| 4/9/1999 12:00:00 AM

Es tiempo de reforma agraria

La reforma agraria es obligatoria para lograr la paz en Colombia y desarrollar el campo. El proceso ya comenzó, pero la reforma no es como se la imaginan ni los dueños de la tierra ni la guerrilla.

En medio de las negociaciones de paz hay un hecho que llama la atención: el escaso debate público sobre los puntos centrales de la agenda que la guerrilla considera indispensables para llegar a una paz duradera en Colombia. Estos puntos, que incluyen entre otros la reforma agraria, la explotación de los recursos naturales y el desarrollo y modernización económica con justicia social (Dinero 60) son conocidos por la opinión. El debate abierto sobre ellos no se encuentra, en ninguno de los casos, más allá de los esfuerzos que una sociedad liberal, ansiosa de lograr la paz, debe estar dispuesta a asumir dentro de un proceso de negociación. En todos estos campos hay estudios serios, experiencias que merecen ser analizadas, diversidad de puntos de vista y elementos para definir el camino. Con el ánimo de participar en este debate e invitar a nuestros lectores a que también lo hagan, Dinero examinará los diferentes puntos de esta agenda propuesta por la guerrilla. El primero de ellos, que presentamos en esta oportunidad, es la reforma agraria.



Esta ha sido una de las grandes frustraciones del país durante décadas. Los ensayos de los años 60, que despertaron la esperanza de que sería posible llevar justicia social al campo, generaron una decepción y un desaliento mayores incluso que los que había antes de ellos. Lejos del ideal de convertir campesinos en propietarios, el resultado fue corrupción, una burocracia que devoró el proceso, tierras que se compraban a precios muy superiores a los del mercado para beneficiar a terratenientes con nexos políticos y pocos campesinos propietarios que, además, se encontraron con la sorpresa de que eran dueños de un activo improductivo.



La redistribución de la tierra sin acceso a crédito, a capacitación técnica y a los mercados, resultó un fracaso. De hecho, muchos de los campesinos que recibieron tierra terminaron vendiendo a los dueños anteriores, lo cual llevó de nuevo a la concentración.



Lo importante no es repartir la tierra, sino que los campesinos tengan proyectos productivos.





Una nueva visión



Esto no significa que se hayan agotado las opciones. Por el contrario, han surgido en el mundo y también en Colombia nuevas formas de aproximarse a lo que debe ser una reforma agraria. Hoy se entiende que lo importante no es repartir tierra, sino asegurar el acceso de los campesinos a proyectos productivos.



Como lo expresa Jesús Antonio Bejarano, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, y uno de los principales analistas del tema agrario en nuestro país: "Hay que derribar los obstáculos a la actividad empresarial y entender que la agricultura es empresa primero y cultivo después".



La clave está en encontrar la solución adecuada para cada situación. En algunos departamentos como Sucre, Nariño y Tolima, hay zonas en donde la única alternativa de supervivencia de la población es la agricultura y, por tanto, hay que solucionar la tenencia de la tierra. En otras, sin embargo, como Boyacá, Antioquia y Cundinamarca, el problema es que el minifundio es tan pequeño que le impide ser eficiente. Allí se requiere crear condiciones para que los campesinos puedan acceder a una mayor extensión de tierra. Esto no implica necesariamente entregar más títulos a cada campesino -aunque es una posibilidad- pues hay otros mecanismos que incluyen las formas asociativas y el arriendo.



Las alianzas



Lo que se necesita, entonces, es crear un entorno propicio para el desarrollo de proyectos y que les permita a los distintos actores asociarse ágilmente mediante la modalidad más conveniente. En estas modalidades de asociación deben tener participación activa los campesinos, los empresarios agrícolas y el Gobierno. Fórmulas de este tipo se han desarrollado con éxito en países como Malasia, donde al lado de los grandes cultivos de palma africana funcionan fincas satélites que pertenecen a grandes propietarios pero son operadas por campesinos.





"En el agro hay que hacer mucho de micro muy poco de macro", Jesús A. Bejarano. Se puede tener, por ejemplo, una asociación entre propietarios productores (agroindustriales) y pequeños campesinos, en la cual los grandes propietarios negocian parte de sus tierras con campesinos sin tierra y los hacen socios en la producción, la agroindustria y la comercialización del producto, mediante contratos de producción.



Otra manera es la asociación de los campesinos que son propietarios de la tierra, ya sea de manera individual o colectiva, y buscan a una empresa productiva agroindustrial para asociarse. Otra posibilidad es la asociación entre empresas de pequeños productores propietarios y la agroindustria, por medio de agricultura a futuro. Otra más es la asociación entre proveedores de insumos agropecuarios, agroindustria y pequeños productores mediante contratos a futuro. Estas son sólo algunas posibilidades; todo depende de las circunstancias de cada proyecto.



En Colombia ya estamos viendo el potencial de este modelo. Manuelita, por ejemplo, tiene un proyecto para sembrar 4.000 hectáreas de palma africana con pequeños campesinos, a quienes les proveerá la asistencia técnica y la financiación.



Participación de todos



En 1994 se expidió la Ley 160 de reforma agraria que busca corregir los errores del modelo de los años 60, fomenta la descentralización, se basa en la demanda y reduce la participación de la burocracia en las transacciones. La ley estableció un subsidio equivalente al 70% del precio de la tierra para la compra por parte de agricultores y trabajadores agrícolas sin tierra, con lo cual se institucionalizó en el país la negociación de tierras voluntaria y asistida por el Estado. No obstante, a pesar de sus buenas intenciones, su aplicación ha sido limitada, en parte porque se ha encontrado con grandes opositores -antiguos beneficiarios del sistema- y porque al parecer es difícil ponerla en práctica.



Hay, sin embargo, desarrollos puntuales que podrían representar un nuevo modelo efectivo y moderno. Con el apoyo del Banco Mundial y bajo la administración del Ministerio de Agricultura y el DNP, en marzo de 1997 se inició un proyecto piloto para poner en práctica el sistema de negociación voluntaria de tierras establecido en la ley e identificar incentivos para propiciar la redistribución mediante un mercado cruzado de tierras. Se escogieron 5 municipios, teniendo en cuenta los indicadores de calidad de vida y atendiendo a una tipología regional. Estos son:

La reforma agraria se puede hacer si hay participación de todos los actores del proceso.



Montelíbano, Córdoba, donde domina el latifundio. Es una economía de enclave en la zona minera de Cerromatoso. Su población es en un 40% urbana y en un 60% rural.

San Benito Abad en Sucre, donde prima el latifundio ganadero. En esta sabana la población rural alcanza el 90%.

Rivera, Huila, un municipio agroindustrial muy ligado a Neiva, donde el uso del suelo además está muy ligado a la recreación.

Fuente de Oro, Meta, zona de colonización de los años 50 y 60. Abundan las siembras de arroz y plátano y está muy vinculado a la agroindustria de Villavicencio.

Puerto Wilches, Magdalena Medio, donde la reforma agraria se hizo con cultivos de plantación de palma africana.

Estas experiencias dejan una lección central: hay que contar con mecanismos de decisión abiertos que permitan la participación de todos los actores. Para Manuel Rojas, coordinador de diseño del IICA, quien ha participado activamente en el proyecto, "lo más importante es la participación del municipio en la selección de tierras para reforma agraria. No hay información de tierras y es el municipio el que mejor las conoce. Por ejemplo, en San Benito Abad, cerca del 40% de la tierra no tiene títulos, y hay 1.082 Km2 de ciénaga que nadie conoce".



Además, las experiencias piloto revelan la importancia de la participación de las instituciones locales y regionales. Ellas son fundamentales en la selección de los aspirantes a la tierra, la orientación de las actividades productivas, la asignación de los recursos propios y de cofinanciación para el desarrollo de la infraestructura y la asesoría empresarial y técnica de apoyo a los campesinos aspirantes. Hay que garantizar información plena, lograr la participación de los campesinos en las decisiones de negociación de tierras y para la generación de enlaces con cadenas agroindustriales y de comercialización.



El empresario



Los empresarios del campo están mirando con atención estos experimentos, pues de ellos podría depender el desarrollo agrícola del país. Dinero habló con varios de ellos sobre el tema y encontró una preocupación dominante, que nos devuelve al comienzo de esta discusión: lo primero que los empresarios necesitan saber es si podrán trabajar en el campo, pues la inseguridad les impide siquiera ir a las fincas. En el momento en que se llegue a una discusión seria sobre reforma agraria con la guerrilla (es decir, una en la cual se hable de metas concretas en el tiempo) éste va a ser el punto central del que se desprenderán los demás logros.





Manuel Rojas, coordinador de diseño del IICA. Los empresarios tienen otros puntos adicionales en la discusión. Para que el nuevo modelo funcione habría que hacer cambios institucionales, como modificar la ley de arrendamiento de la tierra, que les da derechos de propiedad a los arrendatarios. Cuando se expidió la ley en 1936, durante el gobierno de Alfonso López Pumarejo, la cual estableció que la tierra es para quien la trabaja, se

generó un efecto perverso, pues los propietarios terminaron sacando a los campesinos de sus tierras y los volvieron trabajadores. Por este motivo, muchos prefieren que la tierra no produzca antes que tener arrendatarios en ella. Además, para acelerar el proceso en muchas zonas del país se requiere acceso a recursos de financiación de largo plazo y en ciertos casos, incluso a beneficios tributarios, al estilo de los de la Ley Páez.

Hacia adelante



Si algo queda claro de estas experiencias es que en la reforma agraria tendrán que participar todos: campesinos, empresarios, organizaciones comunitarias, gobierno y también guerrilla, si de verdad le interesa que los campesinos tengan acceso a la generación de riqueza. Todos tendrán que empezar por deshacerse de las ideas fijas del pasado. Los dueños de la tierra tienen que empezar a participar en la reforma agraria y olvidarse de que ésta es necesariamente lo mismo que expropiación. La guerrilla tiene que abrir su mente a la idea de que tenencia de tierra y generación de riqueza no osn lo mismo. Y el gobierno puede ensayar fórmulas nuevas, como gravar la tierra mediante la aplicación de un regimen tributario que estimule la producción y la productividad y que castigue las ineficiencias en los usos. Los tributos llevan a que la gente venda la tierra o busque diferentes maneras de ponerla a producir.



A los dueños de la tierra les costará trabajo sentarse a negociar de igual a igual con los campesinos, y a la guerrilla le costará revaluar su idea de que la única medida válida de avance es la ganancia de territorio. La reforma agraria es ante todo la transformación de las costumbres sociales, políticas, económicas, culturales y financieras del campo. Todo está por hacer, pero tenemos un mapa para recorrer el camino. En palabras de Bejarano, "el mundo hay que cambiarlo a pedacitos". Lo que se necesita para avanzar es voluntad.
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