"Apuntarles a los proble mas que sí son"

| 4/27/2001 12:00:00 AM

"Apuntarles a los proble mas que sí son"

James Heckman, el actual premio Nobel de Economía, habló con Dinero sobre el desempleo en Colombia y cómo hacer para cambiar la tendencia. Entrevista exclusiva.

James Heckman es el primer premio Nobel de Economía que visita Colombia durante el año de su reinado. En el pasado ya nos habían visitado Wassily Leontief (el Nobel de 1973) y Douglas North (el de 1993). Pero es que Heckman obtuvo el más alto reconocimiento que el mundo académico hace a un economista apenas el pasado 11 de diciembre. Y nos visitó 4 meses después.

Dinero habló en exclusiva con el premio Nobel, quien analizó el problema laboral en Colombia, sus causas y los caminos por seguir. Para Heckman, la legislación laboral colombiana es una de las más gravosas, con unos impuestos sobre la nómina exagerados y con el salario mínimo en dólares más alto del continente. Convencido de que a menores impuestos a la nómina, mayor generación de empleo, el Nobel aconseja pensar en el largo plazo, eliminar las regulaciones que distorsionan el mercado laboral, impulsar la creación de empresas e invertir en educación, en especial en la infantil.



Heckman es profesor titular de la Universidad de Chicago desde 1973, donde también es el director de Evaluación de Programas sSociales de la Escuela Harris de Política Pública. El premio Nobel que obtuvo se debió a su contribución al análisis econométrico del llamado "sesgo de selección". La idea intuitiva es simple: cuando una muestra no representa aleatoriamente a una población, las inferencias ingenuas tienen enormes sesgos. Pero si se identifican y corrigen los sesgos de la muestra que no podían ser observados por el investigador, las inferencias recobran todo su valor. La principal contribución de Heckman fue precisamente diseñar un algoritmo para corregir los efectos de los sesgos de selección de las muestras y mejorar la calidad de las inferencias. Ese algoritmo, o método de Heckman, hoy es una herramienta en los paquetes estadísticos SAS, SPSS, RAS que se estudian en las universidades.



Sin embargo, Heckman ha usado la econometría apenas como un instrumento para evaluar el impacto de programas sociales sobre la economía y la sociedad. Su trabajo se ha centrado en analizar este impacto con metodologías para medir los efectos de los programas. Ha investigado áreas como la educación, el entrenamiento laboral público y privado, la legislación de salario mínimo, el sindicalismo en los países en desarrollo, el trabajo y la remuneración de las mujeres, los efectos del cuidado de los niños, las leyes contra la discriminación, los derechos civiles, el efecto de la política tributaria sobre la educación y la capacitación. Para pensar estos problemas, ha formulado y estimado modelos de equilibrio general.



El Nobel ocurrió justo después de que Heckman aceptó la invitación del Banco de la República. Su mujer casi entró en pánico y los colegas de la universidad consideraron irracional su viaje, pero el premio Nobel honró su compromiso y vino a Colombia a participar en el Seminario del Banco de la República, y a interactuar con sus autoridades y académicos.



¿Qué puede decir un hombre de su trayectoria académica sobre el problema del desempleo en Colombia?



Lo importante son los datos y un buen análisis de ellos. Muchas de las teorías sobre el mercado de trabajo son ambiguas. La teoría puede decir cualquier cosa, pero lo crucial es el análisis cuidadoso de los datos.



¿Y qué puede decir, entonces, sobre nuestros datos?



Colombia ha registrado en la última década un desplazamiento de los precios relativos entre el capital y el trabajo, igual que en otras partes del planeta. Con la globalización, el precio del capital se ha hecho más barato; pero el precio del trabajo, especialmente del calificado, no. Se ha generado sustitución en contra del trabajo, y un sesgo a favor del trabajo calificado, con gran impacto en las generaciones más jóvenes.



El cambio en los precios ha generado desempleo en Colombia por la regulación de los mercados laborales. Esa regulación, hecha con las mejores intenciones, pero también bajo la influencia de los que se benefician (los insiders), ha terminado por provocar efectos inesperados. La regulación de la protección laboral genera enormes efectos negativos sobre la eficiencia. Como en casi todos los países de América Latina, los intentos por lograr seguridad laboral han creado mercados que se ajustan muy poco ante los choques que enfrenta la economía. En el caso colombiano, los costos de despido, el salario mínimo y los impuestos a la nómina han terminado por producir mucho desempleo.



La legislación colombiana no parece tan restrictiva cuando se la compara con el resto de países de América Latina.



Colombia tiene hoy uno de los salarios mínimos en dólares más altos del continente y, sin duda, el salario mínimo más alto en relación con los salarios medios. Es decir, es el país donde la legislación laboral más talla. Igual que los impuestos sobre la nómina, que son verdaderamente altos para esta época de globalización. ¿Quién paga los impuestos a la nómina? En economías cerradas, esos costos se trasladaban a los consumidores. Pero no en economías competitivas, donde el que cae es el empleo. ¡La elasticidad de la demanda laboral a los costos salariales es una ley universal, que también es válida en Colombia!!! La experiencia internacional es muy relevante: reducir las regulaciones genera mucho empleo. Y reducir los impuestos a la nómina muchísimo más. Sobre la regulación laboral, creo que más que con Latinoamérica, ustedes deben compararse con los países que verdaderamente están compitiendo en los mercados internacionales.



El mundo político discute sobre la relevancia de la reducción de jornadas de trabajo, al estilo francés. ¿Qué opina?



Los cambios a la jornada laboral son un instrumento muy defectuoso, un pésimo instrumento. No son una buena idea. También tengo muchas dudas sobre los programas activos laborales, como los de obras públicas y de entrenamiento. Creo que son muy románticos. Reducen temporalmente el desempleo, pero tienen efectos muy débiles sobre el empleo. Para decirlo en forma franca: solo difieren los problemas, no los resuelven.



Las investigaciones que han realizado economistas colombianos como Adriana Kugler o Jairo Núñez deben ser tomadas con más seriedad. Adriana encontró cuán grandes habían sido los efectos de la pequeña desregulación laboral que hizo el país en 1990. Y Núñez cuantificó cuán pequeño era el impacto de los cursos del SENA sobre la posibilidad de obtener empleo o ingresos para los colombianos.



Entonces, ¿cuál sería su recomendación?



Piensen en soluciones de largo plazo. Es importante separar las ideas de corto y de largo plazo. Piensen más allá de la inmediatez. En el corto plazo, eliminen las regulaciones distorsionantes sobre el mercado laboral. Tengan en cuenta que la demanda por calificaciones está cambiando y también el precio relativo del capital. Cambien los fundamentos para la creación de empleo: muévanse más allá de las abstracciones. Ustedes necesitan flexibilidad, aunque ello no beneficie a quienes siempre se han beneficiado. Facilitar la creación de negocios es muy bueno para crear empleo. Pero, sobre todo, hagan énfasis en el largo plazo, con políticas serias de educación y entrenamiento distintas al SENA. Mejor que entrenamiento con visión de corto plazo, es darle soporte a la educación con criterios de largo plazo. En el largo plazo, la clave es la educación.



Sus investigaciones recientes son casi todas sobre educación. ¿Cuáles de sus resultados cree que sean relevantes para Colombia?



La política más eficaz de largo plazo son las intervenciones sobre los niños. Toda la evidencia apunta al gran valor de largo plazo de elevar el nivel de calificación y de motivación de los muy jóvenes. La eficiencia económica se impulsa invirtiendo en ellos. Insisto en la motivación de los niños y en la estimulación cognoscitiva. El aprendizaje temprano promueve aprendizaje posterior. Las inversiones en la educación y entrenamiento de los niños tienen unos retornos muchísimo más altos que las inversiones sobre los jóvenes o los mayores. Los logros de Colombia de los años 60, cuando tuvo una expansión de educación básica más alta que ningún país latinoamericano, son dignos de emular.



Con los trabajadores mayores, los problemas son más complicados. Las personas no son muy maleables después de sus 20. Las políticas para aumentar sus destrezas ayudan, pero son muy costosas frente a los beneficios. Eso es cierto para los jóvenes no calificados, pero más aún para los adultos. Los retornos económicos a la educación y entrenamiento de ellos son tan bajos que una política más útil sería subsidiar su empleo. Estos subsidios son una alternativa más interesante que la asistencia social: promueven el empleo, los integran a la economía y les proveen a ellos, a sus comunidades y a sus hijos, con la dignidad y el reconocimiento social del trabajo. Los subsidios al empleo se justifican, especialmente si el trabajo mejora el comportamiento social.



Pero usted como profesor de Economía de Chicago debe ser ideológicamente refractario a las políticas intervencionistas de Estado...



Ciertamente, he encontrado que los egresados de Chicago tienen una pésima reputación en toda América Latina. Esa imagen me preocupa y puede tener qué ver con los pocos colombianos que aplican a nuestros programas. Pero creo que exageran sobre nuestra orientación de política. El trabajo intelectual del cual me siento más orgulloso fue el que hice sobre el impacto de los derechos civiles en Carolina del Norte en los años 60. En aquella época, las poblaciones negras tuvieron grandes ganancias en sus indicadores económicos, sus salarios, su empleo. Y cuando busqué rigurosamente el impacto de los usuales argumentos del lado de la oferta, como el progreso en educación o la emigración hacia el norte, encontré que su impacto empírico era menor. Y que la principal responsable de la mejora en calidad de vida de esas poblaciones marginadas fue la intervención del gobierno para evitar la discriminación en el empleo.



Entonces, no es que la política social no tenga impacto. Lo que mi vida de investigador sugiere es que el diseño de la política social tiene que apuntar a los problemas que sí son, y utilizar los instrumentos de mayor poder entre ellos. De otra forma, el desperdicio de recursos y las frustraciones de la población son muy grandes.
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