| 12/10/2004 12:00:00 AM

Cultura, un tema delicado

La negociación de las industrias culturales en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos es compleja, por los fuertes intereses de los estadounidenses y porque están en juego las futuras políticas para promover la cultura.

"Primero, creía que el lobby más fuerte iba a ser el agrícola, hasta que conocí el farmacéutico; entonces creí que el farmacéutico iba a ser el más fuerte, hasta que conocí el lobby de Hollywood". Esa frase del jefe del equipo negociador del Tratado de Libre Comercio (TLC) de Chile con Estados Unidos al investigador Germán Rey, resume el poder de negociación de la industria cultural en Estados Unidos.

Este tema debería concentrar el esfuerzo del gobierno en lo que queda de negociación, en especial a medida que se llega a las últimas rondas, cuando las discusiones se centran en los puntos críticos.

Lo preocupante es que, hasta el momento, los diferentes sectores de la industria cultural no tienen una posición unificada. Adriana Mejía, viceministra de Cultura, explica que en las reuniones con los diferentes subsectores es evidente la ausencia de acuerdo. A partir de estas reuniones se ha buscado dar mayor coherencia a los argumentos y hacerlos pertinentes para que sea más clara su defensa en la mesa de negociación.

Por eso, los colombianos deben tener muy clara la propuesta inicial y las propuestas alternativas, para ir presentando en la mesa, a medida que avanza la negociación. Sobre todo, como lo recomiendan los libros sobre el tema, deben tener absolutamente claro cuál es el límite en el que se puede ceder en las negociaciones. En este sentido, es importante resaltar que, en realidad, hay dos procesos de discusión paralelos: una hacia afuera con el gobierno del otro país, y otra hacia adentro con el sector productivo doméstico. Con base en la segunda, se delimitan estos puntos de resistencia. Esto debe estar definido al sentarse a negociar, y hasta hoy, los colombianos no lo tienen resuelto.

Inicialmente, el gobierno propuso una reserva ambiciosa, que incluía varias áreas y una definición amplia de las industrias culturales, que contenía varios subsectores. Pero, como era de esperar, los negociadores estadounidenses no recibieron esta propuesta con agrado. Estados Unidos ha acumulado una trayectoria de reservas culturales cada vez más delimitadas, con rangos de acción más concretos; esto lo ha logrado impulsando tratados bilaterales en los que tienen mayor poder de negociación que en las instancias multilaterales como el Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, y la Organización Mundial del Comercio, OMC.



Los antecedentes

En los tratados de libre comercio, las industrias culturales tienen un tratamiento distinto. Esto se fundamenta en que las industrias culturales afectan los valores, costumbres e ideas que conforman la identidad y la riqueza cultural de las naciones. Sectores como la industria editorial, la televisión, el cine, la radio y la industria fonográfica, entre otros, son tratados de manera particular.

En la OMC, existe un acuerdo tácito de excepción cultural, que "ha permitido que los países tengan la posibilidad de restringir las ofertas de liberalización de estas industrias, dándoles margen de maniobra en las negociaciones y la posibilidad de mantener políticas públicas que en otras circunstancias no estarían de acuerdo con los principios rectores de la Organización", explica un estudio de Fedesarrollo.

Según el estudio, tres factores permiten esto: la complejidad de la discusión sobre las industrias culturales, la diversidad cultural entre los miembros y las dificultades de concertar entre más de 140 países.

En otros procesos de apertura, los países han cedido más en este tipo de industrias, sobre todo cuando enfrentan los fuertes intereses de Estados Unidos. Por ejemplo, en el Nafta (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), los deseos de Estados Unidos, México y Canadá eran muy diferentes.

Por una parte, el primero pretendía ampliar los mercados para sus industrias culturales, liberalizando el comercio cultural y fortaleciendo la protección de los derechos de propiedad intelectual. Por el contrario, Canadá, uno de los mayores importadores de bienes culturales estadounidenses, tenía como principal interés proteger sus industrias culturales. México tenía una trayectoria histórica de producción de industrias editoriales y cine, con política de subsidio, protección y promoción dirigida a estos sectores.

En el tira y afloje de las negociaciones Estados Unidos dio a Canadá un tratamiento diferente al de México. Con Canadá, mantuvo la excepción cultural, pero introdujo salvedades, como la liberalización del comercio de bienes culturales y la instauración de algunas garantías para la inversión estadounidense. Con México fortaleció la protección de los derechos de propiedad intelectual.

Sorprendentemente, como resultado de este tratado, la industria cultural mexicana llegó a un superávit de US$5 mil millones en 1998.

Aunque es el sueño del sector cultural colombiano, en los tratados bilaterales con Chile y Centroamérica, Estados Unidos demostró que la inclusión de una excepción cultural, como la de Canadá, no es posible.

Con Chile, el tratado incluye una reserva cultural bastante limitada que protege la industria cultural en dos frentes. Por una parte, los compromisos del tratado no excedieron la legislación existente en el momento de la firma. Por otra, reservaron la posibilidad de adoptar medidas futuras, como firmar acuerdos internacionales o establecer políticas de estímulo a las industrias locales, sin tener que otorgárselas a las empresas estadounidenses (lo cual viola los principios de trato nacional y nación más favorecida). En cuanto a inversión extranjera en los sectores culturales, Chile guardó reservas en la industria de impresión y editorial.

Bernardo Jaramillo, consultor en industrias culturales, quien está participando en las negociaciones desde el "cuarto de al lado" como miembro de la coalición para la diversidad cultural, explica que en el TLC con Centroamérica, la mayor parte de los países incluyó una buena parte de su legislación local; únicamente Costa Rica incluyó una reserva similar a la del acuerdo de Chile con Estados Unidos.



ESTRATEGIA LOCAL

En cuanto a las negociaciones colombianas, Jaramillo explica que el gobierno colombiano propuso una reserva parecida a la de Chile; sin embargo, "deja por fuera muchas disciplinas del capítulo de inversión y servicios (trato nacional, nación más favorecida, presencia local y requisitos de desempeño) y además tiene una redacción que puede excluir otros instrumentos de política cultural". Si no se logra determinar con cuidado lo que se quiere reservar, se puede perder la soberanía para adoptar las políticas que el gobierno estime necesarias para promover o proteger las industrias culturales. Estas podrían incluir el establecimiento de cuotas de producción local para el cine o la televisión nacional, subsidios a la producción de obras, o permitir, la inversión extranjera en medios de comunicación. Mauricio Reina, investigador de Fedesarrollo, explica que "la variedad de los temas que están sobre la mesa deja en claro que un TLC puede limitar seriamente la posibilidad del gobierno de fomentar la cultura nacional".

Por este motivo, se está buscando que la reserva cultural sea más amplia que la de Chile y Centroamérica, cubra todas las disciplinas, amplíe la definición de industrias culturales y establezca claramente que Colombia se reserva el derecho a adoptar o mantener políticas dirigidas al desarrollo de sus industrias culturales y de las actividades artísticas en el futuro. Además, debe incluir el aparato legal existente sobre industrias culturales (ley del libro, ley de televisión, ley del cine, etc.) entre las medidas disconformes -las que están en tensión con el objeto central del tratado-, en los capítulos de inversión y de servicios; y establecer en el capítulo de comercio electrónico estas mismas medidas de disconformidad.

Como es seguro que los intereses estadounidenses y los colombianos serán diferentes, los negociadores pueden pedir el cielo, pero deben tener muy claro hasta dónde están dispuestos a ceder en cada punto. De lo contrario, podrán encontrarse, en los últimos momentos de la negociación, con que no tienen ningún margen de maniobra para defender esta delicada industria.
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