| 12/12/2003 12:00:00 AM

El precio de la felicidad

En su nuevo libro, el premio Nobel Joseph E. Stiglitz analiza los problemas que aparecieron en la economía mundial con la aplicación de políticas de liberación durante el decenio pasado. En entrevista exclusiva para Dinero, ofreció su visión sobre el futuro de la economía global.

Algo salió mal en los 90, la década más próspera de la historia. La globalización no trajo el bienestar esperado, opina el premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz, en su nuevo y polémico libro "Los felices 90: la semilla de la destrucción". En un texto claro y directo, identifica los peores errores en el manejo de la economía estadounidense con repercusiones globales. Evalúa la desregulación del sistema financiero y del sector eléctrico, el manejo fiscal, la reforma pensional y los escándalos contables, entre otros.

El profesor de la Universidad de Columbia estudia la estrategia económica de los 90, para concluir que con ella se creó una 'burbuja' de crecimiento insostenible. Los desaciertos de ese decenio tuvieron efectos que apenas ahora emergen. Para los colombianos, el libro tiene un interés especial, porque está lleno de enseñanzas para adoptar nuevas reformas estructurales o, incluso, encarar las negociaciones de tratados de comercio hemisférico.

En entrevista exclusiva con Dinero, Stiglitz repasó algunos de los riesgos que enfrentará en el futuro cercano la economía del planeta.

¿Cuáles son las peores consecuencias de la globalización para los países en desarrollo?

La más preocupante es que los tratados de comercio internacional son muy injustos y que el poder económico está muy desbalanceado. Eso causa tensiones y tiene consecuencias enormes. Estados Unidos les impuso aranceles al acero, tarifas de dumping a las flores colombianas y al salmón chileno. Hay gran variedad de trucos arancelarios y paraarancelarios que Estados Unidos usa con cierta crueldad sobre los países en desarrollo. Cuando estos productos entran a su mercado, trata de dejarlos fuera. Habla de libre comercio pero no cree en él. En materia agrícola, les dice a los países menos desarrollados que no subsidien, pero mantiene subsidios inmensos que hacen imposible que estos países puedan confiar en su agricultura. Así se afectan enormemente.

En años recientes, el problema más serio es el de los flujos de capital de corto plazo.



Colombia negocia un tratado de libre comercio con Estados Unidos.

Sería un error terrible para Colombia firmar el acuerdo en los mismos términos del chileno. Estados Unidos impuso restricciones al mercado de capitales y a los impuestos que Chile puede administrar, pero (firmar en las mismas condiciones) sería un gran error para Colombia y otros países.



Entonces, ¿cómo se debe hacer?

El acuerdo se debe mirar cuidadosamente y preguntarse cuáles son los beneficios y cuáles los costos. En muchos de estos pactos -pero no todos-, los países en desarrollo empeoran su situación porque los acuerdos no son justos. Estados Unidos entra en los mercados del país, los devasta, pero no abre completamente los suyos. Lo vimos en el Nafta. Estados Unidos trató de imponer barreras a los tomates, a los aguacates, a los camiones mexicanos. Pero, a su vez, los bancos estadounidenses se tomaron los bancos mexicanos -todos menos uno-, con la amenaza de secar de crédito a las pequeñas y medianas empresas mexicanas. Además, para los agricultores mexicanos pobres es imposible competir con el maíz subsidiado de Estados Unidos.



Pero México está mejor que antes del Nafta.

Hay que verlo con frialdad: ganó un poco, pero perdió un poco. Algunos de los empleos que ganó en las maquiladoras desaparecieron y gran parte de la gente más pobre -los agricultores mexicanos- se hizo aún más pobre. Para México, que está al lado de Estados Unidos, la decisión de unirse al Nafta fue la correcta, pero se le impusieron enormes costos que no deben ignorarse. (El Nafta) no trajo todos los beneficios que la gente esperaba. Trajo algunos beneficios, limitados, y trajo algunos costos.



La visión del mundo

Stiglitz prevé tiempos difíciles para la economía de Estados Unidos, pero es relativamente optimista sobre el futuro de Europa y Japón. Considera que la estrategia del Consenso de Washington para América Latina fue un fracaso.

La economía de Estados Unidos creció más de 7% en el tercer trimestre del año. ¿Cree usted que este crecimiento será sostenible?

Llevamos casi tres años de desaceleración del crecimiento económico, de modo que nadie cree que el actual crecimiento sea sostenible. Pero hay otros problemas. En el último trimestre parece que el número de horas trabajadas bajó, un hecho que es muy peculiar en el actual contexto.



¿Y qué puede salir mal?

Es muy claro que en este momento el mercado no tiene confianza en una recuperación. El número de nuevos empleos no es muy grande y, además, hay varias sombras sobre la economía. La primera es que los hogares estadounidenses han acumulado niveles muy elevados de deuda. En los últimos tres años, la refinanciación de los créditos hipotecarios ha sostenido la economía estadounidense y eso los deja con una deuda pesada, que debilitará cualquier posible recuperación. El segundo factor está en los inmensos déficit fiscal y comercial de Estados Unidos, que seguirán siendo fuentes de preocupación para la economía estadounidense. Por último, la situación política global muestra menos confianza en Estados Unidos. El problema de Iraq y los conflictos por el unilateralismo pueden dar un aura de inestabilidad a la situación política.



¿Cómo ve el futuro para Europa y Japón?

El debate sobre estas economías se ha planteado mal. Mucha gente piensa que el problema fundamental de Europa y Japón está en las rigideces del mercado, en especial del laboral. Todas las economías tienen ciertas rigideces, pero desde otro extremo, ambas economías enfrentan una situación de demanda agregada insuficiente, esto es, una recesión normal. Es muy difícil abordar los problemas de reformas estructurales cuando la economía está débil. Es mucho más fácil hacerlo cuando la economía es fuerte. Cuando lo es, las personas no se preocupan por perder su trabajo porque pueden conseguir uno nuevo en otro sitio. Así que, en mi opinión, lo prioritario es hacer que las economías crezcan.



¿Cómo se logra eso?

En Europa están haciendo lo correcto al eliminar el pacto de estabilidad. Japón debe vigilar el desempeño de las políticas que hacen crecer la economía y, en alguna medida, el monitoreo está comenzando a dar frutos. Apenas esto ocurra, Japón debe reconocer que hay una enorme fortaleza en algunas áreas de su economía, como la industrial, pero que el nivel de innovación no se ha extendido a otras áreas como las de servicios.



¿Y qué espera para América Latina?

América Latina tiene enormes oportunidades, pero su brecha entre los resultados reales y potenciales es la mayor del mundo. Hay muy buena educación en algunos sitios, tecnología de alto nivel como en los aviones Embraer de Brasil y conexiones con la dinámica economía estadounidense; pero si se observa lo que sucedió en los últimos 12 años o mejor en los últimos 5, los resultados son descorazonadores. El crecimiento ha sido bajo, el desempleo ha subido, las desigualdades han aumentado o no se reducen, la población y la informalidad también han crecido. Creo que uno debería decir que las políticas del Consenso de Washington, que son la base de la estrategia económica de los últimos 15 años, se deben catalogar como un completo fracaso. Por eso es necesario tener un conjunto más pragmático de políticas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?