Bonanza sin previo aviso

| 10/27/2000 12:00:00 AM

Bonanza sin previo aviso

En medio de la crisis, la bonanza petrolera nos ha permitido mantener la apariencia de una economía normal. La tentación es bajar la guardia, pero no se puede caer en ella.

Al gobierno de Colombia se le apareció la Virgen con el incremento en el precio del petróleo en el año 2000. Gracias a las exportaciones del crudo, el país recibirá unos US$5.000 millones por ingresos petroleros, es decir, US$1.500 millones más de lo que esperaba. De no haber sido por estos ingresos, el dólar se habría disparado ante el fracaso de las privatizaciones y el retraso en las reformas fiscales. Hoy, en cambio, todo apunta a que cerraremos el año con una devaluación relajadamente cercana al 15%.

Ahora bien, si el gobierno gasta como lo hizo en 1999 y en lo corrido de este año, casi el 50% de los ingresos por petróleo se convertirá en gasto. La dependencia de Colombia respecto al petróleo aumentaría hasta niveles realmente peligrosos. Si el precio bajara de nuevo a un promedio de US$20 el barril, como estaba a inicios de 1999, se abriría un hueco fiscal cercano a US$2.500 millones, asumiendo que la producción de petróleo colombiano se mantenga en los niveles actuales.



Mercado mundial: ¿qué va a pasar?



El impacto de esta alza de precios del petróleo sobre la economía mundial será muy diferente en esta oportunidad frente a lo que ocurrió en los choques petroleros de los años 70. En términos reales, el precio del petróleo está lejos de los niveles alcanzados en ese entonces. Para que los precios reales de hoy fueran como aquellos, el precio spot tendría que colocarse cerca de US$78 el barril, un nivel que nadie está proyectando. Las más recientes predicciones del FMI, por ejemplo, apuntan a que el precio promediará US$26,50 el barril al finalizar este año.



Por otra parte, la economía mundial actual es mucho más grande y eficiente que hace tres décadas. El desarrollo de combustibles alternativos ha aumentado rápidamente, e incluso las grandes empresas de energéticos tienen estrategias serias de manejo de fuentes alternativas. El uso del gas natural, por ejemplo, se ha incrementado 14% desde 1989, convirtiéndose en un combustible cada vez más apetecido en actividades como la generación eléctrica y el transporte.



Por otro lado, mientras que los llamados petrodólares fueron capaces de inundar el mercado de capitales en la década del 70, revelando serias debilidades del sistema financiero internacional, hoy este último es mucho más grande y sólido. No existe una probabilidad de que este fenómeno genere inestabilidad financiera en Estados Unidos, lo que sí ocurrió en los años 70 y fue un factor que contribuyó a convertir una crisis petrolera en crisis de la economía mundial. Los árabes no podrían volver a comprar Wall Street hoy como lo hicieron entonces.



La gran pregunta es cuánto durará el período de alza. Los hechos están demostrando que si bien la OPEP ya no tiene la capacidad de desestabilizar la economía mundial, aún tiene suficiente control sobre la oferta como para elevar los precios. Se estima que casi el 65% de las reservas mundiales de petróleo está en los países miembros de esta organización. De otra parte, la modernización y el aumento de la eficiencia de la economía mundial podrían, paradójicamente, contribuir a aumentar la volatilidad del precio. Las industrias consumidoras de petróleo se han movido hacia sistemas de inventarios justo a tiempo, y esto incide en un aumento de la volatilidad de los precios frente a choques de oferta. El sistema de transporte mundial no se acomodaría rápidamente a un nuevo aumento de la oferta, cuando este se produzca. Este factor podría demorar el retorno hacia los precios bajos.



Colombia, ¿cómo va?



En los últimos años, Colombia se ha vuelto fuertemente dependiente del petróleo. Mientras que en 1980, las exportaciones de petróleo y sus derivados correspondían al 4% del total, para 1999 representan el 30% del total. Los ingresos petroleros han tenido un papel fundamental sobre el comportamiento del peso en el presente año, convirtiendo una debacle cambiaria potencial en una pequeña devaluación fácil de acomodar por parte de las empresas. Hacia el futuro, esa dependencia por el lado de los ingresos va a aumentar pues el incremento en el precio tiene el efecto de volver más atractiva la exploración y explotación de muchos pozos en Colombia, que no serían explotados si los precios fueran bajos.



De nuevo, lo vital es la dependencia de los ingresos y gastos del gobierno respecto a los precios del crudo. En este punto, el caso colombiano contrasta poderosamente con el mexicano. Este último país (que, al contrario de Colombia, es un gran productor en el mercado internacional) ha logrado beneficiarse de los ingresos del petróleo y al mismo tiempo reducir la dependencia de su estructura económica respecto al hidrocarburo. Hoy solo el 10% de sus exportaciones corresponde a petróleo. Sin embargo, México ha incrementado el gasto público en apenas 8% durante la primera mitad de este año, ha generado un superávit de US$2.500 millones y ha pagado deuda por US$2.990 millones al Fondo Monetario Internacional. Del caso mexicano, un verdadero exportador de petróleo, Colombia tiene mucho que aprender.



Finalmente, un área muy sensible en el ámbito colombiano, que suele ser olvidada, se deriva de las importaciones de gasolina. Los altos precios del petróleo han causado un incremento del precio de la gasolina del 29% en lo corrido de este año. Sin embargo, el alza habría sido mucho mayor si no existiera el subsidio interno a los combustibles, que según el Confis será de $1 billón al finalizar el año. El efecto de estos altos precios y del contrabando ha sido una importante disminución en el consumo de gasolina, que afecta a los transportadores. El incremento de precios ya ha comenzado a notarse en el índice de precios al consumidor. En lo corrido del año, los precios de transporte se han incrementado en el orden de 14% hasta septiembre, frente a un incremento de 7,74% en el IPC total. De seguir esta situación, terminará por ocurrir el temido impacto de los precios de la gasolina sobre los artículos de primera necesidad.



Dependemos de lo que pase con el petróleo. El manejo que se le ha dado a la situación fiscal colombiana nos ha traído a este punto. Remover esa dependencia nos va a costar mucho trabajo, pues la única forma de hacerlo es sostener una férrea disciplina de gasto público, justo al mismo tiempo que el país se beneficia de unas entradas de dólares superiores a las previstas. Los colombianos no hemos sido buenos en el pasado manejando situaciones así. Si en esta oportunidad no aprendemos, estaríamos dándoles un duro golpe, otro más, a las posibilidades de llevar esta economía a un crecimiento de largo plazo.



El hecho

El precio del petróleo está salvando la economía de una crisis profunda. El gobierno ha tenido recursos para financiar su gasto y el precio del dólar no se ha disparado, con todo y que las privatizaciones no dieron los resultados esperados.



¿Crisis petrolera?

La bonanza de precios no será como la de finales de los años 70, ni sus efectos económicos serán tan fuertes sobre la demanda y los precios de la economía.



El manejo

Colombia debe manejar con austeridad la actual bonanza en los precios del petróleo. Los petrodólares no deben activar más el gasto público. Países como México han optado por pagar sus deudas.
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