| 7/31/1998 12:00:00 AM

¿Desempleo al 10%?

La desocupación llegó a un nivel históricamente alto y será el principal obstáculo para el logro de la paz en Colombia. Dinero analiza cómo enfrentar el problema.

Nunca en la historia de Colombia se había registrado una tasa de desempleo urbano del 15,8%, como la que alcanzamos en junio. Las siete principales ciudades, donde habita una tercera parte de la población del país, acumularon por primera vez más de un millón de desempleados.



El número de desocupados urbanos prácticamente se dobló en los últimos cuatro años. De continuar las tendencias por otro período igual, la tasa de desempleo podría llegar al 20%, un nivel sin comparación en América Latina y uno de los más altos del mundo.



Estas cifras son alarmantes. Pero lo que inspira temor genuino es la falta de ideas para enfrentar el problema.



El gobierno saliente nunca entendió la naturaleza ni la gravedad de la crisis del empleo. Después de echarles la culpa a la politización del país y a las ganas de trabajar de las mujeres, se declaró impotente para enfrentarlo. Las centrales obreras se manifiestan contra la apertura y la privatización, pero aportan pocas ideas aplicables. Y el nuevo gobierno todavía no tiene un programa detallado para enfrentar esta catástrofe.



La clave del desempleo está en la caída de la ocupación generada por la recesión, los altos salarios y la insuficiencia educativa.



¿Qué pasó?



Según Progreso Económico y Social 1998, el reciente e influyente informe del BID, los problemas de empleo han aumentado en América Latina en los noventa. La tasa de desempleo del continente se ha incrementado en dos puntos en la década, del 9% al 11%. Pero la crisis colombiana va más allá, pues en el mismo período aumentó su desempleo en 6 puntos, al pasar del 10 al 16% entre 1990 y 1998 (gráfica 1). Y el deterioro relativo ha sido particularmente rápido en los dos últimos años.



¿Por qué el desempleo en Colombia ha aumentado tres veces más rápido que en el resto del continente? Una proporción creciente de la población en edad de trabajar se está ofreciendo activamente en el mercado (gráfica 2). La tasa de participación, en medio de fluctuaciones de corto plazo que ocultan a los desempleados y despistan a muchos analistas, ha aumentado tendencialmente, impulsada por la mayor educación de la población y la mayor vinculación laboral de la mujer.



La fuerza de trabajo urbana ha crecido en la última década al 3% anual. En medio de esta mayor oferta, la demanda ha tenido enormes fluctuaciones (gráfica 2). Entre 1985 y 1994 la economía creó más puestos que los buscados, por lo que disminuyeron el desempleo abierto y el desempleo oculto en la inactividad laboral, es decir, las personas que desearían buscar empleo, pero que no lo hacen porque creen que hay muy pocas probabilidades de conseguirlo.



Sin embargo, a partir de 1994 la ocupación ha crecido mucho menos que la fuerza de trabajo y la tasa de ocupación ha disminuido. Entre 1995 y 1996 la desaceleración del empleo coincidió con un desánimo de la población para buscar trabajo, con lo cual el desempleo se mantuvo oculto (gráfica 3). En 1997 y 1998, en cambio, los desempleados ocultos se manifestaron abiertamente en el mercado y la breve reactivación del empleo en el segundo semestre del 97 no se sostuvo, con lo cual la tasa de desempleo abierto creció más rápido que nunca.



La clave del aumento del desempleo en los últimos cuatro años está en la caída de la ocupación, más allá del "ruido" que introducen las fluctuaciones de la oferta de trabajo. La demanda de empleo se resintió por tres causas centrales. La actividad productiva urbana, en especial la industria y la construcción, creció por debajo del 3%; el desfase de la nueva tecnología y la pobre educación de los trabajadores colombianos fue en aumento; y los costos salariales aumentaron enormemente, como fruto del aumento de los salarios reales, los crecientes impuestos sobre la nómina y la revaluación del peso. La gráfica 4 muestra cómo los salarios urbanos promedio en dólares hoy son dos veces más altos que cuando comenzó la apertura.



Según las estimaciones de Dinero, del aumento de 6 puntos del desempleo en los últimos cuatro años, dos se explican por el ciclo económico, otros dos por la insuficiencia educativa y los dos restantes por los crecientes costos salariales.



¿Qué puede pasar?



De continuar las cosas como van, en los próximos cuatro años el desempleo urbano seguiría aumentando hasta acercarse al 20%. Para el gobierno Pastrana, elegido con un programa en el cual el empleo figuró como primera prioridad, un resultado así representaría el más estruendoso fracaso. Está obligado a emplearse a fondo para atacar el problema en su raíz.



La discusión sobre alternativas para la acción ya ha comenzado. Hugo López, la mayor autoridad colombiana en estos problemas, sugiere que lo mejor que puede hacer el nuevo gobierno es desarrollar una agresiva política de recursos humanos y crecimiento económico. Pero si bien la reforma y ampliación de la educación y la capacitación tendría el mayor impacto sobre el empleo y debe ser el eje de las políticas, lo cierto es que sólo puede actuar en el largo plazo.







En un horizonte más cercano, la flexibilización de los mercados de trabajo podría contribuir sustancialmente a la creación de empleo. Fedesarrollo ha encontrado que la reducción de los impuestos a la nómina y la generalización del sistema de salario integral podría generar cientos de miles de empleos. Analistas del BID estiman que la reducción de las indemnizaciones por despido, el aumento del período de prueba y la posibilidad de prórroga indefinida de los contratos a término fijo tendrían un gran impacto de demanda. Y empresarios colombianos consultados por Dinero han sugerido que la eliminación de los conceptos de unidad de empresa y despidos colectivos, así como la reducción del pago extra por dominicales y nocturnos, serían grandes incentivos al empleo.



Pero en el corto y mediano plazo, la posibilidad de reducción del desempleo depende de la habilidad para crear condiciones macroeconómicas y estructurales que aceleren el crecimiento. La pregunta clave es: ¿cómo combinar los instrumentos fiscales y cambiarios, con políticas salariales e incentivos a la inversión privada y exportaciones menores para reducir más velozmente el desempleo?



Dinero utilizó modelos de consistencia macroeconómica y de equilibrio disponibles en el país para simular seis posibles escenarios, buscando respuestas a este interrogante.



En el escenario de base continúan los desequilibrios fiscal y externo y la Junta del Banco de la República mantiene las reglas monetarias otros cuatro años. Los primeros escenarios simulan, manteniendo las reglas del Banco de la República, los efectos aislados de dos políticas: un ajuste fiscal serio (que conduzca a un déficit operacional cero desde 1999) y una devaluación nominal del 30%. Los siguientes escenarios combinan el ajuste fiscal serio con una devaluación real del 25% en cuatro años.



El cuarto escenario incluye una devaluación gradual de 5 puntos reales anuales, y el quinto una aceleración de la devaluación por 15 puntos en 1999 y 3 puntos reales en cada uno de los años subsiguientes. El escenario final combina un ajuste fiscal serio y una devaluación real del tipo de cambio con estímulos tributarios directos sobre la inversión privada y con la obtención de preferencias comerciales ampliadas en los mercados estadounidense y europeo.



Las gráficas 5 y 6 presentan los efectos sobre el balance en cuenta corriente y la dinámica conjunta de los dos principales motores del crecimiento: las exportaciones menores y la inversión privada. Las gráficas 7 y 8 presentan la dinámica de crecimiento económico y la evolución del desempleo.



Dados los objetivos monetarios del Banco de la República, la adopción de estrategias parciales ­sólo ajuste fiscal o sólo devaluación nominal­ generan resultados indeseables. El ajuste fiscal permitiría bajar rápidamente la inflación, pero el efecto sobre el crecimiento económico sería negativo, pues la inversión privada no crecería más de un punto del PIB y las exportaciones menores sólo se afectarían levemente con la mayor tasa de cambio real asociada con la reducción de la inflación.



Con austeridad fiscal, cada punto de tasa de cambio genera más de 60.000 empleos permanentes.



Como resultado, la tasa de desempleo en el 2002 alcanzaría el 20%. Por su parte, una devaluación nominal brusca, en ausencia de cambios fiscales y monetarios, lograría el ajuste externo, pero atenta contra el crecimiento de largo plazo. Las altas tasas de interés con las que el Banco de la República enfrentaría las presiones inflacionarias contraerían la inversión y aumentarían el desbalance fiscal. Por el efecto sobre los salarios reales, el desempleo en el 2002 volvería a niveles del 14%.



Pero una combinación de ajustes fiscales y tasa de cambio real permitiría realizar un programa de ajuste expansivo, incluso desde 1999. El balance externo mejoraría rápidamente, en medio de una aceleración del crecimiento económico. El espacio fiscal y la eliminación de las expectativas sobre la tasa de cambio permitirían unas tasas de interés que estimularían la inversión privada y permitirían mayor inversión pública.



Para Fabio Sánchez, jefe macro en el DNP, la macroeconomía es la clave para crecer.



La combinación del mayor crecimiento y la mayor austeridad salarial conducirían a una tasa de desempleo en el 2002 menor al 12%, aunque la inflación no descendería del 15%. Con el mayor esfuerzo cambiario a comienzos del 99, las exportaciones menores crecerían más rápidamente y el desempleo aceleraría su descenso.



La combinación de un ajuste expansivo con reformas estructurales para dinamizar las exportaciones y la inversión privada permitiría obtener crecimientos mayores al 5% desde el año 2000, estabilizando el ahorro externo alrededor del 3% del PIB y permitiendo alcanzar tasas de desempleo por debajo del 10% en el 2002.



Las perspectivas



Un ajuste macroeconómico y estructural eficaz puede tener un enorme impacto sobre el empleo en el corto y mediano plazo. No hacer nada, o hacer sólo el ajuste fiscal, tendría costos enormes sobre el empleo. Un ajuste expansivo puede ser extraordinariamente benéfico para el empleo: en condiciones de austeridad fiscal, cada punto de tasa de cambio real representa algo más de 60.000 empleos permanentes. Y la combinación de un ajuste expansivo con reformas estructurales para la promoción de las exportaciones, la inversión privada y los mercados laborales, podría crear más de dos millones de empleos en los próximos cuatro años.



Hugo López: "La clave está en recursos humanos y crecimiento económico".



Asumir esta tarea, por supuesto, no es nada fácil, pero es indispensable. Sería muy peligroso que el nuevo gobierno creyera que puede resolver los grandes problemas que enfrenta sin atreverse a asumir grandes proyectos. Lo que Andrés Pastrana debería preguntarse es esto: ¿cuál contribución al logro de la paz podría ser más importante que llevar el desempleo por debajo del 10%? ¿Y qué herencia podría ser más desastrosa para el futuro de nuestro país que entregar en el 2002 un desempleo avanzando hacia el 20%?.
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