| 10/29/2004 12:00:00 AM

El valor de las balas

Las Fuerzas Militares y de Policía han mejorado su desempeño administrativo, pero necesitan más recursos. Cuáles son los resultados y cuáles las formas de conseguirlos.

En el presupuesto de la Nación para 2005, hay $9,2 billones asignados al gasto militar. A pesar de su tamaño, pocos saben si esa cifra es muy grande o muy pequeña, si el dinero se usa de manera eficiente, o si debería destinarse a educación y salud.

Los analistas del conflicto consultados por Dinero dicen que el gasto militar debe crecer, incluso a pesar de que su eficacia pueda mejorar.



¿Será suficiente?

Algunos argumentan que el gasto militar es una inversión, pues la guerra destruye capital y el monto del capital destruido depende de manera inversa del volumen de ese gasto. Eso justificaría un gran aumento del gasto; pero como ocurre con otra inversión pública, cuando esta crece, se reducen el consumo y la inversión privados (crowding out). Así, para establecer el nivel óptimo de gasto militar, hay que balancear el beneficio social de la menor destrucción de capital con el costo de reducir la inversión privada. Los estudios de Andrés Arias, actual viceministro de Agricultura, muestran que el gasto militar debería subir en 1 ó 2 puntos del PIB.

Otros justifican el aumento del gasto en las necesidades de inversión en las zonas de conflicto. "Para la ofensiva en el sur, hay que construir infraestructura en un medio hostil y en un escenario grande", señala el investigador de la Universidad de los Andes, Román Ortiz. Los contactos entre militares y guerrilleros en esa zona requieren mayores inversiones en municiones y movimiento de tropas.

El gasto también debería aumentar si el Estado busca retomar el control en los territorios de los cuales desaloja a los actores armados ilegales, como en Cundinamarca. Allí debería incrementar el número de soldados campesinos y el gasto en programas sociales para que los lugareños no sean reclutados por otros grupos ilegales.

Otros expertos, como Gonzalo de Francisco, señalan que el gasto militar debe subir para equiparar al menos en parte el poder financiero del Ejército con el de sus contrapartes armadas ilegales. Destaca que en los 80 y 90, el crecimiento de los ingresos por narcotráfico de guerrilla y paramilitares fue mayor al del presupuesto de defensa.

Una razón adicional se podría derivar de las conclusiones de los trabajos de Eduardo Pizarro sobre el posconflicto. Explica que, a diferencia de otras naciones en guerra civil, donde la reconstrucción comienza cuando termina el conflicto, en Colombia se reconstruye desde ahora con programas como los de reinserción y atención a desplazados.

Con todo, las cifras van en otra dirección. Los datos de Planeación Nacional para 2003 muestran una caída de los indicadores de gasto en dólares, como porcentaje del PIB y per cápita. Los índices de tamaño de la Fuerza Pública no son mayores que los de otros países con menos problemas de seguridad. Así, con información del International Institute for Strategic Studies, mientras en 2002 había 200.000 soldados, el 0,45% de la población, en Ecuador el 0,46% está enlistada y en Chile el 0,49%. Las cifras para 2004 y 2005 no crecen mucho.



Cuánto más

A pesar de las limitaciones, la posición del Ministerio de Defensa es pragmática. "Nos ajustamos a la realidad concreta del presupuesto disponible", dice el viceministro Jorge Mario Eastman. "Estamos totalmente conscientes del esfuerzo fiscal que están haciendo el gobierno y el país", añade.

Así, con los límites presupuestarios han ajustado sus programas. No obstante, el Ministerio estima que requeriría $720.000 millones adicionales en 2005 para cumplir programas claves: activar 5 batallones en el plan energético y vial, enlistar 2.000 soldados de mi pueblo, y poner en operación 3 compañías contraguerrilleras para la Armada y 5.000 carabineros.

Además, necesita mejorar en dos áreas vitales. La primera, movilidad -que hoy sigue siendo reducida, reconocen los militares-, para lo cual requieren helicópteros para mover tropas hacia varios sitios simultáneamente. Por falta de ellos, hoy deben escoger entre operaciones. La segunda, aumentar la presencia del Estado en las zonas controladas.



Cómo ganar

Pero los expertos coinciden en que el aumento de gasto no terminará el conflicto de la noche a la mañana. La experiencia internacional muestra que cuando hay insurgencia, las guerras se prolongan. "No se puede acelerar su fin", dice Ortiz. Por eso, a la par con el aumento del monto, hay que pensar en mejorar la eficiencia del gasto.

Una de las primeras decisiones -cuánto debe ir a los 'dientes' del aparato de combate y cuánto a la 'cola' administrativa- no se puede ajustar a parámetros internacionales. Varios investigadores afirman que la relación entre personal de combate y de administración ha mejorado mucho en los últimos años. De hecho, las más recientes estadísticas de Mindefensa muestran que solo el 1% de las personas con entrenamiento enlistadas tiene cargos de administración, pero eso no quiere decir que no pueda mejorar. María Victoria Llorente, de la Universidad de Los Andes, afirma que en la Dirección General de la Policía, en Bogotá, el 5% del personal corresponde a policías profesionales. Esas tareas podrían ser desempeñadas por civiles expertos en esas áreas.

La segunda decisión, en la que hay avances reales, es en logística.

En esto, la Fuerza Pública centralizó una parte de la compra de bienes, la contratación y el mantenimiento de aeronaves y barcos. Solo en la compra unificada de medicamentos, ahorró $22.000 millones en 2004. Además, asegura el viceministro, hoy los soldados en combate no se quedan sin municiones o alimentos, por días, como ocurría hasta hace poco. En el plan de centralización seguirán las compras de energía y combustible.

Además, en diciembre se hará la primera prueba de un sistema de información desarrollado con SAP y la ayuda de Lockheed-Marietta, que manejará en tiempo real los inventarios y las compras de todas las Fuerzas. El sistema debe estar operando en junio de 2005. También seguirá la reducción en el número de ordenadores de gasto de 180 en 2003 a 50 en 2004 y bajará más en 2005. Es tan importante el avance que "la logística cambiará la ecuación de la guerra", asegura Eastman.



Más tecnología

La mejor logística se complementa con tecnología. Se unificaron los sistemas de comunicación para todas las Fuerzas, que ahora pueden coordinar sus acciones en combate. Antes, la Fuerza Aérea debía comunicarse con su base, para que ellos se comunicaran con la de las fuerzas de tierra.

Hay desarrollos nacionales, como los barcos nodriza que sirven de escolta para las lanchas rápidas en los ríos. Se les cambió el blindaje y se sustituyeron las hélices por sistemas de propulsión a chorro que funcionan mejor en ríos poco profundos.

Lo que sigue es la compra de aviones de inteligencia, con equipos de rastreo de voces para el sur del país, aviones tácticos con sistemas de bombardeo guiados por láser que reducen la desviación frente al blanco de 80 metros a 8 metros, y sistemas de guía de disparos incorporados a los cascos de los pilotos, medidores calóricos y radares nuevos.

Hay que mejorar la eficiencia, pero también hay que recoger más recursos. Pensar que se puede combatir los ejércitos ilegales con mejoras de eficiencia sin aumentar los recursos es una fantasía, dice Ortiz.



Resultados

Los retornos al gasto militar parecen buenos. Se bajó de más de 80 tomas guerrilleras en 2003 a una este año y la tasa de homicidios se redujo en 20% entre 2002 y 2003. En el programa de reducción del tamaño del Estado, las entidades del Ministerio ahorraron $3.502 millones en los dos últimos años e Indumil, con la sustitución de importaciones ahorró, US$117 millones entre 1999 y 2003.



Financiación

El esfuerzo de los contribuyentes ha sido grande y así lo reconocen los militares. Otras formas de pagar.



Para aumentar los recursos del gasto militar, vale la pena pensar en vender y mover los cuarteles a otros lugares, o incluso titularizarlos. Las emisiones de bonos podrían servir, aunque el ex ministro Carlos Caballero considera que ahora serían difíciles de colocar.

Incluso convendría pensar en esquemas de recaudar y gastar en las regiones. Bogotá tiene un convenio con la Policía Nacional para hacerlo y los resultados, según el propio Ministerio de Defensa, son buenos. Pero conseguirlo no es sencillo.

"El conflicto es de naturaleza muy ambigua", señala Ortiz. Hay unos lugares donde la guerra es permanente, mientras que en otros sitios apenas se registra por las noticias. En estos últimos, dice, hay poco incentivo para invertir en seguridad.
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