Fukuyama FILOSOFO SOCIAL

| 3/24/2000 12:00:00 AM

Fukuyama FILOSOFO SOCIAL

El libre mercado es tan importante para el desarrollo como los valores, la confianza y la cultura de una sociedad.

Francis Fukuyama revolucionó el análisis de la historia y se anticipó a la caída del Muro de Berlín a finales de los años 80 con su libro El fin de la historia. Este profesor de política pública de la George Mason University, después introdujo el novedoso concepto del capital social como una nueva forma de ver la prosperidad y la generación de riqueza de los países.Autor de obras como Confianza y La gran ruptura, realizó estudios de pregrado en Cornell y es PhD en ciencia política de Harvard. Fukuyama, de 47 años, estuvo en Colombia y compartió con Dinero la relevancia de su trabajo intelectual para un país como el nuestro.



¿Su teoría del fin de la historia -o la del modelo social que triunfaría en la humanidad- terminó confirmada por la realidad? ¿El capitalismo es la única opción hacia el futuro?



Todo inidicaría que, en efecto, el comunismo no era el fin de la historia. Coincidente con la caída del muro de Berlín, encontré que el mundo, impulsado por el rápido desarrollo tecnológico, estaba convergiendo rápidamente hacia el capitalismo democrático como la única alternativa de organización sostenible. La combinación de democracia en lo político y mayor énfasis en los mercados en lo económico era el fin de la historia, la única alternativa creíble. Y la evolución de los últimos diez años me probó, para mi satisfacción, que estaba totalmente en lo correcto.



Pero no es solo capitalismo. Usted habla del capital social, ¿por qué es importante este concepto?



En mi segundo libro, Confianza, traté de evaluar con mayor profundidad el orden emergente después del fin de la historia. Y encontré los principios ocultos que hacen a una sociedad próspera: la vida económica depende, más de lo que todos los economistas y político creen, de la cultura. De los valores que comparte la gente. Las instituciones de la democracia y el capitalismo liberal deben coexistir con hábitos culturales que aseguren su funcionamiento.



Por ello encontré que las grandes divisiones de la humanidad no se daban por la geografía o por las razas o por las religiones, sino por la existencia de capital social. Sociedades como la japonesa tenían mucho más en común con la norteamericana que con la China. Más allá del individualismo enfatizado por los neoliberales, el poder de un país depende de la cohesión social y de sus comunidades.



¿Pero, qué pasa cuando las sociedades evolucionan hacia el capitalismo, pero no crecen en capital social, en ese grupo de valores culturales que usted menciona?



Ese es el tema de mi libro más reciente: La gran ruptura, un estudio las tensiones sociales asociadas con la convergencia hacia el capitalismo democrático en las sociedades desarrolladas. He encontrado que las instituciones políticas y económicas no se desarrollan de igual manera que lo social y lo moral. El orden moral está sujeto a fluctuaciones cíclicas derivadas del acomodamiento de los valores. En particular, examino cómo los últimos treinta años en el mundo occidental estuvieron caracterizados por una gran ruptura que se caracterizó por un aumento del crímen y la violencia, por un declive de la familia como fuente de cohesión social y por niveles decrecientes de confianza. Y detrás de esta ruptura encuentro un papel fundamental al cambio del rol social de la mujer. Su vinculación masiva al mercado laboral, permitida por la cambiante naturaleza del sitio de trabajo, y la revolución del control de su sexualidad, con la generalización de la píldora y del aborto, cambió las bases de la organización social alrededor de la familia. En los países en desarrollo, cuya estructura social depende aún más de la familia, las consecuencias de la ruptura de la familia nuclear pueden ser aún mayores.



Usted fue invitado a fines del año anterior a la gran conferencia del fondo Monetario Internacional sobre las reformas de segunda generación (www.imf.org/external/pubs

/ft/seminar/1999/reforms) como un crítico de las recetas del FMI y en general del consenso de Washington. Qué cree usted del enfoque de las instituciones multilaterales?



Las políticas del Fondo trabajan en algunos casos, como Argentina, pero no en otros, como México y Corea. Porque depende de las condiciones culturales de cada país. La creencia tan fuerte en las posibilidades del cambio instantáneo y en el poder de las instituciones públicas para inducirlo es un poco ingenua. Yo prefiero pensar que la modernización exitosa tiene al menos cuatro condiciones: la ideología, las instituciones, la estructura social y la cultura.



En los noventas, cuando el socialismo mostró su bancarrota, el gran cambio fue el renacimiento de la ideología liberal que combina la democracia política y la economía de mercado como un verdadero fin. Pero la democracia y los mercados no pueden operar sin instituciones que la hagan factible. Las dos instituciones más importantes son los partidos y la administración pública. Los partidos políticos son esenciales para la democracia, por ser la mejor forma de consolidar intereses para las decisiones de política, y cada vez veo más claro que la competencia política alrededor de personalidades es inmadura. Sin partidos fuertes es inevitable caer en el paternalismo, la corrupción y el juego de intereses particulares sobre los generales. La calidad de la burocracia es incluso más importante que la misma calidad de las decisiones de política. Sin efectividad de las instituciones públicas cualquier discusión de políticas es inútil. La explicación más simple del milagro asiático es la efectividad de sus instituciones públicas para formular planes y llevarlos adelante.



La tercera condición es la movilidad social y la eliminación de barreras que la impidan. Todo sistema de división social basado en herencias y rígida estratificación inhibe el desarrollo. La igualdad de oportunidades, al estilo americano o asiático, es mejor que la igualdad a través de las transferencias del Estado de bienestar europeo. Algún grado de protección social es necesario, pero también es facilmente abusado.



La cuarta condición es cultural: la confianza y el capital social. El capital social es el stock de relaciones sociales de cooperación, la habilidad de la gente de trabajar junta basada en compartir valores como la honestidad, la reciprocidad y el compromiso, es el grupo de valores y normas internas compartidas que permiten construir acción colectiva. Esta forma de capital es tan importante económicamente como el capital físico o el capital humano enfatizados por la teoría económica. El grado de capital social determina el tipo de estructura industrial de una sociedad. En sociedades de bajo capital social, como la China, el sur de Europa o el mundo católico latino, la economía está dominada por empresas familiares, e incluso los conglomerados son familiares. Sólo en sociedades donde el capital social es grande, como Estados Unidos, Alemania o Japón, es posible el desarrollo de las corporaciones modernas y los mercados.



En general, creo entonces, que el espectro de preocupaciones en la agenda pública tiene que ser mucho más amplio y rico que el que ha aparecido en el consenso de Washington.



Usted le concede al capital social un papel fundamental al papel del capital social en el proceso de modernización económica. Economistas tan prestigiosos como Arrow y Solow han cuestionado que este concepto sea tan útil, porque no es claro cómo se mide y cómo puede acumularse este tipo de capital.



Ha existido un gran progreso en la operacionalización del concepto de capital social en la última década. Las mediciones iniciales de Putnam enfatizaban pertenencia de la gente a grupos y organizaciones. Con el desarrollo de la encuesta mundial de valores, la medición se hizo cada vez más directamente sobre indicadores de confianza. En mi último libro propongo medir el capital social por su ausencia, es decir, mirar directamente la incidencia de las disfucionalidades sociales que denota su debilidad: el crimen y el desorden social, el declive de la familia como fuente de cohesión social y los niveles de confianza.



Respecto a la construcción de capital social, debo decir que aunque el capital social es con frecuencia un subproducto de la religión, la tradición y la experiencia histórica, puede ser generado por la acción pública, del gobierno y de la sociedad civil. El gobierno tiene dos instrumentos en sus manos. El más importante es la educación, no solamente para transmitir capital humano sino reglas y normas de comportamiento social. También es clave para la creación de capital social la provisión eficiente de los bienes públicos más necesarios: los derechos de propiedad y la seguridad pública, que permiten extender el radio de confianza más allá de la familia. La sociedad en general también tiene dos fuentes de creación de capital social: la religión -que no está perdiendo espacio sino en Europa Occidental- y la globalización de la cultura y las ideas. Finalmente la sociedad civil, y en particular el mundo empresarial, también tienen grandes instrumentos en sus manos. Las cámaras de comercio son el principal instrumento de generación de confianza en el mundo de los negocios. La creación y desarrollo de modernas escuelas de negocios es otra posibilidad. Y no puede dejarse a un lado las posibilidades de construcción de capital social en las empresas. En los sitios de trabajo se pueden construir expectativas laborales a través del entrenamiento, como las exitosas experiencias de Japón e Inglaterra en la posguerra lo demuestran. La creación de capital social al interior de las empresas es muy rentable para ellas mismas.



¿Por qué hoy en día puede ser mas rentable que nunca el desarrollo de capital social?



Porque con el cambio tecnológico de la sociedad informática se está generando una revolución en la naturaleza del trabajo. Más allá del trabajo manual, es el trabajo intelectual quien está ganando presencia. Y este nuevo tipo de trabajo está destruyendo las bases de las viejas organizaciones jerárquicas. Mas que verticales, y llenas de burocracia, las organizaciones modernas son más planas, con networks de gentes ligadas horizontalmente. En el nuevo puesto de trabajo de alta confianza, se está delegando más y más autoridad y responsabilidad hacia los niveles más bajos. La descentralización y el empoderamiento están a la orden del día, eliminando toda la horda de administradores intermedios de la vieja organización taylorista. Ello es un cambio notable frente a la organización de la segunda ola industrial. Como la información es local por naturaleza, las acciones correctivas son más simples, y cada vez más lejos de la centralización que intentó el socialismo.



Así como el nuevo sitio de trabajo requiere mayor educación de los trabajadores, requiere sobre todo mayor capital social, porque las decisiones son mas compartidas y la coordinación de múltiples iniciativas más necesarias. El éxito de la alta tecnología depende, tanto como del conocimiento de lograrlo compartir. Sylicon Valley, fue capaz de superar la epidemia de individualismo de las academias, para generar conocimiento compartido e intensivo en capital social.



Su teoría de capital social indicaría que los países de cultura hispano-católica, de familismo y bajo capital social, tienen barreras para el progreso. ¿Cómo se explica el éxito de Chile y España?



Creo que usted tiene razón en la importancia de no exagerar el rol del capital social frente a otros factores, como los usualmente enfatizados por los economistas para determinar el crecimiento económico. Chile ha demostrado que la estabilidad macroeconómica, las buenas instituciones y un buen marco general de política dan gran resultado. Igualmente España ha ilustrado la importancia de la estabilidad política y la inclusión en la Unión Europea. Las buenas decisiones de política, y la efectividad para llevarlas adelante, son demasiado importantes. Claramente, ustedes pueden crecer mucho si tienen buenas políticas económicas.



No obstante, dejeme decirle que estos países, a pesar de su éxito económico, no han roto su patrón cultural. Aun con más rápido crecimiento, las sociedades con poco radio de confianza generan mayor intensidad de negocios familiares en pequeñas empresas, con maquinas herramientas, textiles, confecciones, diseño. Y conglomerados familiares particularmente complejos, especialmente en épocas de crisis. Sectores que requieren gran escala, como semiconductores, automotores y petroquímicas, y que requieren empresas más modernas tienden a ir a grandes compañías a otro tipo de países. Por eso es importante una visión más amplia de las condiciones para la creación de prosperidad.



¿Cómo visualiza usted entonces el panorama de prosperidad de los países menos desarrollados en las diversas regiones del mundo?



Hoy en día puede ser más cierto que nunca que es una ventaja llegar de último. Es más barato comprar tecnología que desarrollarla desde cero. La revolución del conocimiento, con su nuevo acceso a la información y a la tecnología, da nuevas oportunidades para los países menos desarrollados para participar en la economía mundial, y es más relevante para organizaciones de pequeña escala como las que estos países pueden soportar. El principal problema es la fuerza de trabajo, porque la revolución aumenta los requerimientos de capital humano para participar. Ustedes ya tienen arriba gente suficientemente preparada, pero tienen grandes carencias en la base de la población que tienen que enfrentar con políticas educativas agresivas que eviten gran desigualdad. Déjeme insistir en las dos lecciones más importantes del Asia: la calidad de las instituciones gubernamentales y el énfasis en educación universal y de buena calidad.



Aunque no he estudiado con el detalle que requería el caso de América Latina, estoy muy entusiasmado con los enormes y genuinos cambios en ideología e instituciones que han tenido en la última década, con la creciente aceptación de la democracia y los mercados. Los temas de movilidad y capital social se ponen cada vez más a la orden del día.



Hablemos de Colombia. En el país hay diferencias extremas en el capital social de cada región. Hay, por ejemplo más capital social en la zona antioqueña que en la Costa. ¿No sería posible tomar ventaja de estas diferencias regionales? ¿Podría ser como Italia donde convive la cultura mafiosa del sur con el empuje empresarial del norte y el centro?



Aunque he leído las hipótesis del profesor Everett Hagen sobre Colombia, aún no alcanzo a entender las razones de tan diferentes patrones culturales. Creo que esa es una idea que bien vale la pena explorar, y la rica investigación de John Sudarsky, a quien también he leído con cuidado, debería servir para ello. Veo que el símil con Italia es muy grande, pues allí también coexisten en el Sur familias pequeñas y nucleadas, con familias más grandes y con capacidad empresarial en el centro. Y esta mezcla ha fundado grandes posibilidades de desarrollo. Pero no sueñen mucho con la experiencia de ese país. La extensión de la mafia fue mucho mayor a lo que todo el mundo creía, y ha hecho muchos más difícil el proceso de modernización.



Pero creemos, en todo caso, que Colombia no cabe dentro de su caracterización de sociedades jerárquicas y autoritarias como las del resto de América Latina. Colombia, a diferencia de Perú, México y Brasil, es una sociedad irreverente y libertaria que es vista por muchos como caótica. Aquí todo el mundo puede hacer lo que le plazca, sin demasiado respeto por las normas. Pero paradójicamente puede resultar mucho más versátil para enfrentar la nueva forma de hacer negocios. ¿O no?



El riesgo es que las sociedades libertarias pueden combinar lo mejor pero también lo peor. Tienen más innovación y emprendimiento empresarial. Pero también más crímen y desarreglo social. Si los colombianos no quieren seguir ningún tipo de reglas, van a tener que convivir con ambos. Y esto es un alto precio.



En cualquier caso, dejeme decirle que he venido a Colombia porque creo que este país es el más alto reto a las tesis que he venido exponiendo. Aquí la democracia y los mercados enfrentan problemas más profundos que quisiera entender.



En estos momentos de crisis parece difícil generar consensos para ir en cualquier dirección, no resulta fácil construir una visión de futuro...



Usualmente esta visión viene naturalmente después de un shock dramático. El ejemplo de Alemania es claro. La polarización fue clara en los veinte y treinta con la pugna entre fascismo y comunismo, con violencia y asesinatos. La agenda socialdemócrata fue una forma deliberada de incorporar las demandas en una economía social de mercado. Y es lo mismo en Japón. El sistema de empleos de por vida en las empresas fue parte de un paquete social creado después de la guerra mundial para darle a los trabajadores mayor seguridad. En el caso de ustedes veo algunos signos positivos. Creo que su presidente actual es mucho mejor al que había cuando vine a Colombia en 1997. El proceso de paz o la inclusión al NAFTA son por ello el tipo de retos que podrían ayudarlos a organizar las ideas para el futuro.



Pero usted ha enfatizado en sus libros que los grandes períodos de violencia y guerra destruyen capital social y con ello impiden el cambio, o incluso hacen más lento el cambio cultural. De los cinco casos de países exitosos que le mencionamos atrás, no ve usted la constante de un gobierno autoritario que acelera la transición? Su teoría del cambio cultural lento no está sujeta a disrupciones y discontinuidades?



Mancur Olson tiene la teoría que los periodos de cambio lento e incremental no son buenos para la sociedad, porque conducen a la acumulacion del poder de los grupos de interés, y las instituciones se vuelven muy dificles de cambiar. Las revoluciones tendrían esa ventaja. Como es claro en Alemania y Japón, las revoluciones entierran las viejas instituciones, y permiten hacer a un lado las dificultades que impone la estratificación social. Samuel Huntington también cree que el autoritarismo jerárquico a veces es necsario, y que las transiciones autoritarias tienen ciertas ventajas para promover cambios rápidos. Las revoluciones o las transiciones autoritarias pueden seguramente acelerar los cambios, pero creo que son un precio muy grande para pagar. Las tentaciones autoritarias, que parecerían estar surgiendo nuevamente en América Latina, son una ruta peligrosa, pues pocas garantías hay que el dictador resulte un buen lider. Tampoco entiendo la versión colombiana del cambio a través de nuevas constituciones. No hay que perder el tiempo en ellas si no están inmersas en la cultura...



Yo se que ustedes están muy entusiasmados con la ayuda americana, frente a la que hay que evitar dos síndromes. El primer es el de la intervención. Yo, que trabajé en el Departamento de Estado en el caso de centroamérica, me alegro que hubiese tantas restricciones al involucramiento de americanos en la batalla, porque los americanos siempre creen poder las cosas por si mismos. Espero que aquí haya tantas restricciones. La prohibición fue muy importante, porque este es verdaderamente un problema de Colombia y del ejercito de Colombia. El segundo síndrome puede ser más grave: el síndrome de dependencia que alguna vez llegó a tener Vietnam del Sur, que planeaban y hacían poco con la esperanza que los americanos podrían sacarlos de todas formas de sus problemas...



¿Cuál es su próximo libro?



Mi preocupación ahora es sobre el patrón de avance de la ciencia, especialmente en el área de biotecnología. Mi primer libro tuvo una equivocación en asumir cierta estabilidad en el patrón de avance de la ciencia y la tecnología que habría de permitir la convergencia en materia de desarrollo económico y social. El libro salió simultáneo con la explosión de la informática que pareció confirmarlo. Pero no me di cuenta en su momento que estaba justo antes de la explosión de las ciencias de la vida. La biotecnología va a tener un impacto mucho mayor que la informática. Hasta ahora las instituciones políticas se hicieron para acomodar la humanidad tal como era y así llegamos a las instituciones democráticas que conocemos. El próximo paso es encontrar instituciones que moldeen el comportamiento social, la naturaleza humana. . Yo todavía no se que va a pasar, pero tenemos que pensar muy seriamente en las posibilidades. Por ejemplo, creo que la eugenesia -el procedimiento por el cual a las personas con defectos se les quitan posibilidades de tener hijos, y por el contrario se promueve que la gente linda e inteligente tenga muchos hijos- va a retornar. Y ya no vendrá de la derecha, como en Alemania, sino de la izquierda, pues será una forma de superar las diferencias naturales. De hecho esta tendencia ya ha comenzado en el Asia, por ejemplo en corea hoy en día hay 122 niños por cada 100 niñas que nacen, gracias al desarrollo de métodos diagnósticos del embarazo y del aborto. La eugenesia, entonces, ya comenzó. Esta va a ser una revolución mucho más de fondo que todas las anteriores. Ya estoy pensando en la sociedad después de la informática.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.