| 4/16/2004 12:00:00 AM

Can-Mercosur, un acuerdo ganador

La buena acogida entre los empresarios del tratado que acaba de firmarse entre las dos áreas de comercio suramericanas marca una nueva etapa en la era de las negociaciones comerciales del país.

Llegar a un acuerdo comercial entre las áreas de comercio CAN y Mercosur era un compromiso del presidente Uribe con el presidente Lula, de Brasil desde la posesión de este último en octubre de 2002. Cuando el año pasado se empezó a hablar de la posibilidad de concretar ese compromiso, pocos podían creer que efectivamente se fuera a dar, pues el tamaño de las economías con las que se negociaría y la similitud de la producción de las dos áreas comerciales hacían pensar que un acuerdo de esta naturaleza podría ser devastador para Colombia. No obstante, a finales de 2003 se firmó el acuerdo que entrará en vigencia el 1 de julio de 2004 y los negociadores que tenían plazo hasta el 31 de marzo para ponerse de acuerdo sobre diferentes temas (plazos de desgravación, normas de origen, sector automotor y productos agrícolas), lo hicieron finalmente el pasado 3 de abril.

Lo sorprendente es que una vez se anunció el resultado de la negociación, todos los sectores involucrados manifestaron su complacencia con el acuerdo y los temores que suscitaba pasaron a ser cosa del pasado. ¿Por qué el cambio tan radical frente al acuerdo?

Contrario a lo que había sucedido en las negociaciones de acuerdos anteriores, la del CAN-Mercosur se llevó a cabo con la permanente participación del sector privado. Todo lo que se acordó durante el proceso de negociación contó con el aval de este sector. Adicionalmente y, lo más importante, aunque hubo una clara apertura del país hacia una competencia muy fuerte en algunos sectores, los plazos de desgravación que se establecieron, entre 8 y 15 años, dejan tranquilos a los empresarios porque les da suficiente tiempo para prepararse. Incluso en casos como el del azúcar, que podría haber sido el más crítico, se logró un acuerdo que pospone la desgravación hasta cuando las partes estén dispuestas a negociar.

Es muy posible también que la buena acogida del acuerdo se deba a que los acuerdos de libre comercio por fin están calando entre el empresariado colombiano y que, por tanto, este sector haya decidido tener una actitud más proactiva ante un tema al cual no vale la pena oponerse.

No obstante, cualquiera que sea la razón de la euforia, vale la pena aclarar que el acuerdo que se acaba de firmar entre las áreas comerciales de Suramérica es muy diferente al TLC que Colombia negociará próximamente con Estados Unidos. Para empezar, el acuerdo CAN y Mercosur solamente da acceso preferencial a productos de los sectores agropecuario e industrial. En él, no entran temas como servicios, e-commerce, inversión, propiedad intelectual, etc., que se reservan para los acuerdos de tercera generación del tipo de los TLC que Estados Unidos ha firmado con Chile y Centroamérica y que firmará con Colombia.

De otra parte, el interés de Brasil y Argentina en el CAN-Mercosur va más allá del simple acceso al mercado de los países andinos, el cual no solo es reducido, sino pobre. La verdadera razón es el acceso al mercado de Estados Unidos, que estos dos países ganarían para sus productos, cuando Colombia firme el TLC con Estados Unidos. Es muy difícil que un país como Brasil, que es la séptima economía del mundo y el primer productor mundial de soya, algodón y otros productos en los que Estados Unidos es también muy fuerte, negocie un TLC con Estados Unidos. De hecho, la magnitud de las producciones agrícolas de estos dos países y la intransigencia de Estados Unidos frente al tema de los subsidios tienen paralizadas las negociaciones en el marco de la OMC.

La alternativa para que Brasil entre al mercado estadounidense es el ALCA, pero, al depender este acuerdo de los avances de la Ronda Doha en el seno de la OMC, la probabilidad de que se dé, al menos en el corto plazo, es bastante remota.

Desde la perspectiva de una entrada de Brasil y Argentina al mercado estadounidense, el CAN-Mercosur podría ser un catalizador de inversión de los brasileños hacia Colombia en busca de alianzas industriales que les permitan llevar sus productos al mayor mercado del mundo.

Ahora bien, el tema de los accesos quedó definido y los plazos de desgravación son suficientemente amplios para que el sector privado colombiano se prepare para enfrentar una competencia muy fuerte. Sin embargo, cualquier esfuerzo de este sector por avanzar en el desarrollo interno de sus empresas y ganar competitividad quedará cojo si al mismo tiempo no lo acompaña el desarrollo por parte del Estado de la infraestructura y las instituciones necesarias que faciliten el comercio. Se requieren buenas vías, racionalización de fletes, tarifas competitivas en los puertos, aduanas eficientes, seguridad para reducir el costo de los seguros, etc. Colombia tiene mucho qué hacer en esta materia. Basta con ver los resultados del informe anual de competitividad que aparece en la sección de Coyuntura de esta misma edición.
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