Encuestas a las encuestas

| 4/7/2000 12:00:00 AM

Encuestas a las encuestas

Para qué sirven y en qué se diferencian los instrumentos de medición de la producción industrial del Dane, la Andi y Fedesarrollo.

Durante las últimas semanas, la discusión sobre la tan esperada recuperación de la economía se centró en una polémica estadística: ¿quién dice la verdad: el Dane o la Andi? Cuando el Dane reconoció que la producción industrial sin trilla de café no había caído -11,18%, sino que había crecido 5,37% en enero (debido a un error en el empalme de deflactores), la discusión paró y todos los comentarios se dirigieron a atacar a la entidad oficial.

Sin embargo, todavía sigue habiendo una diferencia de 6 puntos entre el resultado corregido del Dane y el crecimiento de 11,18% reportado por la Asociación Nacional de Industriales (Andi).



Esto hace que sea pertinente conocer por qué se dan estas diferencias y cuáles son la utilidad y los alcances de las encuestas de producción industrial.



En la actualidad, el Dane, la Andi y Fedesarrollo miden el comportamiento de la producción, por medio de la muestra mensual manufacturera, la encuesta de opinión industrial conjunta y la Encuesta de Opinión Industrial, respectivamente.



En general, todas estas entidades adelantan encuestas mensuales tratando de capturar el comportamiento de la industria nacional total y sectorial por agrupaciones industriales. Pero mientras la encuesta industrial del Dane busca "medir" con la mayor exactitud posible el valor de la producción, las encuestas de opinión industrial sirven para mirar oportunamente tendencias y expectativas no solo del sector industrial, sino de la economía en general. Además, por su flexibilidad, permiten indagar sobre temas específicos y de coyuntura. Fedesarrollo, por ejemplo, tiene módulos especiales de inversión y exportaciones.



Por tratarse de una medición más exhaustiva, el Dane posee la muestra más grande y, por tanto, la mayor cobertura y representatividad. Las encuestas de opinión restringen su muestra a mediana y gran empresa en el ámbito nacional.



Otra diferencia es que mientras las preguntas del Dane son cuantitativas, las encuestas de opinión son de carácter cualitativo. Es decir, indagan en cada variable si aumentó, disminuyó o permaneció igual respecto al período de comparación. La Andi también intenta cuantificar la variación de algunas variables; por esta razón, resulta más comparable con el Dane, aunque en estricto sentido no lo es.



El mayor defecto de la encuesta del Dane es que la base de empresas a las que se aplica fue escogida antes de la apertura. Pero a partir de este año lo va a empezar a corregir. La nueva muestra, unos 1.500 establecimientos, capta la nueva estructura de la industria e incorpora mayor desagregación industrial. Los resultados del rediseño se empezarán a ver a partir de enero del 2001.



¿Qué información particular hay en cada encuesta? El Dane presenta el valor nominal de producción y ventas. Además, cuantifica el número de empleados y obreros, así como el valor de los salarios y de las prestaciones.



Fedesarrollo evalúa lo ocurrido en el mes en producción, inventarios, pedidos, capacidad instalada y situación económica general. La Andi, por su parte, califica la situación de la empresa en producción, ventas, inventarios, exportaciones, rotación de cartera, capacidad instalada, rentabilidad y principales problemas afrontados.



Las encuestas de opinión cumplen un papel complementario, y si bien han perdido grado de oportunidad debido a que el Dane ha mejorado sus tiempos de respuesta, se convierten en un medio de control a las cifras oficiales, debido a su buena capacidad predictiva del comportamiento industrial (ver gráficas).



Sin embargo, el hecho que se tardará en advertir el error del Dane hizo que la recuperación durante el segundo semestre del año fuera mucho más lenta de lo ahora evidenciado, e influyó en el incremento de los spreads de los bonos de deuda y, probablemente, en la baja en la calificación del país por parte de Duff & Phelps. Además, es factible que las decisiones de inversión se hayan retrasado por las bajas expectativas.



La buena noticia es que el mayor crecimiento del sector industrial probablemente signifique mayores ingresos tributarios que el gobierno no tenía en sus cuentas fiscales. Ojalá no utilice estos "excedentes" para incrementar su gasto.



La lección es que los costos se habrían podido evitar, si el cambio de ciclo advertido por las encuestas privadas desde septiembre se hubiera analizado más juiciosamente.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.