| 4/1/2005 12:00:00 AM

Cuestión de método

El censo de población que empieza el 22 de mayo sigue despertando polémicas técnicas. ¿Cuáles son los argumentos? ¿Valdrá la pena esperar a que se resuelva la discusión?

Faltan pocas semanas para que el 22 de mayo comience la aplicación del censo de población y vivienda, el primero desde 1993 y una de las herramientas más importantes para determinar la estructura económica del país.

En esta ocasión, se aplicará una metodología nueva que a estas alturas todavía preocupa a muchos estadísticos profesionales. Consideran que tiene una probabilidad elevada de generar errores graves. Es tanta la intranquilidad, que recomiendan aplazar el censo. No obstante, el Dane insiste en que el programa continuará y dice que tiene controladas las posibles fuentes de problemas.

El censo es la base para la mayoría de experimentos en demografía y la referencia para estudios que van desde estimaciones de demanda, hasta cálculos de inversión empresarial. El país pagaría durante años un error serio en el censo.



El fondo del cambio

La preparación para el censo de población y vivienda comenzó hace cerca de tres años, durante los cuales se hicieron tres censos experimentales. El país estaba en mora de hacer la versión completa de este inventario, pero se había aplazado por consideraciones fiscales. Al final se apropiaron parcialmente los recursos y el Dane hizo una campaña para conseguir el dinero para financiar parte de los $174.000 millones con la empresa privada y los municipios.

Sin embargo, con la renuncia de César Caballero, el nuevo director del Dane, Ernesto Rojas, cambió la metodología del censo completamente. "La razón más importante es que el método anterior es muy antiguo, inefectivo e ineficiente", afirma Luis Páez, director del proyecto del censo. El nuevo incorporó herramientas como la toma de datos en computador, amplió el alcance del proyecto para incluir, además de población y vivienda, información sobre establecimientos comerciales, industriales, de servicios y unidades agropecuarias vinculadas con los hogares, lo mismo que para actualizar la cartografía municipal.

Pero el cambio fundamental es que no se inmoviliza la población un día. Se realizan conteos parciales en regiones distintas durante un año. No se requerirán los 1,5 millones de bachilleres que deberían aplicar la encuesta simultánea, sino grupos de 6.500 encuestadores hasta completar 35.000 en todos los censos.

Además, se recortaría el proceso de validación de información. El Dane sostiene que antes se tomaba entre 8 meses y un año, mientras que la toma de datos en computadores manuales evita errores y se puede hacer casi al momento de ingresarla.

Con todos estos cambios, en plata, el nuevo censo costaría $156.000 millones ($96.000 millones la parte de población). Pero, entonces, ¿qué tiene de malo el método de Rojas?



Temor estadístico

El principal problema, dicen los estadísticos aún hoy, está en los movimientos de población. En las migraciones estacionales de trabajadores que siguen las cosechas, desplazados por la violencia y emigración internacional. El Dane tiene respuestas pero no satisfacen a los técnicos (ver recuadro).

La otra preocupación de los técnicos son los seis meses de duración del proyecto. Les parece demasiado largo. "Originalmente, iba a ser un año. Atendiendo los comentarios técnicos, se redujo a seis meses", afirma Páez. "Antes de 1930, todos los censos se hacían con períodos extendidos", agrega.

También hay inquietudes porque la metodología no ha sido probada en ningún lugar del mundo. Naciones Unidas recomienda que cualquier innovación en los censos de población se pruebe ampliamente. Para el Dane, las pruebas son demasiado costosas. Además, la 'Fase cero', como llaman a la encuesta de los primeros seis municipios el 22 de mayo, es a la vez el arranque del proyecto y la primera prueba piloto. Se aplicará a poblaciones pequeñas -la mayor es Chocontá, con menos de 20.000 habitantes-, y habrá dos meses para analizar los resultados, explica Páez.

Les inquieta además que el nuevo método no se aplique en paralelo con el anterior, como se hizo en Francia. "La razón de la preocupación es que los técnicos (que consultó Dinero) son de la vieja escuela y les parece bien gastar $4.000 ó $5.000 millones para que una pregunta no funciona", señala Páez.

Por último, se preocupan por los tiempos de implantación. Mayo les parece demasiado pronto. Sin embargo, Páez dice que el formulario ya está completamente definido. Los computadores de mano llegarán en la segunda quincena de abril para cargarlos con las preguntas. La selección y la capacitación de cada grupo de encuestadores tomarán tres semanas. Le parece que el tiempo es apretado pero suficiente. "Algunos burócratas no están acostumbrados a que las cosas se hagan a esa velocidad", señala. En la última semana de marzo se iniciaron las pruebas del formulario en Bogotá, Leticia, Quibdó y algunas poblaciones de la Guajira. Se quiere ver cómo funcionarán las cosas en climas y ambientes difíciles.



¿Todo resuelto?

No hay censo perfecto en ninguna parte del mundo. Esa parece una ley de la profesión estadística. Siempre habrá gente sorprendida por los resultados y le colgarán -con o sin razón- pecados técnicos al proceso.

El Dane no quiere oír de aplazamientos. Sostiene que el marco censal está atrasado, que las pruebas adicionales son muy costosas y que vienen las elecciones que pueden interferir con el proceso. Tampoco de cambiar el método. "No podemos repetir un fracaso colectivo", dice refiriéndose al anterior. "Se demostró que no sirve", dice Rojas.

Sin embargo, por el bien de un buen resultado, una nueva conversación entre los técnicos y el Dane parece muy necesaria, porque es sorprendente la desinformación de los primeros sobre los planes del último. Incluso si la nueva metodología fuera impecable, a nadie le conviene que cuando salgan los resultados haya discusiones sobre la calidad técnica del censo y menos historias fundadas o infundadas sobre intereses ocultos del Dane, sobre todo, después de haber pagado $156.000 millones. El tema es tan importante, que incluso retrasar su inicio se justificaría.
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