| 7/2/1999 12:00:00 AM

"Colombia debe hacer un ajuste rápido"

Jeffrey Sachs cree que Colombia debe hacer el ajuste fiscal y permitir una devaluación lo antes posible. Entrevista exclusiva con Dinero.

Jeffrey Sachs, con sus 44 años, es el más reputado asesor de política económica en el mundo entero para países en desarrollo. Para el New York Times podría ser considerado como el mejor economista del mundo. La revista Time lo incluyó como uno de los cincuenta jóvenes más influyentes del mundo y lo catalogó como el economista más conocido.



"Cuando se está en medio de una crisis, ir despacio es una política imprudente, porque ayuda a aumentar el peligro".



A los 26 años fue nombrado profesor titular de la Universidad de Harvard, hazaña igualada por muy pocos. Hoy es el director del Harvard Institute for International Development, el más respetado e influyente "think thank" para el mundo en desarrollo. Y ha obtenido todos los premios, reconocimientos y distinciones académicas que puede lograr un economista de su edad.



Pero sus logros son aún mayores en sus experiencias prácticas de reformas en países. Su primera incursión fue en América Latina, cuando ­rompiendo el escepticismo y la tradición de fracaso estructuralista­ puso en práctica el más exitoso programa de ajuste estructural: Bolivia en los 80. Y ha estado presente en momentos críticos de reforma en Argentina y Brasil.



En el mundo, sin embargo, es más conocido por sus logros en Europa Oriental. Sachs encabezó la transición de Polonia a la democracia y al mercado, probablemente la más exitosa entre los países de la "cortina de hierro". Consiguió estabilizar las economías de Estonia y Eslovenia, y contribuyó sustancialmente al éxito inicial de Yeltsin en Rusia.



Sachs sigue muy de cerca la economía colombiana y ha llegado a sus propias conclusiones, que revela en esta entrevista exclusiva con Dinero en su oficina de Cambridge, Massachusetts.



Para Sachs, el manejo económico de los últimos años ha sido el peor de la historia moderna de Colombia y el país se encuentra al borde de una crisis económica.



El país debe enfrentar rápidamente un ajuste estructural. Un apretón fiscal y una devaluación se requieren para enfrentar los déficit fiscal y externo. Y esto debe combinarse con un esfuerzo decidido por lograr que la economía tenga competitividad internacional y que pueda obtener un crecimiento económico significativo.



Para Sachs el cambio de gobierno representa una gran oportunidad para tomar medidas tan pronto como sea posible, para limitar los costos sobre la economía y para beneficiarse de la recuperación en la segunda mitad de su mandato. Si no lo hace, el gobierno fracasará y la economía podría destruirse.



Colombia se encuentra en una difícil situación cambiaria y fiscal y además se prepara para un cambio de gobierno. ¿Hay lecciones en la experiencia internacional para un país en esta situación?

Sí, sin lugar a dudas. La primera lección es que se necesita un gobierno pulcro y ordenado, preocupado por sacar adelante las mejores políticas económicas. Colombia ha estado a la deriva por varios años.



Sachs es uno de los economistas más influyentes del mundo.

A la izquierda, Juan Luis Londoño, director de Dinero



La situación macroeconómica se ha deteriorado y el gobierno no ha tenido la legitimidad o el poder para resolver los problemas.



Colombia está obligada a ajustarse a la realidad. Los precios del petróleo y el café van hacia abajo y, a causa del manejo económico, no se han desarrollado sectores nuevos para sustituir los tradicionales.



El interés de los inversionistas extranjeros está cayendo y el país apenas sobrevive con unos intereses salvajemente altos que, aunque pueden permitir algún flujo de recursos en el corto plazo, revientan las bases de la economía en el mediano plazo.



El gobierno saliente ha dejado un legado, lamentable y probablemente, el peor en la historia moderna colombiana.



¿Cree que el manejo cambiario de corto plazo puede ser sostenido?



Colombia se encuentra hoy dentro del grupo de países emergentes cuyo manejo ha sido muy pobre. Esto es grave, porque a partir de la crisis de Asia la actitud de los inversionistas internacionales ha cambiado y ya no están dispuestos a dejar su dinero en países que les generen dudas.



Este es un cambio fundamental frente a los tres años anteriores, cuando los inversionistas internacionales estaban dispuestos a dejar su dinero en Colombia a pesar del manejo económico descuidado, del gobierno a la deriva y de la pérdida de respeto internacional.



Pero ahora, el gobierno y el banco central sólo son capaces de mantener la moneda mediante tasas de interés muy altas, que de prolongarse llevarán al país a una seria recesión. De hecho, ya hay una recesión en camino. La situación es muy vulnerable, pues depende de la política y de lo que ocurra en otros mercados mundiales: del desarrollo de la crisis de Asia, de la continuación de la caída de los precios del petróleo y el café...

La caída de los precios de los productos de exportación en las bolsas internacionales, es uno de los temas prioritarios para el nuevo gobierno.



Son muchos factores y cualquiera de ellos podría disparar una salida de capitales y un mayor aumento de tasas de interés, que conducirían a una crisis.



La experiencia de muchos países enseña que tratar de aferrarse a una tasa de cambio sobrevaluada es una estrategia perdedora. La tasa de cambio se devaluará en cualquier caso, de modo que mantenerla baja sólo castiga a la economía con un período más largo de tasas de interés altas, las cuales elevan las probabilidades y los costos de perder, pues al final la recesión será tan profunda, y las pérdidas en el sector bancario y empresarial tan altas, que el banco central no será capaz de mantenerlas. Esta estrategia puede hacer, entonces, mucho daño.



Por eso definitivamente creo en el mérito de enfrentar las realidades. Creo en la necesidad de avanzar en un ajuste estructural. La tasa de cambio tendrá que ser más flexible, lo cual en este caso equivale a dejarla devaluar. Esto trae dolor en el corto plazo. Mucha gente cree que puede evitarlo cerrando los ojos, diciendo que el consejo es equivocado y que hallarán otra forma de encontrar la luz. La mayoría de las veces, esta vana pretensión solamente ocasiona daños.



"No se debería defender heroicamente una moneda que no podrá ser defendida.



En Colombia habrá una devaluación".



Pero en Colombia el Banco de la República no quiere emprender ningún ajuste cambiario, porque el gobierno no quiere o no puede hacer un ajuste fiscal serio. ¿Debería el Emisor seguir esperando el ajuste fiscal?



A los bancos centrales les fascina estar orgullosos de sus monedas, y si el deterioro fiscal está debilitando el peso colombiano, al Banco de la República no les gustará aceptar culpas. Pero este juego del huevo y la gallina no beneficia al país. Si bien el Banco no debe ser deliberadamente inflacionario, tampoco debería defender heroicamente una moneda que no podrá ser defendida. Es probable que el banco central crea que al agregar esta presión va a acelerar el ajuste fiscal. Pero éste usualmente no es el caso, pues al aumentar las tasas de interés se dispara el costo de la deuda pública, lo cual termina por deteriorar aún más los ahorros públicos. El gobierno termina pagando más en intereses directos que lo que ahorra en otras medidas.



Esto fue exactamente lo que ocurrió en Brasil en 1997: buscando salvar una tasa de cambio sobrevaluada, aumentaron las tasas de interés dramáticamente y Cardoso ordenó un enorme ajuste fiscal. Pero los objetivos fiscales se frustraron por dos motivos. Primero, el efecto directo de las tasas de interés sobre el déficit fue enorme, de más de un punto del PIB. Y segundo, la recesión impidió que los recaudos fiscales crecieran como se requería. Todo esto los dejó en una recesión profunda y sin ninguna mejora en el frente fiscal. Estoy seguro de que el énfasis de los bancos centrales en defender a toda costa las tasas de cambio está fuera de lugar. No creo que el Banco de la República deba sentirse culpable si la tasa cambio se devalúa.



¿Usted dejaría mover la tasa de cambio antes que las medidas fiscales tengan lugar?



Claro que lo haría. Por supuesto, lo mejor sería un programa de ajuste real. Debemos esperar para ver las medidas que el nuevo gobierno pondrá en práctica, pero yo no aconsejaría hacer defensas heroicas de la tasa de cambio aumentando los intereses al 40 ó 50% anual. Si alguien trata de hacer esto más allá de unas pocas semanas, terminará haciendo un daño grande y duradero a la economía. El cambio de gobierno presenta una gran oportunidad: permite tomar acciones rápidas. Y estas acciones, sin duda, deberán contener tanto decisiones fiscales como decisiones cambiarias.



"Hay que tomar cuanto antes las decisiones más difíciles, para que más tarde en la administración haya espacio para los buenos resultados".



La tradición de Colombia ha sido el gradualismo. Aun partiendo de un déficit fiscal del 6%, los expertos colombianos que asesoraron a los candidatos presidenciales recomendaron una reducción gradual, a un ritmo de medio o un punto del PIB por año. ¿Cree usted que sea una buena estrategia?



Hay dos conceptos que no pueden ser confundidos. Una cosa es moderación y otra muy distinta es gradualismo. Colombia ­por tradición­ ha mostrado moderación en sus políticas macroeconómicas: nunca les apostó plenamente a los mercados mundiales, nunca permitió que su tasa de cambio se fuera muy lejos del equilibrio, logró evitar las crisis más profundas. Pero esta moderación es algo muy diferente del gradualismo. La moderación significa ser cuidadoso para evitar grandes errores; gradualismo es, simplemente, ir despacio.



Cuando un país ya está en medio de una crisis profunda, ir despacio no es una política de moderación. Por el contrario, es una política imprudente, porque mantiene y estimula el peligro. El país ha sido demasiado imprudente e irreflexivo en los últimos tres años, el manejo económico ha sido dañino y el manejo político ha sido supremamente maligno. Y por ello, no sorprende que Colombia está hoy más aislada que nunca. Ha perdido el respeto internacional. El equipo económico ha llevado al país al borde de una verdadera crisis.



¿Este es el momento para acelerar entonces las decisiones de ajustarse?



El nuevo gobierno tendrá que superar los errores del saliente. Tendrá que hacer un ajuste real. Al deterioro causado por la situación política y el mal manejo económico, hay que sumarles la caída de los precios de las exportaciones tradicionales y la crisis global de los mercados emergentes. Esta crisis, que comenzó en Asia, ahora se dirige a Europa Oriental, ya ha golpeado a Brasil y ahora está golpeando a Colombia. Los ajustes son indispensables.



¿Qué ha aprendido sobre los ajustes rápidos en los últimos 15 años?



He aprendido que no hacen feliz a todo el mundo. De allí no surgirá la felicidad. No creo que todo el mundo en Colombia se haya dado cuenta de la magnitud del caos en que se encuentra la economía. El gobierno Samper ha gastado buena parte de su energía tratando de esconder el caos, posponiendo el ajuste. Cuando venga el cambio, será una gran sorpresa para mucha gente. Y habrá una fuerte insatisfacción.



De mi experiencia en muchos países surge una lección muy fuerte y de gran relevancia para Colombia: si el nuevo gobierno no hace el ajuste y no toma acciones fuertes, fracasará.



La única forma de tener éxito, y estoy hablando en términos políticos, es adelantar al máximo las decisiones más difíciles, salir de ellas cuanto antes, para que más tarde en la administración haya espacio para los buenos resultados. Si el nuevo gobierno continúa tratando de esconder las deficiencias, al segundo o tercer año de la administración la economía todavía estará fallando, pero ya no tendrá más espacio político para hacer un gran cambio. Colombia se vería arrastrada a una situación económica aún peor en el siguiente gobierno, el que reciba el mando en el 2002.



Usted está recomendando más o menos lo mismo que el Fondo Monetario decía en los 80: cortar el déficit fiscal a la mitad y devaluar. ¿Es esto todo lo que hay que hacer?



Odio parecerme al FMI, porque sus economistas cometen muchos errores. Usualmente el FMI se equivoca en que sus políticas no son suficientemente creativas para llevar a una economía de nuevo hacia el crecimiento. Las preguntas son ¿cómo lograr que nuevos sectores se desarrollen?, ¿qué clase de políticas o reformas estructurales serán necesarias para inducir el crecimiento? Si olvidamos que el objetivo es hacer de Colombia una economía más competitiva, entonces todos los recortes que se hagan simplemente añadirán dolor sin crecimiento. Las posibilidades de aumentar la competitividad, por supuesto, van más allá del ajuste. Hay que ver cuál es la mejor forma de desarrollar infraestructura, mejorar el acceso a la nueva tecnología de la información, desarrollar la educación, generar nuevos sectores.



El FMI no se ocupa de estos asuntos y yo propongo ir mucho más lejos. Hay una buena analogía que se puede hacer con el FMI: uno no deja que un contador le maneje su economía. El FMI es como un contador. Son buenos para mantener la contabilidad, pero no son buenos para la estrategia. El nuevo gobierno de Colombia tendrá que ser muy bueno para la estrategia.



Para entender los elementos de largo plazo les recomiendo consultar el Estudio Mundial de Competitividad, un proyecto de Harvard con el World Economic Forum. Acabo de terminar el informe de 1998. Colombia continúa moviéndose hacia abajo en la clasificación. Entre 53 países ocupó el puesto 47, lo cual ­obviamente­ no es bueno. Bajó tres posiciones frente al año anterior.



Por supuesto, el peor desempeño está en el área institucional, que se refiere a la forma como el gobierno funciona y afecta la economía. Aquí el puntaje de Colombia es muy bajo. La comunidad empresarial percibe que el país es muy corrupto. Los jueces no son independientes. El gobierno no cumple sus compromisos. Las relaciones internacionales son muy malas. El crimen organizado es muy alto, las cortes están parcializadas y los militares no son dignos de confianza. Estas son faltas muy graves para una sociedad...



"No olviden que el verdadero objetivo es hacer de Colombia una economía competitiva.

Hoy ocupa el puesto 47 entre 53 países".



¿Colombia se está pareciendo a Rusia?



Rusia está en el puesto 52, muy cerca de Colombia. Son parte de un grupo que yo llamo "economías sin ley", en las cuales la corrupción y la falta de capacidad de las fuerzas del orden son tan altas que hay enormes dificultades para operar normalmente la economía. Infortunadamente, no es una sorpresa que Colombia aparezca en ese grupo. En términos del grado de corrupción, Colombia es el octavo peor, en cuanto a evasión de impuestos es el séptimo peor. En términos de crimen organizado, no hay duda: es el peor del mundo. En términos de seguridad personal y efectividad de las fuerzas militares, también es el peor. Es un síndrome. Otros países en el mismo grupo son Rusia, Ucrania y Suráfrica en términos de violencia, aunque no tanto en términos de corrupción.



Indonesia y Argentina sobresalen en la corrupción. Esto no es nuevo, pero muestra dónde está el país: es definitivamente el menos bueno.



"Quien piense que el petróleo va a salvar a Colombia, no ha mirado la experiencia mundial".



Hay otras dos áreas en las que yo haría énfasis: acceso a la tecnología y calidad de la infraestructura. En el primero, Colombia tiene el puesto 49 entre 53 países. La comunidad empresarial internacional percibe que las empresas colombianas no están aprovechando realmente las ventajas de la tecnología y no utilizan las nuevas tecnologías de información. Los derechos de propiedad intelectual no están protegidos, la investigación científica es muy baja y la inversión en investigación y desarrollo es escasa.



La segunda área es la calidad de la infraestructura. Colombia clasifica muy bajo en el sistema de carreteras y el manejo de puertos, energía y trenes. Son problemas extremadamente serios, pues si estas áreas no funcionan bien, Colombia no podrá ir más allá de las exportaciones tradicionales.



Como todas las economías abundantes en recursos naturales, Colombia ha creído que puede vivir de unos cuantos bienes básicos. Cualquiera que piense que el petróleo va a salvar a Colombia, no ha mirado la experiencia mundial ni ha pensado seriamente sobre ella. Arabia Saudita, que tiene 160.000 millones de barriles de petróleo en sus reservas, pasa por una crisis fiscal. Venezuela, que alguna vez fue un país rico, lleva 30 años en una espiral descendente. En promedio, los productores de petróleo lo han hecho bastante mal en sus economías en los últimos 25 años. Un país que descanse su estrategia de desarrollo sobre el petróleo o algún otro producto básico, va a encontrarse con grandes desilusiones.



Usted ha dicho que en Colombia el problema institucional está en el centro del asunto. ¿Tiene lecciones sobre reformas institucionales?



No hay recetas mágicas. Pero hay un hecho que aparece repetidamente en la evidencia: los gobiernos tienden a portarse mal. Esto puede evitarse sí y sólo sí la opinión pública y la sociedad civil disciplinan al gobierno, manteniéndolo bajo un cuidadoso examen, buscando que se comporte responsablemente.



Pero no esperen que la salvación caiga del cielo. Los verdaderos éxitos en lograr gobiernos honestos salen de las demandas de la sociedad civil, de la prensa libre, de las libertades civiles, del cambio democrático, de la protesta pública. Esta lección no es fácil, pero es lo más contundente que aparece de nuestras investigaciones. Para mantener la corrupción bajo control, se necesita un grado efectivo de libertad civil y de libertad de prensa con que hoy el país no cuenta. En Colombia esto no es un asunto fácil, porque éste es un país peligroso.



Las lecciones de la historia son claras: no se puede simplemente esperar a que el gobierno resuelva estos problemas. Los grupos de empresarios legítimamente constituidos son jugadores del todo críticos en la sociedad. Cuando ellos fortalecen la sociedad civil, cuando exigen un gobierno honesto y unas prácticas honestas en la administración de los negocios, pueden tener un enorme impacto. He visto una y otra vez que los empresarios privados, organizados en confederaciones y combinados con la prensa libre, constituyen la fuente más poderosa y duradera del cambio social. A menos que la prensa funcione libremente, que la democracia esté viva y que la comunidad empresarial esté activa, semejantes problemas nunca se resolverán.



"Colombia ha entrado en el mismo grupo de Rusia, el de las economías sin ley".



¿Cuántos años cree usted que tomará la recuperación de la economía colombiana?



La pregunta para Colombia es si puede volverse mundialmente competitiva en nuevos sectores y convertirse en un exportador de manufacturas. Esto podría ocurrir realmente rápido, pues ha mostrado en el pasado capacidad para hacerlo, ha probado ser capaz de ser un país competitivo en nuevos sectores. El giro, siempre y cuando se tomen con rapidez y firmeza las decisiones correctas, podría ocurrir en un par de años.
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