| 9/2/2005 12:00:00 AM

En guardia frente a Nicaragua

"El ataque de Nicaragua a la soberanía colombiana", de Germán Cavelier y Alberto Lozano Simonelli, explica en detalle todos los envites que ha estado haciendo ese país contra nuestros límites.

No soy especialista en derecho internacional, pero esto me puede salvar de que se me acuse de lo que con frecuencia se califica como una "distorsión profesional" Así, sin prejuicio alguno, como un colombiano a quien preocupa cualquier problema que afecte a nuestra patria, me refiero al peligroso distanciamiento y conflicto que ha estado tratando de crearnos Nicaragua.

Ha llegado a mis manos el texto El ataque de Nicaragua a la soberanía colombiana, elaborado por Germán Cavelier y Alberto Lozano Simonelli, con un excelente prólogo de Jaime Pinzón López, rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Se encuentran en esta obra al detalle todos los envites que ha estado haciendo Nicaragua contra nuestros límites. Esto empezó con la insólita declaración de febrero de 1980 de la Junta de Reconstrucción de Nicaragua por la cual declaró Nulo e inválido el Tratado de Límites con Colombia, Bárcenas Meneses-Esguerra, firmado en 1928 y el cual implicó la ocupación de gran parte del territorio insular. El gobierno colombiano nunca ha reconocido la validez de semejante declaración ni en forma tácita ni expresa. No se ha aceptado que pueda existir litigio o discusión respecto a este tratado.

En 1980 nuestra Cancillería expresó que "Afirmar que el citado archipiélago está ubicado en la plataforma continental de Nicaragua es simplemente un absurdo jurídico". No obstante, este atrevido vecino ha continuado con tenacidad en su temerario empeño. En diciembre de 2001 presenta una demanda o controversia ante la Corte Internacional son sede en La Haya. Colombia se hace representar en la primera audiencia de trámite por el ex canciller Coronel Julio Londoño Paredes. Una gran parte de nuestros internacionalistas no ha estado de acuerdo con esta actuación pues considera que los límites están determinados por la Constitución y no pueden estar sujetos a discusión por parte de terceros países. El prologuista del fascinante texto que comento escribió al respecto: "Colombia ha debido rechazar este acto ilícito internacional de inmediato y, sin ninguna otra consideración, abstenerse de participar en un litigio planteado por Nicaragua que contradice la intangibilidad y vigencia de los Tratados Internacionales de límites".

En momentos en que Nicaragua sigue tras la oportunidad de dar un zarpazo a nuestra soberanía es bien pertinente recordar la opinión de Laureano Gómez en 1935, en su carácter de miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado: "Los Tratados de límites, como su nombre y su género lo expresan claramente, fijan y estabilizan el territorio de las naciones que los negocian, marcan y señalan sus fronteras, cuyas variaciones no pueden hacerse sino en virtud de otros Tratados, potestad soberana de la Nación.

"La sombra siquiera de un compromiso internacional que adquiere Colombia de alterar o revisar sus límites por la decisión de un organismo internacional, así sea el más alto, respetable e imparcial, es en grado máxima peligrosa porque ninguna Nación debe contraer compromisos jurídicos que no le sea lícito o factible cumplir. Como se desprende la letra y el espíritu de nuestra Constitución, los Tratados de límites que Colombia tiene celebrados o que celebre, no pueden ser modificados sino por otros Tratados".

Palabras sabias y claras que no podemos olvidar. Admiración por el estupendo trabajo de los doctores Cavelier y Lozano que invito a los colombianos a leer.
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