Chávez protege su patio

| 9/1/2001 12:00:00 AM

Chávez protege su patio

La decisión de restringir las importaciones es solo el principio. La caída en los ingresos petroleros y la inminente crisis cambiaria hacen prever nuevas medidas.

El 9 de agosto marcó un hito en la historia de las relaciones entre el presidente Hugo Chávez y los industriales venezolanos. Por primera vez desde cuando fue elegido, en 1998, se reunió oficialmente con ellos e invitó a Conindustria, el gremio que los agrupa, a trabajar conjuntamente con el equipo económico del gobierno para presentar una propuesta de reactivación de la economía, que debe estar lista el próximo 10 de septiembre.

¿Por qué Chávez cambió de opinión, después de tres años de diatribas contra la oligarquía? Porque, por primera vez, necesita a los empresarios. Después de haber gobernado con el margen de maniobra que le daba el petróleo al alza, la destorcida de los precios del crudo está afectando seriamente la economía venezolana. Por cuenta de la crisis, la popularidad del comandante está cayendo rápidamente. Si bien está en el 45%, una cifra que sería altísima en Colombia y en cualquier otro país de América Latina, hace apenas dos meses rondaba el 75%. Además, la influencia de los empresarios viene creciendo. Acaban de propinar un duro golpe político, al elegir por una aplastante mayoría a Pedro Carmona en la presidencia de Fedecámaras, el gremio de los gremios, en contra de Alberto Cudemos, el candidato del presidente.



Es la economía, comandante



El pasado 20 de julio, los precios de la canasta petrolera venezolana cayeron a US$19 por barril. Esta cifra está por debajo de los US$20 que fueron utilizados como supuesto para elaborar el presupuesto del año 2001 y pone de nuevo en evidencia la debilidad estructural de las finanzas públicas y su alta dependencia de los ingresos petroleros (49% de los ingresos corrientes). Se estima que una reducción de US$1 en el precio promedio del petróleo disminuye los ingresos de divisas anuales de Venezuela en 0,7% del PIB.



La fuga de capitales, que había cedido en junio, retornó con fuerza y reveló unas expectativas crecientemente negativas sobre la situación. La salida de capitales se convirtió en la gran preocupación del banco central, que reaccionó ante estos hechos expidiendo el 9 de agosto una serie de polémicas medidas, encaminadas a disminuir la liquidez de los bancos oficiales y reducir la demanda por divisas, que afectan principalmente a instituciones financieras extranjeras que tengan bonos denominados en bolívares. El banco central también reiteró su compromiso con el actual régimen de bandas cambiarias, lo cual hace pensar que en un futuro cercano posiblemente se adopten nuevos controles de capitales.



Este giro de los acontecimientos ha puesto a Chávez contra las cuerdas. El bolívar ha acumulado una sobrevaluación de entre 35% y 45%, que le crea un enorme problema de competitividad a la economía venezolana y ha fomentando un importante crecimiento de las importaciones (26% anual). Con la caída de los precios del petróleo, la moneda debería devaluarse. Sin embargo, en Venezuela todo el mundo le tiene pánico al impacto de una devaluacón abrupta sobre la inflación, tras el episodio de 1994, cuando la inflación llegó a 70,8% tras una devaluación de 43%.



De hecho, las expectativas inflacionarias, virtualmente inexistentes por el efectivo control de la inflación gracias al prudente manejo monetario y a los reducidos incrementos en los salarios (el aumento reciente del salario mínimo fue solo de 10%, para tratar de cumplir la meta inflacionaria), reaparecieron al acelerarse el ritmo de crecimiento de los precios de 1% a 1,5% en julio, en parte debido a la dinámica de la devaluación inducida por la fuga de capitales.



Salida política



En un escenario como el que enfrenta Venezuela, sería indispensable aplicar reformas estructurales que ajusten el aparato estatal e introduzcan flexibilidad a la economía, con medidas como un ajuste del precio de la gasolina y la reducción de la burocracia estatal. Sin embargo, Chávez parece haber optado por el camino clásico de sacar el extinguidor de mano para atacar las señales más visibles del incendio. Eso explica el anuncio de reducir en un 20% las importaciones venezolanas. Con una moneda tan fuerte como la actual, los estímulos para importar son infinitos y la competitividad interna se resquebraja. Pero permitir una devaluación sin hacer los ajustes estructurales, como hizo Rafael Caldera, es arriesgarse a disparar la inflación. Esa sería la muerte política de Chávez.



El tema de la devaluación es tan explosivo que ni siquiera el sector privado se atreve a mencionarlo directamente. De hecho, cuando tocan el tema, los empresarios piden mayor competitividad para la industria y sugieren llevar el bolívar al techo de la banda cambiaria. Esta es una manera bien tímida de plantear salidas para una economía que está a punto de entrar en una crisis cambiaria de mayor tamaño.



Venezuela está en una encrucijada y tiene pocas alternativas. Chávez parece haber escogido la ruta del proteccionismo. Por este camino, lo más probable es que, además, los controles cambiarios se hagan cada vez más barrocos, con prohibiciones creativas para los distintos sectores y clases de transacciones. También cabe esperar que busque dar mayor flexibilidad al arreglo cambiario actual, atando el bolívar a una canasta de monedas. Pero cualquiera que sea la decisión, estos son pañitos de agua tibia.



Por este camino, la situación va a ser cada vez más complicada. Puesto que ahora Chávez necesita a los empresarios, tendrá que negociar el cierre de la economía con ellos. Esto terminaría convirtiendo el arancel y la normativa cambiaria en una colcha de retazos destinada a proteger intereses particulares. Sin embargo, esto es algo mucho más difícil de hacer ahora que antes de la apertura, pues los intereses del sector privado venezolano están hoy fuertemente atados al comercio internacional, particularmente con Colombia. Los industriales venezolanos dependen hoy tanto de los consumidores como de los empresarios colombianos para salir adelante.



El panorama se oscurece más cuando se toman en consideración la baja calidad y la poca cohesión del equipo económico. Según una encuesta hecha entre funcionarios de alto rango de entidades multilaterales con sede en Washington en diciembre pasado, el gabinete venezolano es uno de los cinco peores de América Latina y el Caribe. Como explica Moises Naím, hasta ahora Chávez ha fallado en integrar un equipo con las habilidades y el talento necesarios para abordar los difíciles desafíos de su gobierno, y no hay evidencia de que tenga las habilidades o quiera invertir su capital político en reformas de las cuales él mismo se ha burlado. A la postre, y aunque Chávez no quiera aceptarlo, este manejo llevará a Venezuela directamente a los brazos del FMI. La historia ha demostrado que cuando una crisis cambiaria está tan a punto como la que se cocina en Venezuela en este momento, los controles son inútiles y probablemente contribuyen a acelerar la pérdida de confianza en el país.



De esta forma, Chávez enfrenta una disyuntiva: o sigue como va y permite que el país caiga en una crisis cambiaria, con lo cual perdería el apoyo popular que lo ha convertido en el presidente con el mandato popular más contundente en la historia reciente de Venezuela, o se gasta el capital político que le queda en enderezar el rumbo haciendo las reformas estructurales, ante el desastre que implicaría la alternativa. La única esperanza que le queda a Venezuela es esperar que Chávez haga esta reflexión a tiempo, y no se quede esperando a que de nuevo se aparezca el angelito de la guarda, en forma de una nueva alza de los precios del petróleo.



Los puntos para la concertación

La propuesta de los industriales, que ya fue discutida en primera instancia con el gabinete económico, tiene seis puntos:



Resolver la pérdida de competitividad.



Incentivar las compras gubernamentales de productos nacionales.



Desarrollar estímulos a las pequeñas y medianas industrias.



Controlar el contrabando.



Definir los productos a los cuales se les restringirían las importaciones.



Establecer una flexibilización laboral.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.