| 3/18/2005 12:00:00 AM

El protocolo de la discordia

El registro de marcas en el exterior puede ser una pesadilla para los empresarios. ¿Qué tanto puede mejorar el Protocolo de Madrid este proceso?

La marca es una de las armas más eficientes de una empresa para competir por los mercados. Por eso, en la medida en que las empresas entran en procesos de expansión internacional, la gerencia de las marcas toma un papel más preponderante.

En el Tratado de Libre Comercio (TLC) que Colombia está negociando con Estados Unidos, uno de los intereses del gobierno colombiano es facilitarles a los empresarios el registro de sus marcas en el exterior. Por ello, en la mesa de negociación, Estados Unidos ha venido proponiendo que Colombia se adhiera al Protocolo de Madrid, que es una herramienta para la solicitud internacional del registro de marcas (ver recuadro).

El protocolo puede tanto facilitar la expansión internacional de las marcas colombianas, como incentivar la llegada de marcas extranjeras. Hay un debate alrededor de su conveniencia y diversas consideraciones jurídicas que pueden hacer inviable la adhesión de Colombia, en especial por incompatibilidades con la normatividad de la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Por otra parte, en sus TLC, Chile y Centroamérica solo adoptaron una cláusula en la que se comprometen a hacer "esfuerzos razonables" para ratificar el protocolo. En la práctica, esto significa que aunque no ratifiquen el Protocolo, no habrá incumplimiento del tratado. ¿Cuáles son las preocupaciones para Colombia?

El debate

Muchos de los beneficios del protocolo son evidentes: los dueños de las marcas tienen la opción de usar el sistema internacional de registros en los más de 60 países miembros con solo una aplicación, en una oficina, pagando las tasas en una sola moneda y en un idioma, que puede ser el español. Así, pueden extender fácilmente la solicitud a tantos territorios como quieran, siempre y cuando los países sean signatarios. Por este motivo, representantes del sector productivo como la Andi y la Federación Nacional de Cafeteros han manifestado al gobierno su interés por que Colombia haga parte del Protocolo.

Sin embargo, la entrada a este protocolo no está libre de dificultades; una de las principales, para Colombia, está en el registro marcario de la CAN. Este sistema presenta algunas incompatibilidades con el protocolo; por ejemplo, según la legislación de la CAN, si la autoridad encargada del registro no se pronuncia, la solicitud no queda aprobada. Por el contrario, bajo el Protocolo de Madrid, si el país designado no examina la marca dentro de ciertos plazos, el registro internacional es otorgado automáticamente.

Para algunos expertos, como el abogado Néstor Humberto Martínez, la CAN y el Protocolo se inspiran en principios rectores distintos, lo cual los hace opuestos y contradictorios. Esto generaría, según él, incertidumbre jurídica.

Otros abogados, como María Fernanda Castellanos, de Brigard y Urrutia Abogados, no creen que estas incompatibilidades sean un problema, pero hacen falta estudios que analicen con profundidad cuáles serían los cambios legislativos y estructurales para adaptarse al nuevo sistema.

Otro punto en contra del protocolo es que muchos mercados importantes para las empresas colombianas no están adheridos. De hecho, en América Latina, el único país que lo ha ratificado es Cuba y mercados como Venezuela, Ecuador y México, que sumados representan más del 20% de nuestro comercio, no lo han firmado. Estados Unidos es el único de los países signatarios con el que Colombia tiene un volumen de comercio considerable.

Frente a este último país, cabe aclarar que el protocolo es solo un mecanismo para hacer solicitudes; por eso, si se presentan objeciones, el empresario debe solucionarlas ahí mismo, incurriendo en los costos que esto implica, como trámites y abogados. Por eso, aunque Estados Unidos es el principal socio comercial de Colombia, y sí ratificó el protocolo, la adhesión de Colombia no ayudaría mucho a los empresarios que han tenido problemas al registrar sus marcas allá. Esto ocurre porque en ese país los mayores problemas para el registro de marcas no están en la solicitud del registro, sino en el proceso posterior cuando hay objeciones. Este procedimiento resulta costoso con o sin protocolo.

Por otra parte, desde el punto de vista de los empresarios extranjeros que quieren registrar sus marcas en Colombia, es de esperar que la firma del protocolo les genere mayores incentivos para hacerlo. Esto originaría, naturalmente, mayores volúmenes de solicitudes extranjeras en la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC).

Por una parte, esto facilitaría la inversión extranjera pues les reduce costos burocráticos a los extranjeros. Sin embargo, crea riesgos pues se necesitaría vigilar que mayores cantidades de marcas extranjeras no estén en conflicto con las marcas nacionales. Esto necesitaría una mayor capacidad de la Superintendencia de Industria y Comercio para atender solicitudes, estar en comunicación con los empresarios y atender objeciones.

Estas consideraciones muestran que la decisión de Colombia, sobre si adherirse o no al Protocolo de Madrid, no es fácil. La importancia estratégica que para Colombia tiene poder registrar sus marcas alrededor del mundo crece a medida que aumenta el nivel de globalización e internacionalización de las empresas. Sin embargo, en la negociación del TLC, es importante que los colombianos tengan una clara conciencia de lo que sacrificarían al adherirse a este tratado y que, si deciden firmarlo, exijan a cambio concesiones correspondientes por parte de Estados Unidos.
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