| 10/30/1998 12:00:00 AM

El Nobel del desarrollo social

Al otorgar el Nobel de Economía a Amartya Sen, la Academia Sueca le da a uno de los mayores pensadores de la historia el reconocimiento que se merece.

Por primera vez en la historia, el premio Nobel ha sido concedido a un economista nacido en un país en desarrollo. Amartya Sen, un hindú que ha realizado contribuciones fundamentales al entendimiento de la pobreza, se hizo rico con el millón de dólares del premio. ¿Quién es el nuevo premio Nobel de Economía y qué relevancia puede tener para Colombia?



Al entregar el premio, la Academia Sueca destacó sus contribuciones a la teoría del bienestar. La prensa internacional recordó su análisis de la lógica económica de las grandes hambrunas de la historia. Estas rápidas referencias apenas dejan ver la importancia de la obra de Sen, que incluye 17 libros y más de 200 artículos en revistas internacionales de economía, filosofía, política y teoría de decisiones. Amartya Sen es, sencillamente, el economista social más importante del siglo XX. Sólo otros dos premios Nobel de Economía le dan la talla: Milton Friedman, por sus aportes a la teoría de los mercados y Douglas North, por su contribución a la historia económica e institucional.



Sen maneja la amplitud conceptual que sólo tuvieron economistas clásicos como Adam Smith, John Stuart Mill y Karl Marx, irrumpiendo simultáneamente en la economía, la sociología, la ética y las leyes y mezclando el rigor analítico con una obsesión por la relevancia. En sus clases en Harvard recomendaba a sus alumnos teorizar y diseñar políticas guiados sólo por la preocupación por los problemas de la gente y las necesidades humanas.



Su preocupación social surgió al estudiar las hambrunas en la historia. Antes de sus trabajos, se creía que la falta de alimentos había sido la causa de la muerte de millones de personas en Irlanda en el siglo XVIII, lo mismo que en la India, China y Etiopía en el siglo XX. Sen documentó que en ninguno de los casos se había reducido la disponibilidad de alimentos. Las hambrunas se generaban en fenómenos distintos. La capacidad de la gente para disponer de alimentos se veía obstaculizada por dificultades para trabajar y generar ingreso y por la interrupción de las libertades para la movilización colectiva. Las libertades de movilización, política y de prensa fueron esenciales para la erradicación de las hambrunas.



De este trabajo derivó sus grandes contribuciones a la Economía Social: la concepción de que el ingreso y los bienes son un velo que puede impedir comprender el bienestar humano, y el papel que cumplen las competencias humanas, las libertades y derechos y las oportunidades sociales en el desarrollo del verdadero bienestar.



A pesar de haber propuesto las mediciones más rigurosas sobre la desigualdad del ingreso y de la pobreza ­el índice de Sen es hoy más famoso y útil que el índice de Gini­, Sen encontró que ni el ingreso y ni el consumo de bienes brindaban la métrica adecuada para medir el desarrollo económico ni la desigualdad de la población. El grado de desarrollo debería más bien medirse en términos del desarrollo humano, ponderando el ingreso con la capacidad de generarlo y gozarlo. Las Naciones Unidas, en su informe anual de desarrollo humano, han calculado estos índices para la mayoría de los países del mundo y han aportado una riqueza conceptual y de información muy superior a la que se encuentra en los informes del Banco Mundial.



Sen encuentra que la desigualdad del ingreso es, además, una medida muy imperfecta de la verdadera desigualdad social. Propone medir ésta en el espacio de las competencias humanas (human capabilities), teniendo en cuenta no sólo la educación, la salud y la seguridad social, sino también los derechos sobre la propiedad, los activos sociales y la libertad para decidir, cooperar y participar en política. Las diferencias en la competencia y la libertad dan la verdadera medida de la desigualdad.



En su más reciente libro, "Economic Development and Social Opportunity", Sen propone definir el desarrollo económico como la posibilidad de expandir las oportunidades sociales mediante el desarrollo de competencias humanas y las libertades para la gente. "El desarrollo debe girar alrededor de las personas, o no será", afirma. Y para centrarse en las personas, el desarrollo no puede coartar la libertad ni en los mercados ni en la esfera política.



De esta visión social salen unas políticas de desarrollo que rompieron con la tradición. La principal lección del sudeste asiático no es su acelerado crecimiento, sino la bondad de un crecimiento verdaderamente compartido y de una cuidadosa política de soporte social. Sen cree que "se ha dedicado demasiada energía a atacar la liberalización económica o a exagerar los conflictos entre Estado y mercado, y se ha olvidado centrar la atención en las implicaciones sociales de las desigualdades y la indigencia". El Estado y los mercados pueden y deben combinarse, con ortodoxia financiera y defensa a ultranza de las libertades políticas, para promover el desarrollo de las competencias humanas y las oportunidades sociales que constituyen el verdadero desarrollo.



Si cuando Amartya Sen visitó Bogotá en 1984 alguien le hubiera puesto atención, nuestra situación sería distinta. Los analistas y gestores de política encontrarán en el nuevo premio Nobel una fuente insustituible de inspiración y aire fresco para la discusión de nuestros difíciles problemas económicos y sociales.
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