El efecto Lula

| 6/28/2002 12:00:00 AM

El efecto Lula

pesar de haber hecho las reformas estructurales, el riesgo país de Brasil continuará elevándose a niveles exorbitantes ante la inminencia de que Lula ocupe la Presidencia. El default es probable.

Brasil enfrenta tiempos turbulentos. El incremento en la percepción del riesgo por una cada vez más probable victoria del candidato presidencial de la oposición Luiz Inacio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), en los comicios del 6 de octubre, está creando pánico en los mercados del gigante de América Latina. El candidato del PT ha manifestado que Brasil podría tener que hacer un default o cesación de pagos de la deuda pública para privilegiar su programa de mayor gasto público.



Una nueva crisis financiera en este país, que representa casi 24% del índice de mercados emergentes de JPMorgan, podría afectar la percepción de riesgo sobre el resto de América Latina. Algunos analistas esperan un extenso contagio financiero. Para otros, como los del ABN-AMRO en Nueva York, dadas las limitadas opciones de inversión que ofrecen los mercados emergentes, no habría una salida considerable de capitales de la región. En cambio, se daría una recomposición de los mismos y tendríamos que pagar un mayor spread (el premium que los inversionistas demandan para compensar el riesgo país).



El 20 de junio, Moody's se sumó a otras calificadoras que bajaron la perspectiva de riesgo país de Brasil de estable a negativa. La razón es que tanto la dinámica reciente del mercado de deuda pública, como la incertidumbre política, generan riesgos para la obtención de los recursos financieros que necesita el país.



Las cifras son muy dicientes. La deuda pública de Brasil asciende a US$245.000 millones o casi 55% del PIB y cerca de un 75% está en manos de inversionistas institucionales domésticos. Para el año 2003, se estima que Brasil necesita US$50.000 millones provenientes de inversión extranjera directa y préstamos para cubrir el déficit en cuenta corriente de cerca de US$20.000 millones y las amortizaciones de la deuda pública por US$30.000 millones. Los mercados, que están anticipando una victoria de Lula, están siendo implacables con Brasil. Esta nueva crisis de confianza demuestra una vez más la enorme vulnerabilidad de ese país a que los inversionistas incrementen su aversión a financiarlo, tal como ocurrió en 1997.



Esta situación es lamentable, puesto que Brasil ha realizado numerosas reformas estructurales y ha conseguido importantes avances en materia de consolidación fiscal y reducción de la inflación. La crisis estalla en un momento en que la tasa de interés de referencia para la política monetaria (Selic) continúa elevada (18,4%) y, por tanto, con los efectos de la mayor devaluación sobre la inflación, ahora no hay margen para nuevas reducciones. Además, esto implica que no hay mucha inversión en el país, motivo por el cual la proyección de crecimiento es de apenas un 2 % del PIB para este año.



Turbulencia en los mercados



La volatilidad de los mercados financieros, que venía creciendo desde abril, tuvo su punto máximo en la semana del 10 de junio: el real perdió un 3% frente al dólar entre el 10 y el 14 de junio; los spreads de la deuda brasileña alcanzaron un nivel no visto desde la crisis del régimen cambiario en 1999 (13%); y las tasas de interés de largo plazo llegaron a un 20%.



Como casi una cuarta parte de la deuda pública está indexada al dólar, la devaluación, que alcanzó un 20,5% en lo corrido del 2002, genera incertidumbre acerca de su sostenibilidad y golpea de manera importante el déficit fiscal.



Para despejar esta duda y estabilizar la razón deuda/PIB, dada la acelerada devaluación del real frente al dólar, el FMI acaba de solicitar que Brasil incremente su meta de superávit fiscal primario (sin pagos de interés) para el sector público consolidado a 3,75% del PIB. Debido a que el nivel actual de ese superávit se ubica en 3,36% del PIB, el gobierno entrante tendrá que aumentar los impuestos o recortar el gasto público, lo cual va en contravía de las prioridades de gobierno anunciadas por Lula.



Los expertos advierten desde ya que si el candidato José Serra, del actual partido en el gobierno PSDB, no repunta en las encuestas de manera extraordinaria, la presión seguirá reflejándose implacablemente en el comportamiento de la tasa de cambio, los spreads y la tasa de interés de largo plazo. Además, podría acentuarse la venta de activos y la caída en la bolsa de valores.



El Mundial y las encuestas



Las más recientes encuestas muestran a Lula con 39% de los votos y Serra con 19%, una diferencia que no ha tendido a zanjarse en el transcurso del año, muy a pesar del apoyo incondicional brindado por el actual presidente Fernando Henrique Cardoso al candidato de su partido. Cardoso ha manifestado en público que el país está encaminado a una catástrofe si Lula gana las elecciones, por su clara intención de aumentar el gasto público. Pero, hasta ahora, los brasileños no parecen cambiar su intención de voto ante la advertencia. Todas las encuestas sobre los resultados de una segunda vuelta electoral continúan mostrando que Lula ganaría por un margen significativo.



La turbulencia reciente puede tener nuevos aceleradores inesperados. Algunos analistas de bancos de inversión en Wall Street consultados por Dinero incluso creen que puede aumentar la oleada de sentimiento negativo si la selección nacional de fútbol brasileña no llega a las finales de la Copa del Mundo.



Ante una corrida cambiaria motivada por la incertidumbre en torno al proceso electoral, las autoridades brasileñas tienen muy pocos instrumentos de política. Por tanto, ante esta situación que continuó presentándose sin tregua en los días siguientes, el gobierno tomó una serie de medidas, como la obtención de una línea de crédito del FMI por US$10.000 millones para defender el real y cubrir faltantes de pagos de amortizaciones de deuda externa, la recompra de bonos de deuda soberana en el mercado internacional y el aumento en el encaje sobre los depósitos.



El futuro



Si bien la deuda brasileña debe ser manejable en lo que resta del año, debido a que la financiación para el 2002 está casi completa y Brasil tiene acceso a una línea de crédito del FMI, en el 2003 la situación no es tan clara. Un trabajo reciente muestra que si la economía crece por lo menos un 3,5% por año, el real reduce su ritmo de devaluación, las tasas de interés reales no aumentan más allá de su nivel actual de 9% y se mantiene un superávit fiscal primario de 3,75% del PIB, Brasil podría evitar entrar en un default como Argentina.



Pero esto no será suficiente si los inversionistas no tienen confianza en el nuevo gobierno. La turbulencia reciente señala que el mercado se está anticipando a una victoria de Lula. Por todo esto, América Latina está a la expectativa de lo que ocurra en las elecciones presidenciales del gigante de la región.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.