| 9/30/2005 12:00:00 AM

El secreto del crecimiento

En el TLC, Colombia tiene un fuerte interés para promover la transferencia de tecnología. Alcanzar ese objetivo dependerá de algo más que las negociaciones.

Nada ejemplifica mejor la importancia del gastado término 'sociedad del conocimiento', que las negociaciones sobre propiedad intelectual en el Tratado de Libre Comercio, TLC, entre Estados Unidos y los países andinos. Estados Unidos es el más prolífico generador de conocimiento, tecnología e innovación, CTI, del mundo, mientras que Colombia es insignificante. Sabiendo esto, el país quiere aprovechar el TLC para lograr un acceso privilegiado al conocimiento, propulsor indispensable del crecimiento económico.

A Colombia tradicionalmente poco le ha importado el tema de la CTI. Su gasto anual en investigación y desarrollo no supera 0,2% del PIB, muy inferior al promedio regional de América Latina de 0,6% y al de los países ricos que ronda el 2,5%. Colciencias quiere impulsar el Pacto por la Innovación, que aumentaría esta cifra a 1,5% en 2015 y en ese tema, más vale tarde que nunca. Por otra parte, de las cerca de 3.500 patentes concedidas por la Superintendencia de Industria y Comercio en Colombia entre 1997 y 2004, solo 199 fueron otorgadas a residentes, el resto a extranjeros.

Sin embargo, el TLC parece haber despertado un lado poco conocido del país. Sorpresivamente para los estadounidenses, Colombia y los países andinos incluyeron en las negociaciones un capítulo de transferencia de tecnología, TT, algo no visto en ningún otro TLC. La discusión es seria, tanto que la mesa que trata este capítulo quedó abierta en la ronda de Cartagena en la tercera semana de septiembre. La premisa es que Colombia necesita lograr mecanismos para transferir la CTI de Estados Unidos a los empresarios e investigadores colombianos para que estos aprendan e innoven con ella.

Aparte de sus efectos sobre el aparato económico, el tema de la TT es políticamente importante para Colombia. Junto con el acceso a recursos genéticos y biodiversidad, es el otro interés ofensivo en el tema de propiedad intelectual, es decir, Colombia lo considera altamente importante. Por ende, los negociadores deberán mostrar resultados concretos.

Las aspiraciones colombianas en el TLC tocan las diversas modalidades y mecanismos con los que se transfiere tecnología. Por un lado, quiere lograr más de lo que dicen los artículos sobre TT del actual Acuerdo sobre Aspectos de Propiedad Intelectual, ADPIC, de la Organización Mundial de Comercio. También se quiere que el tratado estipule que las partes asumirán el compromiso de facilitar la TT y no solo que "promoverán" o que harán los "mejores esfuerzos" en tal sentido. Este lenguaje que no genera obligaciones, aparece en otros tratados bilaterales suscritos por Estados Unidos; Colombia quiere más. Esto es importante, dice Santiago Pinzón, del Instituto Internacional de Propiedad Intelectual, IIPI. "Crearía el marco institucional y jurídico de la TT que hoy no tiene el país".

Más concretamente, Colombia quiere mecanismos de mercado que impulsen la TT. Por ejemplo, conseguir incentivos fiscales de los gobiernos para que las empresas dueñas de la tecnología otorguen licencias parciales sobre ella. Esto le permitiría al empresario importar tecnología con un poco más del know how e innovar sobre ella. "Hoy la transferencia se da, pero como una caja negra", dice Felipe García, de Colciencias. "Queremos el derecho de acceder a ella e innovar". Este mecanismo es el preferido de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, agrega.

Pero este y otros mecanismos no necesariamente serían la solución a todos los problemas. Primero, es políticamente difícil que Estados Unidos esté de acuerdo en dar incentivos fiscales a sus empresas para que transfieran tecnología a Colombia. Segundo, estos mecanismos de licenciamiento están en crisis y no son eficaces para lograr la transferencia de tecnología, dice un estudio de la Universidad Sergio Arboleda. Incluso, otros mecanismos de transferencia como el libre acceso a la información que se divulga con cada solicitud de patente tampoco es suficiente, pues omite cada vez más información. "Da los ingredientes, mas no la receta, que es el know how", dice John Bateman, de la firma de abogados Baker & McKenzie. Por su parte, la libre movilidad de investigadores y científicos entre países es otro tema espinoso para negociar.

Así, Colombia sabe que debe también negociar mecanismos alternativos de TT. Una de las aspiraciones es lograr más cooperación entre entidades de CTI gubernamentales y, más complicado, acceso mutuo a I&D financiada con dinero público. En este sentido, Colombia podría compartir información con Estados Unidos en temas como biotecnología y software, dice Colciencias. Es decir, el flujo de conocimiento no necesariamente tiene que ser de una sola vía.

Pero antes de lograr cualquier tipo de cooperación, Colombia debe ofrecerles a las empresas e investigadores estadounidenses más seguridad antes de que transfieran su tecnología a homólogos colombianos. Esto es, Colombia deberá hacer más para proteger la propiedad intelectual, dice Bateman. "Colombia no es un país amigable a la patente", sostiene. En Colombia no se dan patentes de segundo uso, por ejemplo. La legislación no es el problema, explica Bateman, es la libre interpretación que se le da y a veces patentes concedidas en otros países andinos no se dan en Colombia. Las disputas sobre patentes se han concentrado en la industria farmacéutica pero dejan la percepción de que en Colombia no se protege la propiedad intelectual, agrega. Con todo, los incentivos fiscales que ofrece la legislación a las empresas para transferir tecnología en Colombia no alcanzan a contrarrestar la desprotección que sienten, dice Carolina Pardo, de Baker & McKenzie.

No hay duda de que para Estados Unidos la protección de sus exportadores de conocimiento es un imperativo. "Estados Unidos lleva 80 años protegiendo a sus exportadores de capital", destaca Alberto Álvarez, de la consultora Artífice, "y ahora intenta hacerlo por medio de acuerdos bilaterales". Más aún, la creciente coerción china hacia las empresas estadounidenses para que transfieran tecnología a cambio de poder invertir en ese país preocupa más a Estados Unidos.

En este sentido, Pinzón, del IIPI, opina que Colombia debe ordenar la casa en cuanto a su sistema de propiedad intelectual. "Las entidades encargadas de administrar la propiedad intelectual en Colombia son respetadas, pero dispersas", dice. Cada entidad maneja un pedazo del tema y compite por recursos y poder. Lo ideal, aclara, sería unificar esfuerzos y tener una sola política de propiedad intelectual.

La Superintendencia de Industria y Comercio no está bien capacitada para atender solicitudes de patentes. "Tenemos el conocimiento, mas no el recurso", explica el superintendente Jairo Rubio, "pero hay unanimidad en el gobierno sobre su necesidad". A pesar de las limitaciones, la Superintendencia ha emprendido varios proyectos de capacitación de jueces en materia de propiedad intelectual y campañas para divulgar la información que tiene la entidad y cómo usarla para fomentar, por ejemplo las patentes bajo modelo de utilidad, que son menos radicales y que tal vez son más accesibles para un país como Colombia. También ha otorgado descuentos a personas naturales para que patenten, lo cual beneficiaría a los colombianos dado que los extranjeros que patentan son personas jurídicas.

En últimas, e independientemente de lo que se logre en el TLC en cuanto a TT, Colombia necesita fortalecer otros aspectos. Necesita un recurso humano más calificado, para apropiar tecnología. "Tenemos 2.000 PhD colombianos, lo cual muestra el potencial", dice García, de Colciencias. Igualmente importante, los sectores público, privado y académico tendrán que trabajar más de cerca para aprovechar las oportunidades. Esto es, los centros de desarrollo tecnológico, CDT, y las universidades deberán tender la mano a los empresarios porque son ellos quienes usan la tecnología. "El empresario colombiano tiene la máquina, pero no el know how y no se siente en capacidad de pensar en cómo innovar", dice Rodrigo Álvarez, de Artífice. Hasta ahora, los CDT, creados para aplicar y transferir tecnología al sector privado, forman parte de un modelo en maduración, y muchos están en aprietos financieros. Por otra parte, su colaboración con las universidades no se ha dado todavía de la manera esperada y en ciertos casos se duplican esfuerzos. Por último, Colombia todavía no ha hecho el ejercicio de decidir en qué sectores quiere impulsar la transferencia de tecnología, agrega Álvarez. Biotecnología es uno de ellos, ¿pero dónde más?
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