| 8/22/2003 12:00:00 AM

Bogotá muestra resultados

El Presupuesto Inteligente y los avances en solidez fiscal de la capital de Colombia se convierten en ejemplo para el gobierno central y el resto del país.

Israel Fainboim, secretario de Hacienda de Bogotá de la administración de Antanas Mockus, está cerrando este año su gestión con varios logros considerables, que marcan la diferencia con las demás noticias grises en el campo de las finanzas públicas del gobierno nacional central. El contraste es dramático: mientras el Distrito genera ahorro corriente en su operación, un hecho solo emulado por Medellín y a un nivel sustancialmente menor, el gobierno nacional central (GNC) lleva 9 años sin registrar ahorro corriente y se estima que su déficit llegará a -4,7% del PIB en 2003 y de -5,7% en 2004. ¿Qué pueden aprender el gobierno y los alcaldes de otras ciudades del manejo fiscal de Bogotá?

"Muchos temas en los que seguimos avanzando son útiles en momentos de desequilibrio fiscal y, de hecho, algunos han servido de punto de referencia para la hacienda pública de otros niveles de gobierno del país", comentó Fainboim a Dinero. "El presupuesto orientado a resultados, por ejemplo, que venimos aplicando desde 2000 y está en proceso de consolidación, nos permite seguir mejorando la sostenibilidad financiera del Distrito. Es un desarrollo único en su género en América Latina y el gobierno central ha mostrado interés en él dentro del proyecto de reforma que prepara sobre el proceso presupuestal de la Nación".

El presupuesto orientado a resultados permite establecer un vínculo claro entre la asignación del gasto público y las prioridades de la administración, para buscar el uso eficiente y efectivo de los recursos y fortalecer la transparencia en la rendición de cuentas. Ponerlo en marcha para el gobierno central no sería nada fácil, pues se requiere un gran esfuerzo de generación de información sobre el costo de cada bien y servicio que provee el gobierno y proyecciones de gasto a mediano plazo, trazando metas de coberturas en bienes públicos, como educación y salud. Además, habría que atacar con decisión la inflexibilidad de los rubros del presupuesto nacional, atados a más de 200 leyes, que se estima en 95%.

Sin embargo, un presupuesto orientado a resultados sería un paso en la dirección correcta para mejorar la transparencia fiscal en Colombia, propender por mejorar la productividad del gasto que realiza cada gobierno y subir el nivel de su discusión por parte de los ciudadanos. El reto de continuar avanzando en el ajuste del gobierno central y en una reforma audaz y profunda al sistema de presupuestación nacional en momentos de crisis y poco margen de maniobra es monumental. Bogotá puede ser un ejemplo para todos.



Logros fiscales

La solidez fiscal que atraviesa la ciudad es hoy indiscutible. Producto de un proceso de reducción de gastos de funcionamiento y aumento y diversificación de los ingresos permanentes, Bogotá obtuvo un superávit de casi 40% de los ingresos corrientes en 2002, cuando era de 26,2% en 2001. Entre 2001 y 2003, la ciudad ahorró cerca de $330.000 millones por la reestructuración de las entidades distritales y la aplicación del plan de austeridad. Así mismo, los ingresos tributarios de la ciudad aumentaron en $318.450 millones en 2002 por las 10 distintas gestiones adelantadas para incrementar los ingresos tributarios del distrito.

Así, Bogotá puede dedicar hoy cerca de $2,5 billones anuales a inversión y a ampliación de coberturas en educación y salud. Este buen manejo de Bogotá ha sido reconocido por la calificadora de riesgos Duff & Phelps de Colombia S.A., que el año pasado otorgó a sus emisiones de bonos internos una Triple A, un hecho sin precedentes en cuanto a bonos soberanos en Colombia.

Cabe resaltar que la política de actualización y ampliación de bases gravables le generará a la ciudad ingresos adicionales por $70.000 millones a partir de 2004. La actualización de las tablas de avalúos de vehículos y la iniciativa de las reducciones por pronto pago, que ha permitido estos resultados, vienen siendo usadas y emuladas por el resto del país.



Transparencia presupuestal

En términos estructurales, el cambio más importante es la consolidación de un presupuesto orientado a resultados en Bogotá. Este instrumento -como documento público que hace explícitos los resultados de la gestión pública- se elabora actualmente, aparte de Bogotá, solo en Australia y Nueva Zelanda. Países como Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Canadá y Dinamarca, entre otros, también han avanzado en este sentido pero en menor grado.

Este presupuesto, o Presupuesto Inteligente (PI) como lo denominó el Secretario de Hacienda de Bogotá, tiene tres componentes principales: el presupuesto en sí; un marco de gasto de mediano plazo, basado en proyecciones elaboradas por terceros, que identifica los recursos necesarios para lograr resultados públicos; y un sistema de costeo que suministra información sobre todos los recursos necesarios para proveer bienes y servicios a la ciudad.

De esta manera, el sistema abraza una línea general: aplicar prácticas comunes del sector privado al manejo de las finanzas del distrito. Así, este documento complementa la información tradicional sobre los gastos de funcionamiento e inversión, que es difícil de entender para los ciudadanos, y la integra alrededor de bienes y servicios o "productos" medibles que proveen las entidades.

El recuadro muestra el contraste entre estos dos tipos de presupuestos para el caso del Departamento Administrativo de Bienestar Social (DABS) de Bogotá para el año 2003. Se destaca que el presupuesto por resultados discrimina entre el costo de la inversión directa y el del funcionamiento de la entidad para proveer cada bien o servicio (o producto), lo cual permite conocer el costo por cupo de cada programa. Por ejemplo, la atención al ciudadano de la calle entre 22 y 59 años tiene un costo de $883.695 al año.

Por tanto, el PI permite que el Alcalde asigne responsabilidades claras y compare si el sector privado puede ofrecer el producto a un menor costo que la entidad distrital. De esta manera, las entidades tenderán a ser más eficientes al ejecutar gastos y, a futuro, tendrán menor margen para "cañar" al pedir recursos.

El Alcalde también podrá reasignar recursos de aquellas entidades que no sean buenas ejecutoras. En cuanto a la ciudadanía, el PI facilita el acceso a la información fiscal al presentar el gasto de la ciudad en torno a productos y resultados. La rendición de cuentas se facilita y, de no cumplir sus objetivos de política pública, debería servir para pedir su renuncia al cargo.

El próximo alcalde de Bogotá encontrará todo un instrumental con el que podrá simular el impacto de los programas con base en los cuales sea elegido por los habitantes de la capital. Así, si se continúa con un manejo ortodoxo de las finanzas distritales, Bogotá podrá seguir asegurando su sostenibilidad fiscal.

En cuanto a la delicada situación del gobierno central, quizá en momentos de crisis como el actual vale la pena mirar ejemplos prácticos a la vanguardia en el terreno de la presupuestación pública.
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