| 8/20/2004 12:00:00 AM

Apertura mental

El TLC le plantea nuevos desafíos al sector educativo, obligándolo a mirarse a sí mismo y reafirmando la necesidad de las transformaciones que está adelantando.

Lo primero que se debe hacer para que la economía colombiana sea más próspera, justa y segura, es convencernos de que "la riqueza del país no son los dos mares, las esmeraldas, el oro, el petróleo y el café. Esas bien pueden ser dotaciones de un país pobre. La riqueza está en la cabeza de los hombres y mujeres, y no más que allí. Los recursos naturales fluyen hacia aquellas cabezas que mejor los usan y pueden pagar más por ellos. Por eso, el petróleo venezolano fluye hacia los autos estadounidenses, el café colombiano hacia las cafeteras alemanas y el acero brasileño hacia los astilleros coreanos. Volvernos más ricos es volvernos más inteligentes, más tecnológicos y más laboriosos, más que encontrar otro Cusiana", afirma Juan Carlos Echeverry, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes.

Desde esta perspectiva, el sector educativo juega un papel fundamental para sacar a Colombia de la pobreza. Solo si se logra la "apropiación masiva de conocimiento", el país podrá lograr sus metas; "hay demasiada gente que no sabe hacer nada, y demasiada gente que lo que sabe hacer no tiene nada qué ver con lo que va a pasar en el futuro", afirma Darío Montoya, director del Servicio Nacional de Aprendizaje, Sena. La educación es uno de los elementos más importantes en el desarrollo del país y su evolución es crítica considerando que Colombia está volcando su horizonte de producción hacia los mercados extranjeros. Desde comienzos de la década del 90, cuando se empezó a dar la apertura, se ha visto un aumento en la necesidad de mano de obra calificada. El Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos refuerza esta tendencia y le plantea nuevos retos al sector educativo.

Irlanda utilizó los recursos de cooperación que recibió al unirse a la Unión Europea para invertir en formación técnica, lo que aseguró que su masa obrera estuviera bien preparada y pudiera realizar el trabajo que las empresas estadounidenses y japonesas querían llevar a cabo, como afirma John Bruton, ex primer ministro de Irlanda. Esto permitió que fuertes sumas de inversión extranjera se ubicaran en Irlanda, fomentando en gran medida el impresionante crecimiento económico del que ha gozado esta nación durante la última década. Lo mismo se debe hacer en Colombia.

Los retos del TLC se perciben con mayor intensidad en dos áreas del sistema educativo: la primera es la educación técnica, es decir, la educación de mano de obra calificada en labores prácticas; y la segunda es la educación superior (universidades). La primera presenta el reto de preparar rápidamente a los trabajadores colombianos para lograr una mejor transición del sector productivo a las nuevas oportunidades y reglas del juego establecidas por los tratados; la segunda presenta retos por su apertura frente a niveles mayores de interacción con las universidades extranjeras, tanto por la competencia con ellas, como por la posibilidad de establecer aventuras conjuntas, o intercambios de estudiantes y docentes.

El TLC hace inminente la necesidad de los cambios que se venían adelantando en el sector; en materia de educación técnica, el documento Conpes 81 (ver recuadro) presenta un marco institucional para el Sistema de Formación para el Trabajo, que se viene consolidando como una forma para generar eficiencia. En cuanto a la educación superior, Jorge Hernán Cárdenas, director ejecutivo de la Fundación Corona, sugiere que Colombia necesita enriquecer la oferta de servicios siempre y cuando haya mecanismos claros de aseguramiento de la calidad. Si se reúnen las condiciones necesarias para cumplir este compromiso, la entrada de actores internacionales puede tener un efecto positivo en Colombia. Las instituciones educativas estadounidenses que pretendan entrar a Colombia aprovechando el TLC deben cumplir los sistemas de acreditación y garantía de la calidad de la educación que se vienen implementando. "Hoy no es posible crear un programa que no cumpla las normas establecidas de calidad, tanto para universidades nacionales, como extranjeras" explica Javier Botero Álvarez, viceministro de Educación.

En cuanto a la negociación, Colombia está incluyendo la educación pública en el Anexo II, donde se colocan todos los sectores o subsectores que no se van a negociar. De manera que solo se pueden esperar cambios en la educación privada, la cual ya está muy abierta al comercio internacional de servicios. Botero aclara que hay un punto fundamental de conflicto: en Colombia, la educación debe ser prestada por entidades sin ánimo de lucro. Con respecto a este punto, no se espera que Colombia deba ceder en la negociación pues, como indica Botero, hasta el momento en ningún TLC Estados Unidos ha logrado impulsar cambios de este tipo.
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