| 12/17/1999 12:00:00 AM

El rescate del Fondo

El Acuerdo con Colombia es un buen primer paso para ganar confianza internacional y no seguir profundizando la recesión. Para una recuperación de la economía, de las empresas y del empleo, el gobierno y los empresarios tendrán que ir mucho más allá.

Cuando la Junta del FMI apruebe el lunes 20 de diciembre los lineamientos del Acuerdo -que publica Dinero en forma exclusiva en esta edición-, el país tendrá una nueva carta de navegación macroeconómica para el nuevo siglo. ¿Qué representa tan anunciado Acuerdo para el futuro del país?

Qué es el Acuerdo?

Cuando los países entran en dificultades de balanza de pagos, el Fondo Monetario Internacional les hace préstamos de emergencia para apoyar sus reservas internacionales y evitar crisis cambiarias. La contrapartida de estos recursos es usar la política macro, con un apretón fiscal y monetario, para eliminar los excesos de demanda y ajustar la economía a la restricción externa.

El Acuerdo de Colombia tiene muchos de los elementos del programa típico del FMI: ajuste fiscal y monetario para lograr un equilibrio externo. Pero tiene diferencias. Los temas de liberación comercial

y cambiarla, así como la privatización, no san críticos, porque el país ya los ha tenido en su agenda. Además, como no hay una crisis externa que requiera desembolsar recursos de emergencia, y como el ajuste fiscal y financiero amerita, más que macro, reformas estructurales, en especial en el campo fiscal, el monitoreo más importante es sobre las reformas estructurales. Más que por desembolsar aceleradamente recursos, el gobierno ha acudido al Fondo para obtener un blindaje financiero por US$2.700 millones por si lo necesita, para darles un piso de confianza a los créditos multilaterales y al Plan Colombia y, sobre todo, para acelerar un compromiso interno para adelantar las reformas fiscales.

La lógica del programa

Para el período 2000-2002, las autoridades se han comprometida a un saneamiento macroeconómico con un serio ajuste fiscal y de financiamiento para la economía. Para eliminar la presión del desajuste fiscal

Todos los bancos públicos distintos al Agrario. Aunque estrictas, los compromisos tienen waivers importantes. Si el Y2K golpea, las metas monetarias se flexibilizan. Si los programas de privatización no avanzan tan rápido, hay más flexibilidad para el crédito externo. Si el programa de paz avanza, hay más flexibilidad para la inversión pública en las zonas de conflicto. Y el gobierno cuenta con USS300 millones anuales para programas sociales de emergencia.

¿Qué tan vulnerable en el programa ?

El Acuerdo con el Fondo, como quedó negociado, representa un claro mandato para el gobierno. Ya no hay más disculpas para seguir posponiendo el ajuste fiscal, como pasó en 1999. Y una vez lograda la flexibilidad cambiaría, los riesgos de una crisis cambiaría son menores en el horizonte de los próximos 6 meses. Así pues, el Acuerdo tiene un buen chance para estabilizar la economía en el primer semestre.

Sin embargo, identificamos tres riesgos importantes. El primero, el de las decisiones finales sobre las reformas. El gobierno solo se compromete a presentarle al Congreso propuestas de reforma. El país necesita, más que su presentación, su aprobación final. Si no se logran los acuerdos políticos para acelerar las privatizaciones y aprobar las reformas durante el primer semestre del año, el país presenciará a partir de junio una situación muy desagradable. Un incumplimiento o

una renegociación del Acuerdo, con el desgaste e incertidumbre que esto implica, pueden ser muy costosos para el futuro del país. El riesgo político es considerable.

El segundo riesgo es la enorme dependencia del programa de la recuperación del crecimiento económico, cuyas bases no están firmes. Al posponer hasta el año 2005 la meta de duplicar las exportaciones no tradicionales, el crecimiento pende exclusivamente del aumento de la inversión y del ahorro privado. Aumentar la inversión privada un 52% en el 2000 o duplicar su participación en el PIB en los 3 años, sin instrumentos explícitos para ella, es francamente irreal. Sin un crecimiento económico fuerte y sobre bases firmes, el propio ajuste fiscal y externo puede ser difícil de llevar a cabo. Y la amenaza pendiente de la situación del sistema financiero podría representar muchas más demandas sobre el fisco de las previstas por el programa. Simplemente, se requiere mucho más que el Acuerdo para que el crecimiento de la economía arranque en serio.

Finalmente, el Acuerdo tiene un importante riesgo social. Aunque el Acuerdo se compromete a mantener la participación de los sectores sociales en el gasto público, su reducción generará una inevitable reducción de gasto social. Y en lugar de comprometerse a una

reforma de fondo en los campos de salud, educación, bienestar familiar o capacitación para que la inevitable reducción de gasto ocasione los menores traumas, el gobierno ha optado por asignar 0,391, del PIB a programas de emergencia social para los grupos más vulnerables. El gobierno debe atreverse a proponer reformas complementarias en materia laboral para enfrentar el desempleo, o en materia social para enfrentar el actual deterioro de los servicios a los más pobres.

Dentro de su ortodoxia, y en comparación con otros países, el FMI ha accedido a un programa relativamente flexible con Colombia. Esta flexibilidad, aunque útil, puede ser riesgosa. El principal riesgo es creer que la contabilidad fiscal es suficiente y que el programa con el Fondo basta para sacar al país de la crisis económica que dejaron los últimos cuatro años de indecisiones. Para sacar adelante la economía, el Acuerdo con el Fondo debe ser complementado con acciones más radicales para acelerar el crecimiento económico, y con un liderazgo de las autoridades económicas y de los empresarios para superar la crisis.
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