El coletazo financiero...

| 11/5/1999 12:00:00 AM

El coletazo financiero...

La vulnerabilidad financiera de las empresas requiere acciones de intervención económica imaginativas.

Aunque en las finanzas fiscales y externas del país el otro lado del túnel ya se ve, no puede decirse lo mismo de las finanzas de las empresas. En parte porque el crecimiento positivo y sostenido de la producción y las ventas va a demorarse hasta el año 2001: 17 meses a partir de hoy según lo esperan los presidentes en la reciente encuesta Gallup-Elite. Pero sobre todo porque la magnitud de la recesión y la crisis del mercado financiero han traído consigo una enorme destrucción de valor y de riqueza que comienza a evidenciarse en los balances. La crisis está generando un coletazo enorme en las finanzas de las empresas, que amenaza sus posibilidades de inversión e incluso su supervivencia. Además del ajuste macro, va llegando el tiempo del ajuste empresarial. La ley de intervención económica presentada al Congreso no puede ser más oportuna, así requiera su complemento con iniciativas para promover más activamente la inversión y la capitalización.



Deterioro de los balances empresariales



¿Cuál fue el impacto de la recesión, la devaluación, la restricción del crédito y las altas tasas de interés sobre el PyG de las empresas durante el 99? El análisis de las conexiones entre la evolución macro y los balances de las empresas puede hacerse con un pequeño modelo de simulación desarrollado por nuestro equipo de investigación.



El punto de partida son los estados financieros para 1998 de la "empresa típica Dinero", que es aquella que representa el promedio de las 5.000 empresas. Tuvo ventas por $16.400 millones, el 95% de ellas en el mercado interno. Tuvo costos de insumos importados de $6.300 millones, gastos administrativos y de ventas de $3.800 millones y utilidades brutas por $576 millones. Con el pago de $1.800 millones en intereses brutos, $1.556 millones de ingresos no operacionales y $251 millones de impuestos de renta y complementarios, las utilidades netas fueron prácticamente cero. Sus activos fueron de $19.800 millones, con pasivos de $6.500 millones en pesos y $3.500 millones en dólares y un patrimonio de $9.900 millones.



Si durante 1999 las empresas hubieran visto las variables previstas por el plan macro del gobierno (crecimiento de ventas al 2,0% real, devaluación del 15%, tasas de interés del 25% y crecimiento de salarios del 17%), la empresa típica Dinero habría sobreaguado con pérdidas de $170 millones y su patrimonio se habría mantenido nominalmente estable (ver segunda columna del cuadro). Pero las inesperadamente adversas condiciones macro tuvieron un impacto devastador en las empresas. Para la empresa típica, la recesión representó (ver tercera columna) menores ventas por $1.400 millones y la devaluación mayores egresos por $1.100 millones, lo cual generó una caída de $2.100 millones en la utilidad operativa y pérdidas netas por $2.150 millones. En el corto plazo, estas condiciones han generado un deterioro enorme de la liquidez, que se manifiesta en el gran crecimiento de las cuentas por pagar.



En el balance, los pasivos en dólares aumentaron $600 millones más, se liquidaron $800 millones de inversiones financieras y los activos se desvalorizaron nominalmente. Como resultado, la empresa típica destruyó patrimonio por $1.600 millones, es decir, el 20% de su capital.









El sector privado en su conjunto, después de haber pasado en blanco el año anterior, perderá durante 1999 alrededor de US$5.000 millones y su patrimonio se reducirá en casi US$4.000 millones. Los balances del segundo semestre del año que se han revelado hasta ahora confirman que el coletazo financiero resulta enorme.



Puesto que en el pasado por lo menos un 60% de los fondos para inversión provinieron de las ganancias, probablemente la generación masiva de pérdidas sea la principal explicación para la caída del 52% de la inversión privada.



De seguir estas condiciones el próximo año, el coletazo financiero puede generar un colapso en las empresas. Si las ventas reales crecen al 1,5%, la tasa de interés y la tasa de cambio real se mantienen en su nivel actual, la nómina salarial crece al 10% y el esfuerzo exportador no aumenta, la empresa típica Dinero podría perder $1.900 millones en el año 2000 (ver cuarta columna). Si los mercados de activos se mantienen paralizados y no se movilizan nuevos recursos, el capital se reduciría 50% en términos reales y las pérdidas acumuladas alcanzarían el 70% del capital, lo cual pone a nuestra empresa típica en causal de disolución. Probablemente en esto estarían pensando los empresarios del Gallup-Elite cuando al preguntarles si lo peor de la crisis financiera ya había pasado, solo el 21% lo creyó así, mientras que el 56% cree que lo peor está ocurriendo precisamente en este momento y para un 23% lo peor se vivirá en los próximos meses.



El verdadero punto de quiebre en las finanzas empresariales no está, entonces, en camino. Pero puede simularse el conjunto de condiciones que harían posible retornar a una situación de equilibrio en el PyG (quinta columna). La reducción de 5 puntos en los intereses le generarían $180 millones de utilidades y un mayor esfuerzo exportador, $200 millones más.



Estos efectos, aunque significativos, no son suficientes para reversar las pérdidas. Para ello se requiere combinar una enorme austeridad en los gastos y la reconversión financiera de deuda por capital. Si la nómina crece cero en términos nominales y se reducen los aranceles a materias primas y bienes de capital, ahorraría $1.900 millones.



Si, además, se transforman $1.900 millones de créditos actuales (en pesos o en dólares) en capital se generarían utilidades operacionales positivas y se eliminarían pérdidas netas después de intereses e impuestos. Sin pérdidas y con nuevo capital, el patrimonio crecería 40% nominal y recuperaría el valor real que tuvo antes del comienzo de la crisis.



Para el conjunto del sector privado, los pañitos de agua tibia ya no son relevantes. Para evitar el colapso financiero de las empresas reales, es necesario combinar un titánico esfuerzo de reducción de costos y aumento de productividad con un verdadero esfuerzo de reestructuración financiera y capitalización. Este último debe estar cercano a US$5.000 millones, que buena parte deberá ser provisto por inversión extranjera.
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