| 9/24/1999 12:00:00 AM

El poder del mercado

Ni los individuos ni las instituciones pueden ser más grandes que el mercado.

Esta es la dura lección que debería estar aprendiendo el Banco de la República.

Los mercados están nerviosos y no es para menos, pues no se necesita ser un observador muy sofisticado como para darse cuenta de que en este país todo está en juego. El proceso de paz, el acuerdo con el FMI, la aprobación de las reformas estructurales por el Congreso, la reactivación de la economía y la definición de un nuevo esquema de financiación de vivienda.



Frente a un panorama como este que no deja de generar incertidumbre, los mercados sirven de catalizadores pues permiten que la gente se mueva hacia posiciones donde se siente más cómoda. De esta manera, ante el temor de una devaluación, quien está endeudado en dólares sale al mercado a cubrir su posición, mientras que quien tiene inversiones en pesos busca la manera de pasarse a otras en dólares para proteger su patrimonio. La gente actúa así porque es perfectamente racional, de la misma manera que frente a la amenaza de un huracán busca refugio. No lo hace, como consideran a veces el Banco de la República o el gobierno, por tirarse todo. Cualquier señal que indique que se va a restringir o a acabar la posibilidad de moverse con libertad necesariamente genera desconfianza, pues revela que las autoridades no confían en el curso de los acontecimientos. Esto es exactamente lo que pasó con la reciente medida del Banco de la República que redujo la posición propia líquida en dólares de los bancos del 50% del patrimonio técnico al 20%.



Es cuestión de confianza



Resulta curioso que, después del enorme aumento en la tasa de cambio real en los últimos 12 meses, cuando hay mayor cercanía a una posible tasa de cambio real de equilibrio --hoy los analistas se dividen por tres: una tercera parte cree que la tasa actual es de equilibrio, otra tercera cree que todavía hay una sobrevaloración del 10 ó 15% y otra tercera, entre los que se cuentan Miguel Urrutia y algunos analistas de Wall Street, que el peso está subvaluado entre un 10 y un 15%--, la banda cambiaria haya vuelto a ser atacada. Pero más curiosa aún resulta la reacción inmediata del Banco de la República con su medida de la posición propia que fue interpretada por el mercado como el primer paso hacia un control de cambios, lo cual generó mucha desconfianza. Por muy crítica que sea la situación, nadie quiere volver a los controles del pasado. Así como los mercados interpretan y anticipan, una medida que pretendía bajar el precio de dólar terminó subiéndolo.



Salvo que el Banco supiera algo muy grave que el resto de los colombianos no sepamos, no parece muy lógico que esté pensando en un control de cambios cuando los mercados esperan precisamente lo contrario, la eliminación de la banda cambiaria. Esta interpretación pierde aún más validez si se tiene en cuenta que el país está negociando y al parecer a punta de culminar un acuerdo con el FMI, organismo enemigo de los controles cambiarios. Además, hay suficiente evidencia mundial acerca del fracaso de los controles cuando se trata de sacar la plata de los países. Simplemente, al cerrarse los canales formales, los informales como el mercado negro se activan porque cuando de seguridad y rentabilidad se trata, no hay nada que tranque los capitales.



La paradoja es que la medida del BanRep para defender la banda elevó más el precio del dólar.





Otras interpretaciones



Entre las muchas otras interpretaciones, hay algunas que vale la pena comentar. Una es que el Banco de la República considera que por culpa de los especuladores, entre los que están los bancos, las tasas de interés no han caído lo suficiente como para inducir una reactivación económica. Con la medida, obliga a los bancos a dejar de especular una vez se haya reducido la posición propia, pues les reduce considerablemente el espacio para hacerlo. Pero mientras haya razones para especular, no hay medida que lo evite y mucho menos si hay una banda cambiaria que obliga al Banco de la República a intervenir para defenderla. Es sencillo, si hay demanda por dólares, los bancos los venden y cuando el mercado se seca, necesariamente llevan la cotización al techo de la banda haciendo que el BanRep salga a alimentar el mercado. Y como las oportunidades perduran hasta la fecha de reducción de la posición, también es posible que durante los 10 días de transición, paradójicamente, se haya alimentado la especulación.



Otra interpretación es que el Banco sí quiere eliminar la banda cambiaria pero no cuando el dólar está en el techo porque produciría un overshooting demasiado grande de la tasa de cambio. La medida de la posición propia obliga a los bancos a vender alrededor de unos US$100 millones en pocos días lo que supuestamente haría bajar el precio. Es posible que esta hubiera sido la razón de la medida, pero la incertidumbre, la falta de confianza y la falta de información llevaron al efecto totalmente contrario.



Una tercera interpretación es que el Banco al reducir la posición propia reduce también el espacio para que los bancos hagan forwards ya que estos entran a contabilizar en el cupo de la posición propia de los bancos. Al reducir la posibilidad de los forwards, quienes se quieren cubrir, generalmente el sector privado, tienen que buscar otras alternativas como prepagar la deuda si es el caso o adquirir TES en dólares, lo que beneficia al gobierno y al banco. Al primero, porque encuentra la manera de financiar su déficit con recursos internos y al segundo, porque el mercado cambiario se tranquiliza. Pero, en cualquier caso, la eliminación de posibilidades de seguridad cambiaria termina por afectar el normal funcionamiento de los mercados.



Pero independientemente de cuál haya sido la motivación de la medida del Banco, lo que quedó claro de la misma es la falta de confianza que aún existe en los mercados acerca del futuro de la economía colombiana. Y para ello no faltan razones.



Mientras exista tanta incertidumbre sobre la economía y sobre el nivel sostenible de la tasa de cambio, habrá diferencias de opinión entre los actores del mercado y, por tanto, posibilidades de especulación. La incertidumbre se multiplica cuando el mercado percibe poca voluntad o eficacia política en los ajustes fiscales estructurales, cuando aparecen nubarrones financieros con cada decisión de la Corte Constitucional, cuando la credibilidad en las autoridades cambiarias sigue por el suelo, o cuando el mercado descubre que estas autoridades comienzan a dar tumbos con sus políticas.



La necesidad de un nuevo arreglo cambiario es ahora evidente para todos menos para el Banco de la República. Mientras tanto, cuando sus intervenciones multiplican la incertidumbre y las posibilidades de especulación, los mercados seguirán moviéndose de la República.
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