| 11/28/2003 12:00:00 AM

"Intervenir las exportaciones"

El mercado por sí solo no será capaz de generar las exportaciones que necesita el país. Por eso el gobierno tendrá que diseñar una política de comercio exterior más activa.

A la agenda Uribe le falta un elemento crucial: una política exportadora activa. Es la opinión contundente del profesor de la Universidad de Harvard y experto en desarrollo latinoamericano, Ricardo Hausmann, quién fue invitado por el Banco de Bogotá al país. Se puede estar de acuerdo con él o discrepar, pero las ideas de este, uno de los mejores economistas de la región, sin duda ameritan una consideración seria.

Asegura que las exportaciones no llegarán solas. No será suficiente negociar tratados bilaterales, ni bastará con tener derechos de propiedad claros, un entorno macroeconómico estable y que prevalezca el imperio de la ley. El gobierno tendrá que intervenir para promover la producción de bienes que hoy el país no ofrece.

Hace un siglo, Colombia encontró un nicho novedoso y rentable en la producción de café y luego en los 70 en la de flores, pero tendrá que repetir su hallazgo para moldear otras actividades generadoras de empleo y de cultura empresarial. La diferencia entre los latinoamericanos y los coreanos, dice Hausmann, "es que una idea de esas se nos ocurre cada 100 años, a los coreanos cada 5". Para acelerar el proceso, opina el economista, se requiere un proceso en el que juegue más la intención que el azar.

Así, el énfasis de este esfuerzo promotor se debe poner en la creación de empresas. Pero como la producción debe crecer de manera asombrosa, habrá que pensar en empresas grandes, quizás de un tamaño que hoy no contemplan ni los planes más ambiciosos. Con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC), se podrán atraer esas firmas diseñadas con escala global. Para ilustrar su propuesta de grandes inversiones y sus riesgos, cita el caso de la fábrica de Hewlett Packard en México. Si bajaran sus exportaciones hacia Estados Unidos, no podría simplemente reorientar las ventas a Guatemala y solucionar con eso el problema. "Si no vendes lo que produces, te lo tienes que comer", advierte.



A pesar del buen futuro

Para el economista, "la mano viene buena". Sostiene que los vientos soplan a favor de América Latina. La mejora en los precios de los bienes primarios, la afluencia de capital financiero y la reducción del riesgo país son elementos que refuerzan la posición regional este año.

Pero incluso en un entorno favorable como ese, piensa que se deben hacer más cosas. Hasta ahora, la agenda de reformas económicas no ha resultado en la aceleración del crecimiento. El mercado por sí solo genera muy pocos proyectos de exportaciones, quizás porque los empresarios privados perciben demasiados riesgos, o no pueden cargar con los costos de desarrollarlos.

Los exportadores, por ejemplo, deben sortear riesgos cambiarios de largo plazo. Las inversiones no se gestan por el hecho de contar con un tipo de cambio competitivo hoy. Los empresarios toman en cuenta las fluctuaciones de los próximos años. Hay formas para eliminar ese riesgo, en apariencia inevitable. Entre los exportadores de productos nuevos, se pueden crear y mercadear derechos para venderle dólares al gobierno al precio actual, con lo cual se protegen de las revaluaciones (ver recuadro).



La mano visible

Hausmann sostiene que en América Latina, los ejemplos exportadores no son necesariamente una muestra de la acción de la mano invisible del mercado. Al contrario, los mejores casos exhiben la labor bastante visible del gobierno.

En Brasil, los aviones de Embraer abrieron un renglón de exportación de crecimiento rápido. En el desarrollo de ese negocio, el gobierno ayudó a conseguir certificaciones laborales y de calidad y atendió múltiples necesidades institucionales del sector. En Chile, detrás del auge de las exportaciones de salmón y de frutas, también se ve la ayuda del gobierno.

El Salvador tiene una economía liberal, con poca intervención del Estado. Sin embargo, su principal exportación es la maquila, que le reditúa US$2.000 millones al año. La maquila, afirma Hausmann, es la menos neoliberal de todas las actividades, porque depende fundamentalmente de incentivos en El Salvador y de protección en Estados Unidos. Encuentra que la maquila es el resultado de la política industrial activa.



La receta local

Colombia no podrá crecer sin aumentar sus exportaciones en áreas diferentes de flores, petróleo y café, vaticina Hausmann. Si bien diversificó su oferta exportable, la velocidad con la que esta aumenta no es suficiente. De hecho, Colombia tiene uno de los menores niveles de exportaciones por habitante de América.

La experiencia reciente muestra que el mercado falla a la hora de descubrir nuevas áreas de negocios. El sector necesita entonces una política activa de promoción. El economista compara: Colombia vende US$200 millones en textiles al año y El Salvador US$2.000 millones, algo le falta a la política colombiana.

Para crecer más rápido, hay varias condiciones. La primera, mantener los resultados en materia de seguridad. La segunda, asegurar la sostenibilidad fiscal, no porque pueda traer beneficios en el futuro, sino porque permite mantener las condiciones presentes al evitar que las tasas de interés reales actuales aumenten y que la moneda se revalúe.

Además, hay que conservar las reglas de juego tan estables como sea posible. La amenaza de una reforma tributaria cada año, que puede cambiar las condiciones para los inversionistas, sería demoledora para este empeño.

Pero adicionalmente, hay que asegurarse de que la inversión venga, al buscarla y traerla de manera activa.

El gobierno debe promover la asociación de productores para conseguir la masa crítica para que despeguen los negocios de exportación. Por ejemplo, conseguir el tamaño mínimo de la industria que justifique tener una planta de tratamiento fitosanitario o una red de mercadeo especializada. Diseñar esquemas financieros para venderles a los fondos de pensiones la madera de proyectos forestales en el árbol. "Si el gobierno no se pone en la tarea de pensar en esas necesidades, ningún empresario privado lo va a hacer", afirma.

En pocas palabras, cree que "la actitud en exportaciones debe ser la de un gobierno que crea que su función es resolverle los problemas a la gente".
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