| 12/16/2005 12:00:00 AM

Atrincherados en el campo

La agricultura se ha transformado en el principal obstáculo para la liberalización del comercio mundial. ¿Cuáles son las razones?

"La agricultura lo es todo en cualquier negociación comercial", sentencia Peter Hakim, presidente de Interamerican Dialogue, uno de los principales centros de estudio dedicados a América Latina en Washington. La agricultura ha tenido un papel protagónico en las dificultades de Colombia para cerrar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Y el capítulo agrícola siempre es el principal escollo en cualquier intento de desmantelar las barreras del comercio mundial. En la Organización Mundial de Comercio (OMC), que aglutina a 148 naciones, la agricultura se ha transformado en el factor decisivo para cualquier avance hacia una reducción de las barreras comerciales.

El problema en la OMC se concentra en la telaraña de subvenciones y protecciones que potencias como la Unión Europea y Estados Unidos conceden a sus agricultores. Según datos de Oxfam, una organización no gubernamental, las subvenciones de esas dos economías a solo 11 productos agrícolas superan los US$13.000 millones anuales. Esas ayudas son apenas una de las herramientas que utilizan para proteger al sector. Aranceles y restricciones conforman las otras piezas claves en la batería de armas que utilizan la Unión Europea y Estados Unidos para defender sus respectivos sectores agrícolas. Como explica Eduardo Muñoz, viceministro de Comercio Exterior, "la agricultura es el sector más distorsionado en el comercio mundial". El resultado es que los productos colombianos, brasileños o de India no pueden competir en igualdad de condiciones en los mercados internacionales.

El intercambio comercial en el mundo, a pesar de los impedimentos, creció en 2004 un 9% según la OMC. Buena parte de esa escalada es el resultado de los logros de la Ronda de Uruguay, predecesora de la actual Ronda de Doha, en la cual se levantaron muchas restricciones para el comercio de mercancías y bienes industriales. Pero si el crecimiento en ese apartado superó el 10% el año pasado, el tráfico de productos agrícolas apenas arañó una subida del 3,5%.

"La reforma agrícola en la OMC está truncada y frustrada desde la década del 90", dice Muñoz. "Le llegó la hora", avisa. Incluso así, las propuestas que están sobre la mesa son poco ambiciosas. Muñoz asegura que para avanzar es necesario presentar propuestas realistas que la Unión Europea y Estados Unidos puedan aceptar. El obstáculo no es falta de voluntad política, sino más bien que tienen las manos atadas a la hora de hacer concesiones. El sector agrícola tiene aprisionada la capacidad de maniobra de los negociadores estadounidenses y europeos.

El poder de ese sector se debe a lo que algunos expertos califican como la multifuncionalidad de la agricultura. "La agricultura rebasa lo agrícola", dice Javier Díaz, presidente de Analdex. Juega un papel crucial en la vida social de cualquier país y es un foco de sentimiento patriótico. "Ningún francés quiere ir a la campiña francesa y verla desierta", explica. En Estados Unidos o Europa, la población que trabaja directamente en el campo es reducida, pero la fuerza política y electoral que esgrime le permiten tener una incidencia directa en las estrategias de comercio exterior de sus respectivos gobiernos.

Tanto en Europa como en Estados Unidos, se trata de un sector altamente organizado, que canaliza con eficiencia sus aportes económicos a las distintas campañas electorales. Y aunque la producción agrícola de la Unión Europea o Estados Unidos no es competitiva, ninguno de los dos está dispuesto a depender del extranjero para asegurar la alimentación de sus habitantes. "Es una política de seguridad alimentaria. Se trata de una cuestión fundamental para entender por qué los subsidios y las protecciones son tan altas", señala Hakim, de Interamerican Dialogue. El contrapeso, sin embargo, es la definición que otros expertos manejan de la seguridad alimentaria. Ese concepto más bien garantiza el acceso de sus consumidores a alimentos a precios más baratos, algo que se alcanzaría borrando los subsidios y los aranceles al comercio agrícola.

A paso lento Con estas dificultades sobre la mesa, la OMC avanza a cuentagotas hacia la liberalización del comercio internacional de productos agrícolas. Los 148 miembros de la organización tendrán que verse las caras a mediados de diciembre en Hong Kong, cuando se celebre una cumbre ministerial. La meta es avanzar en la agenda de la Ronda de Doha, que arrancó a finales de 2001. El objetivo de esas negociaciones, por lo menos en los discursos oficiales, ha sido utilizar las reformas comerciales para impulsar el desarrollo de las economías emergentes. No obstante, esas intenciones están lejos de cumplirse y un fracaso en Hong Kong podría suponer un durísimo golpe para la ronda.

Para reducir las distorsiones que sufren los productos agrícolas en los mercados internacionales, la hoja de ruta señala una reducción drástica (entre el 50% y 70%) de las subvenciones a las exportaciones que utilizan Estados Unidos y la Unión Europea. Además, las conversaciones en la OMC intentan progresar en el desmantelamiento de las ayudas directas que reciben los agricultores de ambas potencias. La tercera pata, y quizá la más complicada, es la de acceso a los mercados, que supone desbaratar los aranceles y cuotas que evitan la entrada de productos del extranjero.

Colombia, por su parte, está dentro del grupo Cairns en la OMC, junto con países como Argentina, Costa Rica e Indonesia. A diferencia del notorio G-20, liderado por Brasil e India, el grupo Cairns intenta realizar propuestas pragmáticas que sean aceptables por la Unión Europea y Estados Unidos, dice Muñoz. Para Colombia, la OMC supone una pieza complementaria del TLC con Estados Unidos. "Los avances en la OMC son muy importantes, pero los efectos se ven más a largo plazo. Con el TLC el impacto sería inmediato", concluye Muñoz.

De superarse los retos, los beneficios para la economía mundial de un avance tangible serían gigantescos. Cifras del Banco Mundial apuntan a que una liberalización del comercio supondría unos US$350.000 millones adicionales para la economía de los países emergentes en 2015. La agricultura es el atasco y, a la vez, la solución para que esa cifra se vuelva una realidad.
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