| 4/29/2005 12:00:00 AM

El ingrediente empresarial del TLC

En la ronda de Lima, el interés de los empresarios fue una de las piezas clave en la negociación.

El viernes 22 de abril a las 11 de la noche, en el centro de convenciones del Sheraton Lima había un ambiente desolado. Entre mesas abandonadas y auditorios vacíos imperaba el silencio. La ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre Colombia, Perú, Ecuador y Estados Unidos había terminado, y solo en un salón continuaba la actividad; adentro, estaban reunidos decenas de empresarios colombianos acompañados por congresistas, funcionarios y consultores. Llevaban largas horas de discusión, cuando con un fuerte aplauso se dio por terminada la reunión.

Era el cuarto de al lado, una sala donde los empresarios colombianos siguieron de cerca las negociaciones del TLC, cuya IX Ronda de negociación se llevó a cabo en Lima, Perú, entre el 18 y el 22 de abril. Este cuarto es una pieza fundamental en la negociación. En todas las rondas, los empresarios han asistido en cantidades importantes (ver gráfico); este nivel de participación no tiene precedentes en los tratados internacionales que Colombia ha negociado en el pasado.

Esta multitudinaria participación en el cuarto de al lado ha permitido a los negociadores tener información detallada sobre los sectores, prevenir errores e identificar oportunidades; pero más allá de esto, ha desencadenado discusiones importantes que generan una visión conjunta para construir el futuro de la región.

Ese viernes, Hernando José Gómez, jefe del equipo negociador colombiano, estaba rindiendo su más reciente informe en el cuarto de al lado, tras concluir el trabajo en las mesas de negociación. Había mucho qué contar; se concluyeron dos capítulos del acuerdo -comercio electrónico y fortalecimiento de la capacidad comercial-; se avanzó de manera importante en los capítulos de políticas de competencia, compras del sector público y servicios; y hubo buenas señales de que Estados Unidos está dispuesto a que se incluyan en el tratado los intereses andinos en protección de la biodiversidad y cooperación tecnológica.

Sin embargo, en los temas más sensibles, el avance fue lento. En agricultura, especialmente, el proceso de propuestas y contrapropuestas no fluyó con agilidad pues las posturas de ambas partes son muy rígidas, pues piden todo y ninguna cede. Varios factores hicieron aún más difícil la ronda; la situación política en Ecuador dejó en total incertidumbre al equipo ecuatoriano, que debió abstenerse de hacer propuestas y asumir nuevos compromisos; las dificultades del TLC Centroamericano (Cafta) colgaron sobre la negociación como la espada de Damocles; y la mesa de medidas sanitarias y fitosanitarias estaba casi bloqueada, a pesar de su importancia para Colombia, por la dificultad que implica para las instituciones estadounidenses aceptar que se limite su margen de maniobra en este aspecto. En resumen, la ronda de Lima tuvo graves complicaciones, que para muchos ponen en riesgo la negociación.

Los empresarios saben esto y el viernes por la noche, a pesar de haber sido una semana de largas sesiones de trabajo, no abandonaron sus puestos en el cuarto de al lado. Lo que está en juego para ellos en el TLC es demasiado y saben que, a pesar de que la negociación lleva más de un año, una decisión que se tome en un minuto en la mesa puede cambiar totalmente el rumbo de una industria; puede hacer que un sector desaparezca, o puede abrirle grandes oportunidades de crecimiento.

Hay empresas para las que el TLC implica tanto, que tienen en pausa sus planes de inversión hasta conocer el resultado de la negociación. Como explicó César Camargo, presidente de Incubacol, en una entrevista con Dinero, "nuestros planes de inversión dependen totalmente de lo que se negocie; no vamos a tomar decisiones importantes hasta cuando haya un pronunciamiento o una línea clara sobre lo que va a ocurrir"; en su caso, el de la cadena avícola, una decisión del gobierno puede arrasar la industria. Paralelamente, la apertura de su principal insumo, el maíz, puede significarle a su industria mayor competitividad en el mercado. La presencia de los empresarios puede prevenir equivocaciones de los negociadores, en temas que pueden afectar gravemente al país.

Como en el sector avícola, el TLC tendrá un impacto importante en todas las industrias del país. Sin embargo, los intereses de los diferentes niveles de las cadenas productivas están opuestos en el corto plazo. Este es el caso, por ejemplo, de las de textiles, plásticos y alimentos, donde los últimos eslabones de la cadena reclaman que se liberalicen sus insumos, y los primeros necesitan protección mientras se vuelven competitivos en el mercado internacional.

En estos casos, la interacción entre el gobierno y los empresarios es clave. Una buena negociación implica calcular exactamente en qué rubros conviene abrirse al comercio y en cuáles protegerse estratégicamente. Para el gobierno, es difícil saber, para todas las industrias, cada uno de los detalles del proceso productivo. Esta información solo la conocen al detalle los empresarios. Por eso, los negociadores interactúan permanentemente con ellos. Con base en esta interacción, el gobierno debe tomar una decisión final sobre la protección y apertura de los eslabones. En esta medida, la presencia de los empresarios hace una gran diferencia en la toma de decisiones durante la negociación.

Además, para generar consenso, y para que se tomen las mejores decisiones, el gobierno ha insistido en que los empresarios se coordinen para hacer propuestas a los negociadores, unificando sus posiciones. Este proceso de comunicación y negociación entre los mismos empresarios de los diferentes eslabones de las cadenas productivas es uno de los aportes más valiosos de la negociación del TLC. "Se ha generado un espacio de conversación y profundización, como no se había producido en el país. En el TLC, ha habido un intercambio profundo, en miras de que cada una de las partes de la cadena abandone sus intereses particulares, y piense en los intereses de la cadena, porque a la hora de la verdad los intereses de la cadena son los intereses de todos", explica Rubén Darío Rizarralde, gerente general de Indupalma.

Además del de oleaginosas, esta interacción se ha dado en varios sectores, que han alcanzado diferentes grados de consenso. En el sector textil y de confecciones, aunque los eslabones han encontrado puntos de coincidencia, las divergencias han impedido que presenten una posición conjunta ante el equipo negociador. En el sector petroquímico y de plásticos, una apertura en los eslabones iniciales de la cadena (polímeros) puede darles competitividad en el corto plazo a los últimos eslabones (productos de plástico), pero pondría en riesgo la posibilidad de que Colombia tenga un sector petroquímico competitivo a largo plazo, y estaría en total disonancia con la decisión del gobierno de sacar adelante la refinería de Cartagena. Todos estos sectores han llevado a cabo procesos de negociación en los que se deben articular los beneficios individuales con los colectivos.

La comunicación que se ha establecido alrededor de las negociaciones ha permitido que fluya información entre empresarios, congresistas, dirigentes gremiales y funcionarios públicos de los cuatro países, que han manifestado sus posiciones y su forma de ver los asuntos que se están negociando. Todos están conscientes de que el impacto de este tratado implica grandes cambios en cada uno de los países andinos implicados. En esta medida, las negociaciones han sido una fuente de discusiones constructivas en torno al futuro no solo del país, sino de la región.
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