| 3/30/1998 12:00:00 AM

Gerencia armada

El nuevo sistema de presupuesto del Ministerio de Defensa Nacional exigirá resultados a la hora de asignar los recursos.

El nombramiento de un civil en el Ministerio de Defensa en agosto de 1991 fue una decisión política que muchos aplaudieron y otros discutieron. Si bien a primera vista podría afirmarse con base en los sucesivos golpes propinados por la guerrilla que esos civiles no han pasado la prueba en el plano militar, sí hay que reconocer los cambios administrativos que han diseñado y ejecutado.



Es difícil obtener resultados si el soporte administrativo no funciona. Tampoco se le puede exigir a un soldado que rinda, si el presupuesto de alimentación no pasó el Programa Anual de Cuentas, PAC, y las raciones de campaña no llegaron.



Es en este punto en donde la decisión de "desmilitarizar" la cabeza del Ministerio de Defensa podría cobrar sentido. Mientras los militares se ocupan de la estrategia, los civiles organizan la casa por dentro.



Rafael Pardo, el primer ministro civil desde el Frente Nacional, fue un economista que sabía asignar recursos para obtener resultados. Se preocupó por elevar la calidad de vida de la institución y logró la aprobación de la nivelación salarial.



El actual ministro, Gilberto Echeverri Mejía, es ante todo un gerente que sabe cómo poner en práctica la teoría. Por eso, la decisión de Echeverri de adoptar sin más espera el Sistema de Planeamiento, Programación y Presupuesto (SPPP) ­en que venía trabajando la Secretaría General desde hace tres años­, puede ser un instrumento decisivo para garantizar no sólo que los suministros y los equipos lleguen a tiempo a los batallones, sino para lograr que con cada peso que se invierta en defensa, se obtengan resultados en el control del orden público, la seguridad ciudadana y demás programas del Ministerio.



"El nuevo sistema de administración de recursos para la defensa es una respuesta al clamor de la opinión pública, que exige mayor eficiencia, claridad y racionalidad en el gasto público. Es imperativo hacerlo e implica un cambio total de mentalidad en la Fuerza Pública", explicó el Brigadier General Henry Medina, secretario general del Ministerio de Defensa Nacional.



Lo revolucionario del SPPP radica en que cambia la forma de elaborar el presupuesto con miras a que las compras se realicen de acuerdo con los resultados que se obtengan.



Hasta ahora lo que importaba era el monto de los recursos. Que se asignaran más. Es por eso que el presupuesto se elaboraba con base en la historia. Al del año anterior se le calculaba un incremento lo suficientemente "inflado" para que una vez hechos los recortes de rigor, la suma aprobada fuera similar a la deseada.



El SPPP, por el contrario, tiene una visión de futuro. Si se compra un avión, se deben incluir los rubros para mantenimiento, repuestos, instrucción y todos los gastos que se desprendan del nuevo equipo. Pero ­también­ la compra del avión debe estar justificada por los resultados que se esperan de él y por el objetivo que vaya a cumplir. A esto se añade un nuevo ingrediente. Se le asigna a la unidad que pueda sacar el mayor beneficio de él para cumplir los objetivos propuestos.



Esto compromete al comandante que elabora sus planes de gasto a programar más a largo plazo, y a asegurarse de dar un manejo óptimo a los recursos humanos y materiales que se le asignan.



La premisa que está detrás del nuevo esquema suena lógica, pero llevarla a la práctica implica tener muy claros los objetivos y prioridades de la entidad, un arduo trabajo de planeación, programación y, sobre todo, de información.



En la práctica, se podría llegar a un punto en el cual sea posible medir aspectos como la velocidad de respuesta de los recursos humanos y materiales en situaciones de combate o de normalidad, determinar con estadísticas cuáles son las fallas, por qué se ocasionan las demoras y, lo más importante, corregirlas.



Made in USA



El modelo que ha seguido el Ministerio de Defensa en la elaboración del nuevo SPPP es el de la Secretaría de Defensa de Estados Unidos, que se adoptó en 1961 y todavía sigue vigente. Precisamente, uno de los cerebros de ese programa, el profesor John Keller, que asesoró a Robert McNamara en esa época, es quien está asesorando el proyecto en Colombia.



Según explica Keller, el SPPP permite establecer una relación entre presupuesto, objetivos y resultados, con lo que se explicita consciente y racionalmente la defensa nacional.



Para Keller, la ventaja del sistema radica en que se planean presupuestos más reales. El SPPP se enfoca a programas, objetivos y amenazas, no es cortoplacista y, además, crea indicadores para medir la efectividad de los elementos de cada programa.



Este concepto suena fácil de aplicar a una empresa tradicional, cuyos resultados son tangibles. Sin embargo, en un país con problemas de guerrilla y narcotráfico, parece difícil decir quién va ganando la guerra, que sería la primera medición de resultados que se le ocurriría a cualquiera.



De ahí la complejidad que representa llevar a la práctica el SPPP. Por esto, la oficina de Planeación del Ministerio desarrolló una completa base de datos que consta de cinco módulos: objetivos y programas, evaluación, personal, recursos y estadísticas. Con ella, se puede obtener la más diversa información. Desde cuánto cuesta la operación de una pequeña base, hasta cómo está integrada y cuánto vale la planta de personal de toda la Fuerza Pública.



Esta herramienta de gerencia se combina con las fases de planeamiento, programación y presupuesto, para establecer resultados y asignar los recursos con base en ellos. El norte de todo el sistema lo fijan los programas (ver cuadro), ya que con el nuevo esquema las partidas se asignan a ellos y no a las Fuerzas.



Así, en el presupuesto de $3,6 billones que tienen asignadas las Fuerzas Públicas para 1998, el 42% se destina a la Policía Nacional, el 26% al Ejército, el 7,3% a la Armada y el 6,6% a la Fuerza Aérea.



Pero en el proyecto de presupuesto para 1999, la distribución ya no se hace teniendo en cuenta el gasto histórico de cada Fuerza, sino los programas que definió el Ministerio. Así, el control del orden público y la seguridad ciudadana se lleva la mayor parte de los recursos (26%) y a las Fuerzas se le reparte este dinero dependiendo del aporte que hagan al programa.



Hasta el momento, Planeación Nacional ha premiado al Ministerio de Defensa como buen ejecutor del gasto dentro de los parámetros vigentes, ya que en el último año ahorró unos $11.000 millones gracias al nuevo estilo de negociación en las contrataciones administrativas.



Por su parte, Keller considera que Colombia es uno de los pocos países que se ha comprometido a adoptar el SPPP con el rigor necesario. Lo único que falta es que el sistema aplicado por la Secretaría de Defensa de Estados Unidos, le permita a Colombia prepararse para afrontar ­ganar­ lo que se le viene encima.
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