte cuánto tienen los demás en Brasil, México y en Argentina. En un artículo de ustedes (ver Dinero No. 235 página 24), alguien opinaba algo incorrecto. Nuestra concentración no es diferente a la del BID o a la del Banco Mundial. Lo importante para la calificación de riesgo es la fortaleza financiera de la CAF. La prueba es que los principales aumentos en la calificación se dieron en momentos en los que la concentración era mayor. Hace 10 años, Perú llegó a tener 32% de la cartera; Ecuador en los momentos más difíciles llegó a tener 26% - 27%. Hoy ningún país está por encima de 25%. Con el ingreso de Brasil, Argentina y Uruguay, la tendencia es obviamente a diversificar más la cartera.



¿Cuáles serán los nuevos socios de la CAF?

Hoy tiene 17 accionistas. Vislumbro que los países del Mercosur se convertirán en socios plenos de la corporación en los próximos 2 a 3 años, tan pronto los congresos de los países andinos aprueben el cambio del Convenio Constitutivo que los plenipotenciarios de los cinco países firmarán el 24 de octubre.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ya anunció la decisión de Brasil de ser socio pleno. Brasil tiene US$100 millones en el capital de CAF y se comprometió a cerrar este año con US$200 millones adicionales, con lo cual su participación estaría más o menos al nivel de Ecuador y Bolivia. En los próximos años, debe quedar entre lo que tienen esos países y lo que tienen Colombia, Venezuela y Perú: más o menos US$1.000 millones. La decisión de Argentina, Uruguay y Paraguay también es ir en ese proceso.



¿Y Portugal?

Si me preguntan si todos los países serán socios, yo diría que no. Para eso están el Banco Mundial y el BID. Pero nosotros le estamos dando una dimensión iberoamericana a la CAF. En ese contexto, obviamente Portugal es bienvenido. Hemos hablado con ellos. No hemos avanzado lo suficiente, pero es una posibilidad.

Una de las grandes riquezas de la CAF es su esencia latinoamericana. No queremos alterar eso. La agenda de la CAF se decide en América Latina y las decisiones se toman en América Latina. No queremos que se alteren la gobernabilidad y la propiedad de la entidad. No es una crítica al Banco Asiático de Desarrollo, al BID o al Banco Mundial. Son excelentes esquemas, pero son diferentes. Nosotros queremos mantener la esencia regional y la capacidad de decidir su destino.



¿Abrirán oficinas nuevas? Se habla de España.

Estamos fortaleciendo nuestra oficina de Brasil. En la medida en que Argentina, Uruguay y los otros países aumenten su participación y sus operaciones, consideraríamos también una o varias oficinas. El próximo año abriremos la de España. Será un puente efectivo para nuestra relación con Europa.



¿Los demás bancos multilaterales sienten que se les están metiendo en su campo?

Tenemos una muy buena relación de cooperación con otros organismos. Trabajamos muy bien con el BID, con el Banco Mundial y con el FMI. Nos reunimos dos veces al año para coordinar las cosas que podemos. Creo que todas estas instituciones tienen muchísima vigencia y en la medida en que se fortalezcan será mejor para la región. Uno de los grandes avances de los últimos 5 años es cambiar la rivalidad por una relación de alto nivel, que ha dado un espacio de manejo muy diferente.



En administración, ¿hay expansiones de planta de personal a la vista?

Hemos tratado de mantener una entidad pequeña. Cuando llegué a la CAF, había 225 funcionarios. Hoy, sumando consultores y todo, no llegamos a 300. Pero cuando había 225 funcionarios, los activos no llegaban a US$1.000 millones, hoy tenemos cerca de US$10.000 millones; las aprobaciones de crédito eran de US$200-300 millones al año, hoy se aprueban US$3.500 millones; había 5 países, hoy son 17. Nuestro auditorio tiene capacidad para 300-350 personas. El día que tenga que hacer una reunión de personal fuera de este auditorio, voy a comenzar a preocuparme.



¿Aumentará la participación de la CAF en proyectos privados?

En los años de las vacas flacas, cuando los gobiernos tienen dificultad de acceso a los mercados internacionales de capital, nuestra actividad en el crédito a los países es más alta. Esto sucedió entre 1998 y el año pasado. En los años de las vacas gordas, hacemos un mayor énfasis en el sector privado, porque es el momento con la mayor demanda de inversiones. En los próximos 5 ó 6 años habrá un mayor énfasis en el sector privado, sin decir que lo principal dejará de ser el crédito soberano.



¿Algún área en particular?

En los programas de integración regional con énfasis en infraestructura. También queremos fortalecer la agenda renovada de la CAF. Si queremos eliminar la pobreza y lograr mejor calidad de vida para la gente, tenemos que hacerlo en economías con alto crecimiento, que sean sostenibles y de buena calidad. Buena calidad quiere decir que sea eficiente, competitiva, incluyente, creadora de empleo y que respete la diversidad cultural y el ambiente.



¿Vienen productos nuevos?

Los más importante son los PPP -participación pública y privada-. Hoy se necesita una alianza en varios sectores, en particular en infraestructura. Varios de los fracasos en este sector llegan porque no ha habido un compromiso de los gobiernos de hacerlos viables, por ejemplo, con aumentos de tarifas o peajes.

También estableceremos instrumentos catalíticos (garantías parciales y otros), que les den seguridad a los inversionistas, en especial del ámbito privado. El otro desafío clave es desarrollar los mercados locales de capital y algo importantísimo, cómo llegar a los pequeños.



También hay programas medioambientales...

El programa latinoamericano del carbono busca aprovechar la ventajosa situación de América del Sur. Incentivaremos proyectos en los cuales los ahorros en emisiones de carbono se traduzcan en certificaciones y bonos que alguien compre en Alemania o en otro lado en vez de renovar su planta industrial. Tenemos el apoyo de Holanda y ahora de España por 60 millones de euros.



¿Ahí caben las empresas pequeñas?

Claro.



¿Conclusión?

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?