| 6/18/1999 12:00:00 AM

Apenas raspando

El equipo económico se rajó en su primer año, con honrosas excepciones. Es hora de un replanteamiento a fondo.

La economía colombiana pasa hoy por su peor momento en 50 años. El gobierno del presidente Andrés Pastrana ciertamente heredó una situación pésima, pero ya ha pasado un año. Es tiempo suficiente para ver un cambio y para hacer una evaluación de la gestión del equipo económico. Con el legado de problemas que recibieron, con tan poca plata y con tantas negociaciones en el Congreso, ¿cómo se han desempeñado los ministros?



Para que un ministro sea bueno, tiene que calificar bien en tres áreas. Primero, debe tener visión de país y entender muy claramente cómo se inserta el área a su cargo en esa visión de país. En consecuencia, debe ser un excelente estratega, para superar los inevitables obstáculos que va a encontrar en el camino.



Segundo, un buen ministro debe tener capacidad de gestión. La visión no basta: hay que comunicarla al equipo, a los grupos de interés, al Congreso y a la opinión pública. Tampoco basta ser buen estratega, pues debe ser un excelente gerente y articulador de equipos de trabajo en el día a día. Además, debe ser un negociador sobresaliente y un político astuto.



Por último, un buen ministro debe superar la prueba definitiva: tiene que mostrar resultados. Una persona puede hacer la tarea con todo juicio y, sin embargo, ver que el logro de sus metas se frustra por causas fuera de su control. O puede ser mediocre y verse acompañado por la buena suerte. En cualquier caso, la regla es inevitable. Sin resultados, no hay gestión y tampoco hay buenos ministros.



A partir de estos criterios, Dinero estableció un sistema para evaluar a los ministros (ver cuadro). Utilizamos tres dimensiones (las ideas, la capacidad y los resultados) y evaluamos 8 variables esenciales. En este ejercicio de evaluación, tuvimos en cuenta los compromisos públicos del gobierno en este primer año, enviamos a cada uno de los ministros un cuestionario sobre sus metas y resultados, y consultamos sistemáticamente a empresarios, analistas, miembros del staff de cada ministerio y gente conocedora en cada sector.



En términos de resultados del equipo, sobre un puntaje máximo de 10, su visión alcanza una calificación de 5,5, su capacidad ejecutoria alcanza 4,8 y sus resultados 3,4, lo que da un promedio de 4,7. Nada satisfactorio.



La evaluación indica que la gestión de los ministros ha resultado muy distinta en las diferentes grandes áreas de acción del Estado. Sobresalen los resultados, la capacidad y la visión de los ministerios de infraestructura (Minas y Energía, Comunicaciones y Transporte); resulta muy deficiente la evaluación de los ministerios del área social (Salud, Trabajo y Educación); y el desempeño es malo en el área macro (Hacienda y Planeación) y en el área empresarial (compuesta por Agricultura, Desarrollo y Comercio, aunque este último ministerio sobresale en su gestión individual).



Las virtudes del equipo han resultado dispares. La capacidad de comunicación y de tener ideas buenas supera con mucho la coordinación de los distintos ministros, la organización del trabajo y el logro de resultados.



Este insatisfactorio desempeño para el conjunto del equipo económico y social proviene de la combinación de resultados de gestión muy dispares entre ministros durante su primer año en las ocho dimensiones evaluadas (ver cuadro). Entre los 11 ministros evaluados (se incluyó Planeación pero no se incluyeron Medio Ambiente, Cultura, Justicia, Relaciones Exteriores, Defensa e Interior), solamente 3 pasan con notas sobresalientes, uno pasa raspando, tres se rajan y los cuatro restantes obtienen notas lamentables. El cuadro sintetiza los principales logros y equivocaciones de cada ministro en su primer año, así como lo que podría suceder en cada caso en el segundo año de gobierno.



Sin la menor duda, el mejor del gabinete de la administración Pastrana durante su primer año fue Luis Carlos Valenzuela, responsable de Minas y Energía. Ha resultado ser un ministro con gran visión de su campo, dotado de una audacia enorme para enfrentar los más difíciles problemas con instrumentos nuevos y ha sido capaz de mostrar resultados concretos en tan corto período. Las innovaciones en materia petrolera generadas por la nueva ley de regalías y los contratos de asociación que se concretarán en las próximas semanas cambian notablemente el panorama petrolero del país. La reorientación de Ecopetrol, con la colaboración activa de la USO y la anuencia de la guerrilla, es notable. La consolidación del sector eléctrico bajo un sistema privado y las nuevas condiciones para la exportación de carbón son logros notables.



Le siguen muy de cerca las ministras de Comercio Exterior y Comunicaciones, con calificaciones cercanas a 8 sobre 10. Martha Lucía Ramírez ha puesto en marcha una arremetida de diplomacia económica y comercial como no la tenía el país hace muchos años, y su propuesta de duplicar las exportaciones ha ganado espacio y credibilidad entre los empresarios y el resto del gobierno. Claudia de Francisco, quien mantiene una presencia pública de muy bajo perfil, ha resultado ser al mismo tiempo la ejecutiva y la política más hábil de todo el gabinete, y ha preparado el espacio para un gran desempeño en los próximos doce meses.



Mauricio Cárdenas, el ministro de Transporte, alcanza una calificación de 6 sobre 10. Su visión, entusiasmo y prestigio se ven contrarrestados por una inesperada capacidad para meterse en líos y conflictos, que han impedido ver logros concretos apreciables en su primer año.



La mayor distancia frente a las expectativas de desempeño está en los dos ministros responsables del manejo global de la economía, en Hacienda y Planeación. Pese a su total compromiso y su enorme capacidad de trabajo, Juan Camilo Restrepo y Jaime Ruiz no han logrado poner en marcha una estrategia de corto y largo plazo que rompa con las tendencias depresivas que, al cabo del primer año de gobierno, hoy registra el país. Impulsaron una estrategia de ajuste gradual que hoy resulta claramente superada por la dinámica de los acontecimientos, y no han logrado controlar el desequilibrio fiscal y financiero que está en el centro del problema. No han podido construir una visión de largo plazo para los empresarios ni han emprendido las verdaderas reformas estructurales que necesitamos.



El desempeño más insatisfactorio es el de los ministros de Educación, Salud y Trabajo, quienes no han logrado construir una visión coherente de la acción del Estado en estos difíciles momentos, muestran una increíble debilidad en la gestión y, lamentablemente, no tienen ningún resultado rescatable al cabo de un año de gobierno. Lo mismo puede decirse de los ministros de Desarrollo y Agricultura, que tampoco han podido tomar por los cachos sus problemas sectoriales.



Un año menos



Ahora que el gobierno está próximo a una reorganización de ministros (antes del 29 de junio) y de ministerios (antes del 20 de julio), resulta esencial que el Presidente emprenda una evaluación objetiva del desempeño de sus ministros durante el primer año. Ministros de tanta calidad como los de Minas, Comercio Exterior o Comunicaciones están en camino de lograr verdaderas revoluciones en sus respectivos sectores y, por tanto, necesitan continuidad durante los cuatro años de gobierno. Ministros con tanta capacidad intelectual pero tan poca experiencia previa en sus sectores como Transporte y Educación podrían contar con un año adicional para mostrar resultados concretos para el gobierno y para el país.



Hacienda y Planeación requieren, por el contrario, nuevas caras pues -de seguir como vamos- la economía y el desempleo se van a salir de las manos, impidiendo condiciones económicas y sociales que hagan viable un proceso hacia la paz que tanto quieren el país y el Presidente Pastrana.



Ninguno de los restantes cinco ministros merece estar un día más en sus ministerios. Los problemas de Colombia son demasiado difíciles como para que el presidente Pastrana se dé el lujo de no contar con un verdadero gabinete de primera clase en su segundo año de gobierno.



En conjunto, es evidente que el gobierno necesita una mejor capacidad de coordinación de los ministros en el área económica y social. Durante el primer año han sido demasiadas las ruedas sueltas. Los nuevos ministros de Hacienda y Planeación tienen que resultar unos verdaderos coordinadores del resto de ministros. Y la Presidencia de la República debe convertirse en un aglutinante de las tareas que requiere el país para salir de esta crisis. Personajes de la talla de Jaime Ruiz, Luis Alberto Moreno o Alberto Casas en la Secretaría General de Presidencia podrían cambiar la desordenada dinámica del gobierno en materia económica y social durante su primer año.
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